La ciencia tiene un problema de ADN que está arruinando miles de experimentos con ratones

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Un número aún no determinado de ensayos científicos basados en estudios con ratones podría tener conclusiones sesgadas o imprecisas debido a errores en la categorización de los animales utilizados en los experimentos. Así lo sugiere una nueva investigación que, tras analizar la genética de cientos de cepas, descubrió que alrededor de la mitad presentaba inconsistencias entre las características reales de los animales y los datos reportados en sus etiquetas de identificación.

El uso de ratones de laboratorio en investigaciones científicas es una práctica ampliamente extendida, ya que el genoma de estos animales comparte más del 80% de sus componentes con el humano. Esta similitud no solo permite replicar distintos trastornos y enfermedades para comprender su origen y evolución, sino también identificar genes implicados en estas afecciones y, en consecuencia, desarrollar nuevos tratamientos o terapias.


El desarrollo exitoso de embriones de ratón augura un buen futuro para los embarazos humanos en el espacio.

Las células lograron desarrollarse con normalidad, y los perfiles de expresión genética fueron similares a los de un grupo de embriones cultivados de manera paralela en la Tierra.


En este contexto, como señalan Javier Cubero y Yulia Nevzorova, profesores del departamento de Inmunología, Oftalmología y ORL de la facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, “el fondo genético de un ratón no es un detalle secundario; de hecho, es probablemente la variable experimental más importante y, al mismo tiempo, la menos controlada”.

En declaraciones retomadas por SMC España, los especialistas explican que cuando este aspecto no se documenta con rigor no solo se compromete la respuesta de los animales frente a determinadas enfermedades o a un fármaco experimental, sino que también puede verse afectada la precisión y veracidad de las conclusiones obtenidas en una investigación.

Aunque este problema era conocido en la comunidad científica, hasta ahora se desconocía su verdadera magnitud. Para evaluar el alcance del fenómeno, un equipo liderado por Fernando Pardo-Manuel de Villena, genetista especializado en ratones de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, analizó los genomas de 611 muestras pertenecientes a 341 cepas de ratones modificados resguardadas por los Centros de Investigación y Recursos de Ratones Mutantes (MMRRC, por sus siglas en inglés).

El grupo desarrolló un sistema de control de calidad genética que incorporó diversas mejoras respecto a otros métodos similares ya existentes, entre ellas el análisis de múltiples muestras de cada cepa, en lugar de estudiar únicamente un ejemplar aislado, así como estimaciones más robustas sobre la replicabilidad del genoma. El sistema clasifica cada cepa en una de siete categorías, con el objetivo de ofrecer a la comunidad científica un resumen sobre las características reales de los animales utilizados en los experimentos.

Los resultados revelaron que el 47% de las cepas analizadas no coincidía con la descripción declarada y que solo el 20% correspondía fielmente a las características genéticas indicadas en la identificación de la cepa.

De manera más específica, el análisis detectó que el 7% de las muestras pertenecía a una cepa completamente distinta; el 10% presentaba modificaciones genéticas no registradas y el 26% correspondía a una subcepa diferente.

Decenas de cruces, tiempo y dinero perdidos

Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología de España, que no participó en el estudio, señaló en declaraciones retomadas por SMC Media que “seguramente el origen del problema deriva de la multitud de cruces de todo tipo que se han venido realizando con las miles de cepas de ratón creadas por la comunidad científica”.

Se estima que para introducir un cambio genético en una cepa es necesario realizar cruces entre ratones endogámicos durante entre 10 y 20 generaciones. Este proceso requiere registros meticulosos para evitar errores. Cuando ese control falla, parte de la variación genética de la cepa donante puede conservarse en la receptora, lo que provoca que las diferencias genéticas entre las cepas se vuelvan menos evidentes.

La ciencia tiene un problema de ADN que está arruinando miles de experimentos con ratones
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