Los relatos se acumulan y dan cuenta de una violencia extrema y sistemática. Tanto al llegar a Estambul después de ser expulsados de Israel como al arribar a sus países de origen, muchos de los 430 activistas que integraban la mayor expedición de la Global Sumud Flotilla hacia Gaza relatan palizas, vejaciones, abusos y privaciones a los que fueron sometidos en los tres días bajo custodia israelí, una detención tildada por la organización como «secuestro» por haberse dado en aguas internacionales.
La voz de las denuncias en la cuenta oficial de la Flotilla ha sido la irlandesa Catriona Graham, tristemente conocida por ser la mujer a la que un policía israelí –alentado por el ministro de Seguridad, el extremista Itamar Ben-Gvir– le agarra violentamente la cabeza para forzarla a agacharse tras haber gritado «free Palestine» (Libertad para Palestina) en un centro de detención en Ashdod.
En un video publicado en X por la Global Sumud Flotilla, Graham indicó que las fuerzas israelíes «utilizaban cualquier momento que podían para ejercer violencia» y que «estaban listos para escalar, no necesitaban una oportunidad».
En la enumeración de hechos violentos, la activista irlandesa detalló palizas «brutales» que «cinco comandos» aplicaron contra grupos de «dos o tres personas» en uno de los barcos utilizados como prisiones en altamar, así como un «disparo con balas de goma» contra una mujer que «cruzó una línea sobre la que ellos no habían dicho nada».
Como consecuencia, Graham indicó que hay una treintena de tripulantes que sufrieron «fracturas» de «huesos, costillas, clavículas», personas que ahora están recibiendo atención médica «que el Ejército israelí les negó, repetidamente».
Asimismo, aseguró que «en una de las secciones, hubo al menos 15 casos de abusos sexuales que se hayan reportado hasta el momento».
En un comunicado aparte replicado por Reuters, la Global Sumud Flotilla aseguró que las peores agresiones se registraron en uno de los barcos prisión utilizados por Israel, con «al menos 12 asaltos sexuales solo en ese barco, incluyendo violación anal y penetración forzada con una pistola».
Asimismo, entre los 15 casos registrados hasta ahora se contabilizan «cacheos humillantes, burlas sexuales, tocamientos y tirones de genitales, y múltiples denuncias de violación».
Las graves denuncias de los activistas podrían desembocar en investigaciones en sus países de origen. Según indicó una fuente judicial italiana a Reuters, la Fiscalía de Roma está investigando los posibles delitos de secuestro, tortura y agresión sexual, y en los próximos días escuchará el testimonio de los miembros de la Flotilla que han regresado a Italia.
Un portavoz del Servicio de Prisiones de Israel (IPS, por sus siglas en inglés) emitió una desmentida general, asegurando que «las acusaciones formuladas son falsas y carecen por completo de fundamento» y que «todos los presos y detenidos se encuentran bajo custodia conforme a la ley, respetando plenamente sus derechos fundamentales y bajo la supervisión de personal penitenciario profesional y capacitado».
Sin embargo, las denuncias de malos tratos han sido moneda corriente cada vez que Israel ha capturado a activistas en otros intentos de llevar ayuda humanitaria simbólica a Gaza y, en cada ocasión (y en esta todavía más), ha sido motivo de condena de varios gobiernos de los países de origen de los activistas.
Más aún, los señalamientos por maltratos, abusos (incluidos sexuales) y torturas hacia prisioneros palestinos en las cárceles israelíes se han multiplicado, sobre todo después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.
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«Lo que experimentamos fue un pequeño porcentaje de lo que los palestinos en prisiones israelíes sufren cada día», enfatizó Graham.
Francia, Italia, Corea del Sur, Australia: las denuncias de los activistas al llegar a sus países
Para sustentar sus acusaciones, algunos activistas han optado por divulgar imágenes en redes sociales en las que se observan moretones y marcas de balazos de goma, mientras que algunos exhiben vendajes o yesos que recibieron tras ser atendidos por lesiones o fracturas.
En una publicación de Instagram verificada por Reuters, el ciudadano francés Adrien Jouen mostró moretones en la espalda y los antebrazos.
«A muchos nos aplicaron descargas eléctricas con pistolas Taser, algunos sufrieron agresiones sexuales y a otros se les negó el acceso a un abogado»
Sabrina Charik, quien ayudó a organizar el regreso de 37 franceses de la flotilla, indicó a Reuters que cinco participantes galos habían sido hospitalizados en Turquía, entre ellos con costillas rotas o vértebras fracturadas. Algunos habían formulado acusaciones detalladas de violencia sexual, incluyendo violación, indicó.
En la reconstrucción de los hechos, muchos de los activistas coinciden en señalar que muchos de los peores momentos se vivieron en los dos días que pasaron en los barcos prisión, donde fueron sometidos a golpizas y obligados a aglutinarse en contenedores helados, casi sin abrigo para pasar el frío de la noche, durmiendo en el suelo mojado o siendo obligados a arrodillarse durante varias horas, a veces dentro y otras sobre la cubierta caliente en horas del día.
Luca Poggi, economista italiano que fue capturado por Israel, detalló a Reuters a su llegada a Roma: «Nos desnudaron, nos tiraron al suelo y nos patearon. A muchos nos aplicaron descargas eléctricas con pistolas Taser, algunos sufrieron agresiones sexuales y a otros se les negó el acceso a un abogado».
