Por qué este extraño viento de los agujeros negros es una mala noticia para la vida en otros planetas

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Para que la vida compleja aparezca no solo basta con que un planeta rocoso esté en la región correcta con respecto a su estrella madre, también depende de si se encuentra en la galaxia adecuada. Un reciente estudio exploró el impacto de los agujeros negros supermasivos en la habitabilidad de los exoplanetas a su alrededor. Encontró que estructuras activas pueden emitir vientos de partículas que hierven planetas, eliminan atmósferas y destruyen gases clave.

El artículo publicado en la revista The Astrophysical Journal detalla que los agujeros negros supermasivos, además de afectar su entorno inmediato a través de mecanismos bien conocidos como la radiación, también pueden influir en zonas alejadas, a decenas de miles de años luz, a través de fenómenos menos espectaculares: los vientos ultrarrápidos (UFO, por las siglas en inglés de Ultra-Fast Outflows, nada que ver con los otros UFO).


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Existen agujeros negros que son demasiado grandes para nacer de la muerte de una estrella, pero tampoco son los supermasivos. Al fin hay evidencia sobre cómo estos podrían surgir.


Los UFO son flujos de gas y plasma expulsados desde las regiones más intensas de un agujero negro activo, a velocidades de hasta el 10% de la velocidad de la luz. Son entre 50 y 100 veces más rápidos que el viento solar que recibe la Tierra, pero distintos a los chorros relativistas, flujos de partículas que viajan en una dirección única y estrecha, como un láser, a casi el 99% del límite de velocidad. El mecanismo de los UFO se confirmó a principios de los 2000. Sus implicaciones en el entorno galáctico todavía se estudian con detenimiento.

Lo que hace especialmente interesante a los UFO, a diferencia de los chorros relativistas, es que se expanden en todas direcciones como una burbuja gigante. Eso significa que no hace falta tener mala suerte y estar justo en el camino del «disparo»: cualquier planeta dentro de la galaxia podría recibir su influencia.

Lo que dicen las simulaciones

El equipo de investigadores simuló qué le ocurriría a planetas similares a la Tierra ubicados a diferentes distancias del centro de una galaxia, variando además la masa del agujero negro central. Esta última variable resultó ser determinante. Cuando se trata de agujeros negros supermasivos, los «tamaños» varían hasta en un factor de 100,000. Sagitario A*, el agujero negro al centro de la Vía Láctea, tiene unos 4 millones de masas solares. Otros bien localizados en el universo alcanzan los 10,000 millones. Entre ambos extremos, el estudio encontró diferencias dramáticas en el daño que pueden causar.

A mayor masa del agujero negro, peores noticias para cualquier planeta cercano. Los vientos ultrarrápidos pueden calentar las atmósferas planetarias hasta temperaturas de millones de grados, suficiente para que las moléculas del aire alcancen velocidades superiores a la necesaria para escapar de la gravedad del planeta y perderse en el espacio para siempre. En los casos más extremos, incluso una atmósfera tan densa como la de Venus, unas 90 veces más masiva que la terrestre, sería completamente arrasada.

El hallazgo más inquietante tiene que ver con el ozono. Los vientos de alta energía generan óxidos de nitrógeno que destruyen esta capa de forma encadenada, capa por capa, sin freno. El estudio encontró que para agujeros negros de más de 100 millones de masas solares, la capa de ozono de un planeta similar a la Tierra podría destruirse casi por completo. Sin ella, la radiación ultravioleta de la estrella anfitriona llega sin filtro a la superficie. No haría falta un impacto de asteroide ni una explosión estelar cercana: ese planeta se volvería inhabitable poco a poco.

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