
Por Affe Gutierrez
Santo Domingo. – La política dominicana entró en una fase prematura de reacomodo. Todavía falta mucho para las elecciones de 2028, pero el ambiente ya dejó de ser puramente especulativo. En el oficialismo se mueve la sucesión del poder; en el PLD se intenta convertir la reivindicación judicial en relanzamiento electoral; y en la Fuerza del Pueblo se abre una tensión generacional entre el liderazgo histórico de Leonel Fernández y el crecimiento político de Omar Fernández. No estamos ante una campaña abierta en sentido formal, pero sí ante el inicio de una guerra fría electoral donde cada gesto, cada encuesta, cada decisión judicial y cada silencio pesan.
Un país cansado antes de escoger candidato
La Encuesta Nacional de Opinión Pública de ACD Media, correspondiente a mayo de 2026, ofrece una fotografía relevante del momento político. No debe leerse como sentencia definitiva, sino como una medición del clima actual. Su ficha técnica indica una muestra de 1,200 personas, levantada del 23 al 25 de mayo de 2026, con nivel de confianza de 95 %. A partir de esos datos se observa un país con malestar social, un oficialismo que todavía conserva ventaja, una oposición en reorganización y liderazgos presidenciales que empiezan a tomar forma antes de que los partidos terminen de admitir públicamente sus verdaderas intenciones.
El primer dato de fondo no es partidario, sino social. Según ACD Media, el 54 % de los encuestados califica negativamente la situación del país, una percepción que, desde mi propia experiencia como emprendedor, no puedo desvincular de la realidad que vive buena parte del sector productivo. Frente a ese dato, un 44.2 % evalúa la situación de manera positiva. Cuando se pregunta por los próximos meses, el bloque negativo suma 49.5 %, frente a 46 % positivo. El principal problema identificado es el alto costo de la vida y la economía, con 42.3 %, seguido por delincuencia e inseguridad con 24.4 %. Esto significa que el debate de 2028 no se decidirá solamente por simpatías partidarias, sino por una pregunta más dura y cotidiana, quién puede aliviar el bolsillo, ordenar la seguridad y devolver sensación de rumbo.
Ese dato es clave para entender al PRM. El presidente Luis Abinader mantiene capital político propio, pero el gobierno muestra señales evidentes de desgaste. Ese desgaste ha sido arrastrado, en buena medida, por funcionarios distantes, poco accesibles y encerrados en una burbuja de poder que los ha desconectado de las urgencias reales de la gente, incluso de su propia militancia. ACD Media coloca la evaluación positiva del Presidente en 50.8 %, frente a 46.6 % negativa, mientras la aprobación general del gobierno aparece en 53 %. Sin embargo, la evaluación del gabinete cae de manera más severa, con 57.3 % negativa y 41.2 % positiva. Esa diferencia sugiere que Abinader conserva una valoración personal superior a la de su equipo, pero también revela que una parte importante del desgaste gubernamental no necesariamente nace en la figura presidencial, sino en el trato, la arrogancia, la falta de respuesta y la distancia de muchos de sus funcionarios. En términos políticos, el Presidente sigue siendo el eje de mando, pero la continuidad pura no basta. El candidato oficialista de 2028 tendrá que representar continuidad, sí, pero también corrección.
El PRM y la sucesión que nadie quiere precipitar
En ese escenario, David Collado aparece como la figura presidencial mejor posicionada dentro del PRM. Según ACD Media, entre la población general, Collado encabeza la preferencia como candidato presidencial del PRM con 45.2 %, seguido por Carolina Mejía con 17.6 %, Raquel Peña con 7.2 %, Guido Gómez Mazara con 4.8 %, Wellington Arnaud con 2.7 %, Yayo Sanz Lovatón con 2.1 % y Tony Peña Guaba con 2 %. El dato se vuelve más contundente entre miembros del PRM, donde Collado sube a 54.8 %, Carolina alcanza 20.7 %, Raquel Peña queda en 7 %, Guido en 5.9 %, Wellington en 3.8 %, Tony Peña Guaba en 1.1 % y Yayo en 0.9 %.
Collado no solo mide bien hacia fuera. Esa es la novedad. Hasta hace poco podía decirse que era una figura de mercado electoral, buena imagen, turismo, empresariado, clase media y proyección pública, pero con interrogantes sobre su penetración en la base perremeísta. La encuesta matiza esa lectura, porque lo presenta liderando también dentro del propio PRM. Eso no significa que controle toda la maquinaria interna, pero sí que ya dejó de ser únicamente un candidato de opinión pública. Hoy aparece como el rostro más rentable para una sucesión oficialista que busca conservar poder sin cargar con todo el desgaste del gobierno.