Asimismo, Ilaria Mancosu, otra activista italiana, afirmó que, en uno de los dos barcos prisión, los detenidos fueron sometidos a una mayor violencia, siendo encerrados y golpeados por cinco soldados, que causaron fracturas de costillas y brazos, o lesiones graves en ojos y oídos a causa de las descargas de pistolas taser.
En Estambul, la chilena de orígenes palestinos Carolina Eltit relató haber visto «mucha sangre, costillas rotas, narices rotas» por las golpizas y contó que ella misma perdió la conciencia porque «me tomaron entre dos, me levantaron y un hombre me empezó a golpear fuerte en la boca del estómago».
Sin importar la nacionalidad, los testimonios tienen tintes similares. Al arribar al aeropuerto de Incheon, la surcoreana Kim Ah-hyun contó que fue agredida en el rostro por fuerzas israelíes tras su captura y que no puede oír correctamente por el oído izquierdo, mientras que Kim Dong-hyeon acusó a Israel de haber «torturado» a los activistas y de someterlos a «violencia insoportable», según la agencia local Yonhap.
«Muchos de nosotros no hemos comido durante días. Nos negaron agua durante dos días», comentó a su turno el activista australiano Zack Schofield en declaraciones difundidas por la cadena pública ‘ABC’ tras su liberación.
Escenas similares describió el periodista hispano-chileno Ignacio Ladrón de Guevara en una columna escrita en primera persona y publicada en el medio español El País, con el que colabora. En su texto, él relata que los maltratos continuaron también en el centro de detención en la ciudad portuaria de Ashdod, donde se produjo el encuentro con Ben-Gvir.
Entre las situaciones que vivió, describió burlas, que le apretaron tanto las esposas «que terminé gritando», mientras que un compañero paquistaní «un día después sigue sintiendo dormidas sus manos».
Israel ensayó una tímida autocrítica y crecen los pedidos de sanciones
Si bien las denuncias de maltratos bajo custodia israelí no es algo nuevo en el caso de activistas que han participado en las diversas flotillas a Gaza, la escala de las denuncias y, sobre todo, la humillación pública a los capturados, divulgada con orgullo por el ministro radical Itamar Ben-Gvir, han alimentado una condena internacional mayor, aún pendiente de traducirse en acciones concretas.
Consciente de la repercusión internacional, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu –impávido ante denuncias similares anteriores y otras acciones controvertidas del titular de la cartera de Seguridad– aseguró el miércoles que «la forma en que el ministro Ben-Gvir trató a los activistas de la flotilla no se ajusta a los valores y normas de Israel», más allá de señalar que Israel tiene todo el derecho a detener las «flotillas provocadoras de partidarios terroristas de Hamás«.
Previo a este comunicado, el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, había reprobado en su cuenta de X a Ben-Gvir, señalando que «usted causó daño a nuestro Estado a sabiendas con esta vergonzosa actuación, y no es la primera vez (…) usted no representa a Israel».
El ministro radical no tardó en responder en la misma red social que no pondría «la otra mejilla» ante quienes «apoyan el terrorismo y se identifican con Hamás».
Sin embargo, el repudio internacional no cesa y desde algunos de los países europeos más críticos de Israel han elevado los llamados a sanciones.
El ministro de Exteriores de España, José Manuel Albares, indicó que cuatro de los españoles de la flotilla tuvieron que recibir atención médica por las lesiones sufridas y confió en que la «brutalidad» reflejada en el video protagonizado por Ben-Gvir sirva para que la Unión Europea tome medidas contra ministros y colonos israelíes y penalidades comerciales.
En ese sentido, recordó que tanto Ben-Gvir como el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, otro colono radical, «tienen prohibida su entrada en España, y nosotros queremos que ahora sea una medida europea».
En la misma línea, la ministra de Asuntos Exteriores y Comercio de Irlanda, Helen McEntee, aseguró este viernes 22 de mayo que pedirá junto a otros países a la Comisión Europea que «presente propuestas que prohíban la importación de productos comerciales procedentes de los asentamientos ilegales» israelíes en la Cisjordania ocupada.
«Creo que es hora de que actuemos a nivel europeo y de que respondamos a estas constantes violaciones del derecho internacional», aseguró en su llegada al Consejo de Comercio, en Bruselas.
El repudio se extiende también a aliados férreos de Israel. Polonia, por caso, estudia prohibir la entrada al país de Ben-Gvir «debido a sus acciones».
En tanto, Alemania –que a diferencia de países como España, Francia, Portugal o Países Bajos evitó convocar a consultas a los diplomáticos israelíes en el país– tildó de «inaceptable» el trato que Israel ha dado a los miembros de la Global Sumud Flotilla, que incluía a ocho alemanes.
«El trato digno de nuestros ciudadanos es una prioridad absoluta» y, «en este contexto esperamos, naturalmente, que se aclare la situación», porque «las acusaciones que se han planteado en parte son graves», aseguró el portavoz de Exteriores, Martin Geiger, sin profundizar más.
Más tibia, pero aún así sorpresiva, fue la condena del embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, quien afirmó que Ben-Gvir «traicionó la dignidad de su nación» con unas acciones «despreciables». Lo hizo el miércoles, en una publicación en X en la que también destacó el rechazo, según él, «universal» de otros altos funcionarios israelíes y en la que calificó a la flotilla de «estúpida maniobra publicitaria».
Con Reuters, EFE y medios










