
No obstante, la empresa reconoce que explorar nuevas fuentes de generación no es suficiente para garantizar un suministro constante a sus centros de datos, cuya demanda energética crece debido al uso intensivo de la IA. En este contexto, Meta anunció también una colaboración con Noon Energy para reservar capacidad de almacenamiento de “ultralarga duración” de hasta 1 gigavatio de potencia y 100 gigavatios-hora (GWh) de energía.
La propuesta de almacenamiento se basa en pilas de combustible de óxido sólido modulares y reversibles, combinadas con sistemas basados en carbono, lo que permite superar las 100 horas de almacenamiento continuo. Según la compañía, estas capacidades exceden ampliamente las de las baterías de iones de litio, que actualmente dominan el mercado.
Como parte de esta iniciativa, Meta planea desarrollar un proyecto piloto de menor escala con una capacidad de 25 megavatios y 2.5 GWh de almacenamiento, también previsto para 2028. Este proyecto servirá como prueba para evaluar el rendimiento, la eficiencia y la viabilidad económica del sistema antes de una posible implementación a gran escala.
Meta admite que ambas tecnologías se encuentran en etapas tempranas de desarrollo. Sin embargo, sostiene que invertir en estas soluciones forma parte de su estrategia para fortalecer la red eléctrica mediante alternativas diversificadas y confiables.
Crecen preocupaciones sobre el consumo energético de la IA
Estos acuerdos se producen en un contexto en el que diversas organizaciones y gobiernos han comenzado a alertar sobre una posible sobredemanda de energía y agua asociada al crecimiento de los centros de datos de IA, lo que podría profundizar desigualdades en el acceso a recursos y generar impactos ambientales significativos.
En octubre pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pidió frenar la expansión acelerada de megacentros de datos. El organismo advirtió que el auge de la IA y las criptomonedas está impulsando una demanda computacional sin precedentes, lo que conlleva “importantes y preocupantes requerimientos de agua, así como un dramático aumento del consumo eléctrico. Estas tendencias entrañan graves riesgos para los ecosistemas acuáticos y plantean perspectivas insostenibles a futuro”.
La mayoría de las empresas tecnológicas que desarrollan sistemas de IA se han comprometido a reducir su consumo energético y de recursos naturales. Sin embargo, la efectividad de estas medidas sigue en entredicho, debido a la falta de datos precisos sobre el consumo real de energía y agua en los centros de datos.
Compañías como Meta, Google y OpenAI publican informes periódicos sobre el impacto ambiental de sus operaciones. No obstante, especialistas advierten que estas estimaciones no contemplan todos los escenarios, lo que podría derivar en una subestimación del impacto real.
Actualmente, no existe un estándar unificado en la industria de la IA para medir el consumo hídrico y energético de estas tecnologías. Analistas coinciden en que este vacío debe abordarse con urgencia para garantizar un desarrollo sostenible y responsable.
Una investigación del Instituto de Investigación de Capgemini advierte sobre la falta de seguimiento y conciencia en torno a la huella ambiental de la IA generativa, especialmente en el ámbito empresarial. Apenas el 12% de los ejecutivos afirma que sus organizaciones miden este impacto, y solo el 38% reconoce tener conocimiento al respecto.
Cyril García, director de Servicios de Sostenibilidad Global y Responsabilidad Corporativa de Capgemini, concluye que “si queremos que la IA genere valor empresarial de manera sostenible, es necesario establecer normas para todo el sector”.