Carolina Mejía queda como la segunda opción real dentro del PRM. Sus números están lejos de Collado, pero su peso político no se reduce a la encuesta. Carolina tiene apellido, estructura municipal, vínculo con la historia emocional del PRM y conexión directa con una corriente que no puede ser ignorada. Si Collado representa la candidatura de imagen nacional y gestión, Carolina representa partido, raíz, familia política y memoria perredeísta transformada en perremeísta. Su desafío es convertir esa legitimidad interna en una narrativa nacional capaz de competir con la marca de eficiencia que proyecta Collado.
Raquel Peña aparece como una carta institucional. No marca como favorita en la medición, pero conserva una función política distinta. Su perfil puede servir como garantía de estabilidad, continuidad sobria y equilibrio dentro del poder. Sin embargo, los datos indican que todavía no ha logrado transformarse en una aspiración presidencial emocionalmente movilizadora. Puede ser candidata de consenso, figura de fórmula o reserva estratégica, pero por ahora no aparece como la opción que entusiasma a la base ni como la que domina el electorado general.
Guido Gómez Mazara merece una lectura separada. Aunque la encuesta lo coloca con 4.8 % en población general y 5.9 % entre miembros del PRM, su posicionamiento no se mide únicamente por el tamaño de ese porcentaje. Guido representa una base crítica, militante, histórica y discursiva dentro del partido. Su fortaleza no está necesariamente en ser el favorito presidencial de la cúpula, sino en conectar con sectores que sienten que el PRM no puede convertirse solo en una administración de poder. Guido puede no encabezar la carrera, pero puede condicionar el debate, representar inconformidades y, desde su coherencia política, obligar a los favoritos a mirar hacia abajo, hacia la militancia.
En esa misma lógica aparece Hipólito Mejía, una figura de la que pocos hablan en clave presidencial, pero que sigue gravitando sobre el tablero. Hipólito no fue incluido entre los nombres medidos para la preferencia presidencial del PRM, y esa omisión deja fuera una pieza de peso. Es expresidente, conserva simpatía popular, tiene aceptación dentro y fuera del partido, y representa una autoridad histórica que no depende de cargo, ministerio ni campaña permanente. Además, al igual que Leonel Fernández, se le reconoce políticamente como una figura habilitada para aspirar bajo el marco constitucional surgido tras el llamado acuerdo de las corbatas azules y las reformas posteriores. Su influencia es real, Hipólito puede bendecir, bloquear, equilibrar o condicionar.
La sucesión del PRM, por tanto, no se reduce a una encuesta. Hay por lo menos cuatro centros de gravedad: Abinader como jefe político del poder y gran elector institucional; Collado como figura electoralmente más rentable; Carolina como opción de estructura y raíz partidaria; e Hipólito como reserva histórica y emocional. A ellos se suma Guido como voz de la base crítica y Raquel como carta de estabilidad. El PRM tiene ventaja, pero también tiene una dificultad. Debe escoger candidato sin fracturar el partido y sin parecer que la sucesión fue decidida exclusivamente desde Palacio.
Gonzalo y el intento de resurrección peledeísta
Mientras eso ocurre en el oficialismo, el PLD recibe oxígeno político con Gonzalo Castillo. La encuesta de ACD Media ya lo presentaba como el favorito peledeísta antes de la restitución de su visado estadounidense y antes del auto de no ha lugar. En población general, Gonzalo aparece con 35.5 %, seguido por “ninguno” con 23.7 %, “no sabe” con 13 %, Francisco Javier García con 10.7 % y Francisco Domínguez Brito con 6.4 %. Entre miembros del PLD, Gonzalo sube a 54.5 %, seguido por “ninguno” con 11.3 %, Francisco Javier con 10.8 % y “no sabe” con 10.4 %. Esa medición se produjo en un contexto menos favorable para él que el actual, lo que permite inferir que ambos hechos posteriores podrían fortalecer su narrativa de reivindicación y reposicionamiento interno.
El auto de no ha lugar en el caso Calamar, la restitución de su visado estadounidense y las declaraciones atribuidas a la embajadora Leah Francis Campos sobre presiones políticas internas en torno a cancelaciones de visas crean una nueva narrativa para Gonzalo. Lo que antes era un peso judicial y reputacional puede intentar convertirse ahora en discurso de reivindicación. Gonzalo puede presentarse ante la base peledeísta como alguien golpeado, resistido y finalmente reivindicado. En política, la victimización solo funciona cuando encuentra una base emocional dispuesta a creer que también fue perseguida. Y el PLD tiene una militancia que, desde 2020, se siente derrotada, señalada y desplazada.
Ese es el espacio de Gonzalo. No necesariamente el de la frescura política, sino el de la reparación. Puede decir que fue candidato en el momento más difícil del PLD, que cargó con el costo de la salida del poder, que enfrentó la ofensiva judicial y que ahora regresa con una especie de certificado de supervivencia. Para un partido que necesita recuperar orgullo, Gonzalo puede ser más útil que otros dirigentes con menos carga, pero también con menos conexión emocional con la derrota sufrida.
