En Nueva York y Nueva Jersey, donde se disputarán ocho de los 104 partidos, incluida la final, el protagonismo se lo están llevando los boletos: entradas costosas y una plataforma con problemas técnicos.
La FIFA está utilizando un sistema de precios variables y hay entradas para la final que superan los 11.000 dólares, casi siete veces más que la entrada más cara del Mundial de Qatar 2022, y se han llegado a ofrecer cuatro asientos por 2,2 millones de dólares cada uno en la reventa.
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A este malestar se suma el elevado precio del transporte. El tren para llegar al MetLife Stadium (donde se jugará la final) costará 150 dólares, muy por encima de la tarifa actual, 12,90, mientras que la alternativa, un autobús lanzadera, superará los 80 dólares.
Y, por si fuera poco, las duras políticas migratorias de Donald Trump están alimentando la desconfianza entre los aficionados extranjeros que temen quedarse retenidos en el aeropuerto. La organización prometió más de 1,2 millones de visitantes y unos 3.300 millones de dólares de impacto económico, pero muchos dudan de que estas cifras se alcancen a la vista de los números a pocas semanas de que arranque el torneo.
France 24 habló con aficionados y profesionales del sector para entender cómo enfrentan la situación.
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«No voy a arriesgar mi vida por un Mundial»
¨Conseguí escapar de Siria, no voy a arriesgar mi vida por un Mundial¨, Ahmed Sems canceló su viaje a EE. UU. por miedo a que le prohíban la entrada al país.
Cuando en febrero de 2025 la embajada estadounidense en Eslovaquia le comunicó a Ahmed Sems que su visado para viajar a EE. UU. había sido aprobado, el joven de 32 años lo celebró. No esperaba que su pasaporte turco le diera problemas, pero haber nacido en Damasco, Siria, podía complicar las cosas, aunque hace 14 años que abandonó el país.
¨Me investigaron más días que al resto de la gente, pero me la dieron¨, explica a France 24. Con el permiso concedido, comenzó a preparar su viaje al Mundial 2026.
¨Quería ver a Messi y Ronaldo sobre el terreno porque podría ser su último Mundial y porque he crecido viéndolos como aficionado del Madrid, durante mi adolescencia todo giraba en torno a Cristiano Ronaldo¨, relata a este medio.
Un mes antes Donald Trump había llegado al poder, y Sems empezó a inquietarse con las noticias. ¨Las cosas se estaban volviendo muy peligrosas, no solo para los extranjeros, sino incluso para los residentes locales que no son ciudadanos estadounidenses, dos nacionales murieron en las redadas de ICE (la agencia migratoria estadounidense)¨, recuerda el joven.
También le preocupaban las manifestaciones en las universidades que afectaban ¨especialmente a Medio Oriente, así como a cualquiera que se oponga a Israel o alce la voz en contra de las políticas de Trump¨.
La decisión llegó cuando el Departamento de Estado ordenó revisar las redes sociales de los visitantes. ¨He dicho algunas cosas en internet que posiblemente hagan que no me dejen entrar, además que revisen mis redes es una invasión a la privacidad¨. Tras sopesarlo, canceló su asistencia al Mundial. ¨Concluí que no valía la pena gastar todo el dinero que vale y arriesgarme a que no me dejaran entrar en el aeropuerto¨, confiesa Sems.
¨Conseguí escapar de Siria, no voy a arriesgar mi vida por un Mundial¨.
Aficionados en EE. UU. se libran de complejidades migratorias, pero enfrentan los problemas técnicos de la plataforma y la odisea de llegar al estadio.
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Un sueño impagable
Los aficionados que viven en EE. UU. se han librado de la batalla migratoria, pero no de la odisea digital: largas esperas, fallos técnicos y quejas de los usuarios expulsados sin boletos de la plataforma tras horas de cola virtual.
¨Hubo un momento que casi me rindo¨, confiesa Mark Saucedo a France 24, ¨porque era desesperante esperar y esperar y que algo fallara y tuvieras que volver a empezar¨. Saucedo consiguió una entrada, pero ahora enfrenta otro reto, llegar al estadio sin que el transporte sea tan caro como la entrada al partido.
No hay muchas alternativas a los 150 dólares de tren (40.000 usuarios) o los 80 del autobús (10.000 billetes), porque solo unos pocos asistentes premium podrán llegar en auto y pagar los 250 que costará el aparcamiento. En redes sociales, algunos aficionados han planteado ir a pie, pero el Departamento de Transporte de Nueva York ya ha advertido que es peligroso e ilegal, porque ¨nadie puede caminar por las autopistas ni fuera de las zonas peatonales autorizadas¨.
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El coste del transporte también ha enfrentado a las autoridades con la FIFA. La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, acusa a la organización de trasladar la elevada factura a los residentes, y advierte que no lo permitirá.
¨Mientras NJ Transit se queda con una factura de 48 millones por transportar de manera segura a 40.000 fanáticos, la FIFA está generando $11.000 millones de dólares con este Mundial. No voy a cargar a los contribuyentes de Nueva Jersey con esa factura por años¨.
Se trata, entonces, de un suculento encuentro deportivo que iba a traer mucho dinero, pero no parece que será así.
Las ganancias no serán lo que se esperaba
El sector hotelero también está preocupado porque las reservas no avanzan al ritmo que se esperaba, y temen que la promesa de 1,2 millones de visitantes no se traduzca en noches de hotel.
Según datos recopilados por CoSatr Group Inc., hasta ahora solo se ha vendido un 18% de las habitaciones entre el 13 de junio, cuando se disputa el primer partido, y el 19 de julio, cuando se celebra la final. Vijay Dandapani, presidente y CEO de la Asociación de Hoteles de Nueva York, relativiza esta cifra comparándola con el Abierto de tenis Estados Unidos que se celebra en la ciudad cada año y que atrae ¨solo en 14 días, a 1,3 millones de turistas¨, con un impacto económico mayor del previsto en este Mundial.
¨Va a ser negativo para la industria porque cuando alguien se gasta tanto dinero en unas entradas, recorta lo demás, y los que van a sufrir son los restaurantes, los bares, los hoteles¨. Además, no hay que olvidar el encarecimiento de los vuelos debido a la guerra en Irán, «mirando ahora los precios para la final el 19 de julio, el billete básico desde Londres está en unos 5.000 dólares» explica a France 24.
Con este panorama, los hoteles han empezado a reducir expectativas y tarifas, «al menos dos tercios», cuenta Dandapani a France 24. ¨Por ejemplo, en diciembre el hotel Hilton, que es el más grande en Nueva York costaba 850 por una habitación, ahora cuesta 400, el Park Hotel es aún más barato, 280¨. La lectura es clara, el hospedaje se ha convertido para muchos aficionados extranjeros en el último eslabón de una cadena de gastos que amenaza con aguar la gran lluvia económica que Nueva York esperaba del Mundial 2026.










