Prohibición de redes sociales a menores: el debate crece entre falta de evidencias e intereses comerciales

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La prohibición de redes sociales para menores de edad es “una intervención no probada” que, lejos de funcionar como un mecanismo efectivo de protección, podría generar efectos negativos en el bienestar socioemocional de niñas, niños y adolescentes. Esta es una de las principales conclusiones de un nuevo trabajo elaborado por académicos de la Universidad de California, quienes, tras revisar una serie de investigaciones previas, sostienen que no existe evidencia experimental sólida que demuestre que eliminar el acceso a estas plataformas represente un beneficio real para la salud mental de los usuarios más jóvenes.

En los últimos meses, el número de países que buscan regular las redes sociales para garantizar la protección y seguridad de los menores ha aumentado de manera considerable. El año pasado, Australia se convirtió en el primer país en prohibir las cuentas de redes sociales para menores de 16 años. Luego, naciones como Francia, España, Dinamarca, Malasia, Noruega, India y Egipto presentaron iniciativas similares que aún se encuentran en proceso de aprobación. Al mismo tiempo, algunos gobiernos estatales de México y Estados Unidos analizan restricciones en la misma línea.


redes sociales

Cada vez más países buscan regular las redes sociales para proteger a menores. El debate se divide entre prohibir el acceso o exigir diseños más seguros. Brasil se inscribe en esta segunda línea: ya prohíbe el scroll infinito y otras características adictivas para niños.


Aunque aparentemente existe consenso sobre la necesidad de intervenir, la comunidad científica todavía no alcanza un acuerdo definitivo sobre los efectos reales que el uso de estas plataformas puede tener a nivel social. Tampoco lo hay sobre la eficacia de las medidas restrictivas para atender el problema.

Los psicólogos de la Universidad de California, Candice Odgers, Stephen Schueller y Monika Neff Lind evaluaron la evidencia experimental disponible para intentar responder a estas preguntas abiertas.

Los especialistas revisaron ensayos controlados aleatorios sobre restricción del uso de redes sociales. Primero identificaron 36 estudios incluidos en dos metaanálisis previos, a los que después añadieron cuatro estudios experimentales localizados en bases de datos como ProQuest, PsycInfo, MEDLINE y PubMed. El objetivo consistía en determinar si la evidencia disponible respaldaba la afirmación de que prohibir o reducir el uso de redes sociales entre los jóvenes tendría un impacto positivo en su salud mental y si estas medidas modificarían o eliminarían el uso de estas plataformas entre la población juvenil.

El análisis solo se concentró en prohibiciones de redes sociales basadas en la edad, dejando fuera aquellas relacionadas con restricciones al uso de dispositivos móviles o limitaciones vinculadas con determinados entornos, como las prohibiciones dentro de las escuelas.

De acuerdo con el artículo publicado en la revista Frontiers in Developmental Psychology, los autores concluyeron que, hasta el momento, no existen datos específicos sobre los efectos de la prohibición de redes sociales en usuarios menores de 16 años, precisamente el grupo poblacional en el que se enfocan la mayoría de las normativas restrictivas.

La prohibición de redes sociales podría tener efectos nulos

Lind reconoce que, en algunos casos, la existencia de evidencia sólida y robusta obtenida en estudios con adultos permite extrapolar conclusiones hacia poblaciones más jóvenes. Sin embargo, sostiene que esa posibilidad no se justifica en este caso particular.

“Los experimentos con adultos muestran efectos débiles, nulos y mixtos, con un 40% de los estudios experimentales que arrojan efectos perjudiciales —por ejemplo, menor satisfacción con la vida y mayor soledad— o ningún efecto de la restricción de las redes sociales. Así pues, incluso cuando se les dice repetidamente a los adultos que las redes sociales son perjudiciales para su salud mental y que abandonarlas les ayudará, en promedio encontramos pocos o ningún beneficio”, afirma la autora.

La investigación también detectó posibles inconsistencias y limitaciones metodológicas en varios de los estudios examinados. Por un lado, las restricciones evaluadas fueron de corta duración y, en numerosos casos, parciales. Los periodos de intervención oscilaron entre un día y tres meses, con una duración media de 16.3 días. La mitad de los estudios limitaron el uso durante una semana o menos. Además, únicamente 21 de los 40 estudios aplicaron una prohibición total, mientras que los otros 19 implementaron restricciones parciales que permitían cierto tiempo diario de conexión.

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