Su límite, sin embargo, es evidente. El PLD sigue tercero como partido. La encuestadora coloca al PRM con 31.6 % en intención de voto partidaria, Fuerza del Pueblo con 26.5 % y PLD con 20.1 %. Gonzalo puede ganar el PLD, pero todavía tendría que levantar al PLD. Esa es una tarea mayor. No basta con ser fuerte dentro de un partido reducido; hay que convertir esa fuerza interna en expansión electoral. El PLD necesita saber si Gonzalo es una solución de identidad o una solución de crecimiento.
Omar, Leonel y la transición que la Fuerza del Pueblo no puede evadir
En la Fuerza del Pueblo, el dilema es distinto. ACD Media muestra que, en población general, Omar Fernández supera a Leonel Fernández como preferencia presidencial dentro de la FP, con 54.1 % frente a 34.9 %. Pero entre miembros de la Fuerza del Pueblo, Leonel aparece ligeramente arriba con 50.8 %, frente a 48.4 % de Omar. Ese cruce es políticamente delicado. Omar tiene mejor rostro hacia fuera; Leonel conserva mando hacia dentro. Omar representa futuro; Leonel representa estructura. Omar puede crecer donde Leonel encuentra techo; Leonel puede ordenar donde Omar todavía no manda.
La pregunta de fondo es si Leonel Fernández está dispuesto a convertirse en gran elector de una transición o si insistirá en ser candidato una vez más. Si Leonel se mantiene como candidato, conserva la base dura de la Fuerza del Pueblo, pero arriesga proyectar una candidatura de retorno. Si impulsa a Omar, abre la puerta a una renovación opositora con menos rechazo y mayor atractivo generacional, pero tendría que aceptar una transferencia real de liderazgo. En partidos construidos alrededor de una figura fuerte, esa transición nunca es fácil.
Omar es hoy uno de los fenómenos políticos más interesantes del país. No carga con todo el pasado del PLD ni con todo el desgaste de Leonel, pero se beneficia de su apellido, su estructura y su plataforma. Su crecimiento no necesariamente niega a Leonel; lo obliga a decidir si quiere ser candidato o fundador de una nueva etapa. Ahí está el dilema de la Fuerza del Pueblo. El partido puede quedarse como vehículo de Leonel o convertirse en plataforma de Omar. Ambas cosas al mismo tiempo serán cada vez más difíciles.
Omar es hoy uno de los fenómenos políticos más interesantes del país. No carga con todo el pasado del PLD ni con todo el desgaste de Leonel, pero se beneficia de su apellido, su estructura y su plataforma. Su crecimiento no necesariamente niega a Leonel; lo obliga a decidir si quiere ser candidato o fundador de una nueva etapa. Ahí está el dilema de la Fuerza del Pueblo. El partido puede quedarse como vehículo de Leonel o convertirse en plataforma de Omar. Ambas cosas al mismo tiempo serán cada vez más difíciles.
Tres relatos para una elección que empezó temprano
El tablero general muestra una elección de tres relatos posibles. El PRM intentará vender continuidad renovada, probablemente alrededor de Collado si las tendencias actuales se consolidan, aunque con Abinader, Hipólito, Carolina, Guido y Raquel moviendo piezas decisivas. El PLD buscará vender reivindicación y retorno, con Gonzalo Castillo como figura que intenta transformar persecución, proceso judicial y visa restituida en capital político. La Fuerza del Pueblo tendrá que decidir entre la experiencia de Leonel y la renovación de Omar, o encontrar una fórmula que evite que esa tensión se convierta en fractura.
Nada está cerrado, pero algunas señales son visibles. El oficialismo sigue primero, aunque el país muestra cansancio. La oposición tiene espacio, pero todavía no tiene unidad. Collado lidera, pero no puede ignorar la estructura. Gonzalo resurge, pero debe demostrar que puede expandir al PLD. Omar crece, pero Leonel todavía manda. Hipólito no aparece en la encuesta, pero sigue siendo un actor con capacidad de gravitar. Guido no encabeza, pero representa una base que puede hacer ruido. Carolina no domina, pero conserva poder simbólico y partidario.
El 2028 empezó antes de tiempo. No lo abrió la Junta Central Electoral ni lo anunció formalmente ningún partido. Lo abrieron las encuestas, los tribunales, los pasillos del poder, las bases partidarias y esas conversaciones donde los dirigentes juran que no están en campaña, mientras se comportan como si ya estuvieran en plena competencia. La política dominicana entró en su fase de acomodamiento temprano, y quien no entienda ese movimiento puede descubrir demasiado tarde que las candidaturas no nacen cuando se proclaman, sino cuando el poder empieza a necesitarlas. Ya todos tienen el suyo, ¿o no?
El autor es Piloto, Abogado, Comunicador y Magister en Defensa y Seguridad Nacional.
affegutierrez@egae.mil.do










