Trump tiene mucha prisa de terminar el conflicto en Medio Oriente, aunque no lo parezca

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Mientras las negociaciones de paz permanecen estancadas entre Irán y Estados Unidos, las tensiones en el estrecho de Ormuz continúan en aumento. El presidente Donald Trump afirmó que la vía marítima por la que transita cerca del 20% del suministro mundial de petróleo está “herméticamente sellada” y ordenó destruir cualquier embarcación que intente minarla. Por su parte, Teherán se atribuye el control de la zona al exigir permisos para el ingreso y salida de cualquier buque que busque llegar al golfo Pérsico a través del estrecho.

Aunque el precio del petróleo volvió a situarse por encima de los 100 dólares por barril, Trump sostiene que no tiene prisa por firmar un acuerdo y que solo lo hará cuando las condiciones favorezcan a su país. Esta postura parece contar con cierto respaldo de los mercados estadounidenses, que, pese a la volatilidad en los valores energéticos, han mantenido estabilidad, incluso con algunos indicadores al alza.


Medio Oriente Ormuz

Frente al conflicto en Medio Oriente, «el dinero está perdiendo capacidad de compra todos los días, con una inflación que parece fuera de control”, advierte Roberto Aguilar, analista económico.


Priscila Robledo, economista jefe en Fintual, explica que estas aparentes contradicciones responden a los efectos diferenciados que el conflicto está generando en las economías globales. Esta situación ha llevado a los mercados a interpretar las tensiones geopolíticas como un episodio temporal, lo que Trump aprovecha como herramienta de negociación, aunque sigue enfrentando presión para resolver la crisis con rapidez si pretende conservar el mando político en Estados Unidos.

En entrevista con WIRED en Español, la especialista señaló que la aprobación presidencial y el comportamiento de los mercados son indicadores clave para anticipar el posible desarrollo del conflicto militar. Explicó que existe una relación directa entre ambos factores y la toma de decisiones políticas. “Si estuviéramos viendo una caída de 10% en los mercados, el conflicto ya habría terminado”, sostuvo, al destacar que el desempeño bursátil influye en la urgencia no explícita del gobierno por resolver la crisis.

Esta premisa se vincula con la relevancia de las próximas elecciones intermedias en Estados Unidos. Robledo afirma que el desempeño económico, especialmente en términos de precios energéticos, puede incidir directamente en los niveles de aprobación presidencial. “Trump tiene mucha presión para que le vaya bien, porque si pierde las cámaras hay riesgo de impeachment”, advirtió.

A diferencia de lo que ocurre en otras economías, la sensibilidad del electorado estadounidense a los mercados es particularmente alta. La economista recuerda que “gran parte del ahorro para el retiro en Estados Unidos está invertido en la bolsa”, lo que refuerza la conexión entre desempeño financiero y presión política. En ese sentido, la ausencia de caídas significativas en los mercados podría estar otorgando al gobierno un margen temporal de maniobra para prolongar las negociaciones, aunque no elimina la presión de fondo para alcanzar una resolución.

A ello se suma la rapidez con la que el alza en los precios de los derivados del petróleo se refleja en la economía de los estadounidenses, algo que, según la especialista, ocurre de forma directa y casi inmediata. En este sentido, Robledo afirma que “al estadounidense no le interesa el tema ni si su país se involucra o no en el conflicto. No le interesa saber cuánto uranio enriquecido tenía Irán. Pero sí le interesa el precio que paga por la gasolina”, lo que impacta casi de manera instantánea en la percepción pública.

Aunque se han registrado intentos por reducir la tensión, la falta de avances diplomáticos claros mantiene la incertidumbre. No obstante, Robledo estima que el conflicto no tendría por qué prolongarse: “el mercado sigue pensando que esto es temporal. Nosotros coincidimos”.

Un factor que contribuye a la resiliencia del mercado estadounidense es el dinamismo del sector tecnológico, impulsado por la inversión en inteligencia artificial. “Las tecnológicas están bien blindadas”, afirmó Robledo, al destacar que este sector no depende directamente de los precios de la energía y que, además, se beneficia de expectativas de tasas de interés estables.

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