Congelar el cerebro para despertarlo en el futuro: algunos médicos comienzan a creer en superar la muerte

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En marzo de 2026, investigadores alemanes publicaron un estudio en la revista PNAS donde informan la crioconservación de un cerebro de ratón y su posterior descongelamiento, dejando intactas algunas funciones. Este pequeño logro fue visto como el adelanto de una rama médica de frontera extrema: la revivificación de un cerebro humano, con toda la identidad de una persona, luego de que el corazón deje de latir.

La posibilidad inquietante de “frenar la muerte” por ahora solo está en la ciencia ficción, pero poco a poco la ciencia suma estudios independientes al respecto. Hay equipos que diseñan protocolos para descongelar el órgano central, otros para vitrificarlo sin perder información y otros más que intentan unificar y probar estos métodos.

Esa sensación de emoción no solo está presente entre los entusiastas de la ciencia. También permea entre los médicos de Estados Unidos. Una reciente encuesta publicada en PLOS ONE encontró que uno de cada cuatro médicos cree que la preservación de la mente y la restauración del cerebro podría funcionar en algún punto de la historia.


Cerebro humano con una estantería llena de libros en su interior.

Investigaciones revelan que los cerebros de personas conocidas como superancianos no solo experimentan muy poca atrofia relacionada con la edad, sino que también muestran una resistencia especial al Alzheimer.


¿Puede el cerebro conservar la información de quienes somos después de la muerte?

Investigadores de Monash University, la European Biostasis Foundation y Apex Neuroscience encuestaron a 334 médicos estadounidenses para medir qué tan plausible es la idea de preservar un cerebro humano después de la muerte con la esperanza remota de una futura revivificación.

La encuesta planteó un escenario muy específico: un paciente que muere, es preservado en cuestión de minutos y cuyo cerebro, al ser examinado, muestra estructuras intactas hasta el nivel sináptico. Bajo esas condiciones ideales, ¿qué probabilidad habría de que la información psicológica esencial siguiera ahí?

La mediana de probabilidad que los médicos asignaron a ese escenario fue de 25.5%. Además, uno de cada cuatro consideró que alguna forma de restauración futura es entre plausible y muy plausible. Entre los especialistas consultados, los neurólogos fueron quienes percibieron esta posibilidad como la más factible. Aun así, más de la mitad opinó que se trata de un escenario poco probable.

Una parte de esa plausibilidad proviene de un hecho simple: la información que define quiénes somos no desaparece de inmediato cuando el corazón se detiene. Durante minutos, y, si el tejido se preserva correctamente por más tiempo, la estructura del cerebro permanece intacta. Dado que la memoria y la identidad son patrones materiales en redes neuronales, si no se degradan al congelarse, basta con desarrollar en el futuro -a décadas o cientos de años de distancia- un dispositivo que recupere la información.

Además, la encuesta mostró que quienes creen en esta posibilidad también apoyan intervenciones clínicas destinadas exclusivamente a mejorar la calidad de la preservación. Por ejemplo, siete de cada diez médicos consideraron aceptable administrar anticoagulantes antes de la muerte para evitar coágulos que arruinen el proceso.

El estudio no afirma que la revivificación sea posible. Pero sí revela que, dentro de la medicina, la idea ya no provoca burlas ni rechazo automático. “Estos hallazgos podrían orientar el desarrollo de guías clínicas, aunque la naturaleza especulativa de estas estimaciones debe tomarse en cuenta”, concluye el reporte.

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