
El 26 de mayo, Zelenski firmó un decreto que concede esa distinción a una unidad de élite de las fuerzas especiales ucranianas. El homenaje no pasó desapercibido porque el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) fue el brazo armado de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), un movimiento ultranacionalista que combatió en distintos momentos contra soviéticos, nazis y fuerzas polacas.
Sin embargo, el UPA es especialmente recordado en Polonia por las matanzas de civiles polacos y judíos en Volinia y Galicia Oriental. Historiadores polacos sostienen que decenas de miles de personas murieron en aquellas campañas de limpieza étnica, consideradas por el Estado polaco como un genocidio.
Un segundo gesto polémico
La polémica se intensificó porque un día antes Zelenski había participado en la ceremonia de reinhumación de Andrí Melnik, dirigente de una de las facciones de la OUN.
Melnik murió en Alemania en 1964 y había sido enterrado en Luxemburgo. Defendió la colaboración entre el nacionalismo ucraniano y la Alemania nazi durante la guerra.
Sus restos fueron trasladados a Ucrania y enterrados con honores de Estado en el Cementerio Militar Nacional, junto a soldados ucranianos caídos durante la guerra contra Rusia.
La imagen resultó especialmente controvertida porque Zelenski, de origen judío, ha destacado en numerosas ocasiones que su abuelo combatió contra el régimen nazi en las filas del Ejército Rojo.
Reacciones indignadas en Polonia
La respuesta en Polonia fue inmediata.
El expresidente Lech Wałęsa, histórico líder del sindicato Solidaridad, afirmó en redes sociales que se arrancó de la chaqueta la insignia con la bandera ucraniana al conocer el decreto. Aunque reiteró su apoyo a Ucrania frente a Rusia, aseguró que no podía respaldar esta decisión.
El ex primer ministro Leszek Miller comparó la medida con una hipotética decisión alemana de bautizar una unidad militar con el nombre de los Einsatzgruppen, los escuadrones de exterminio nazis.
Por su parte, el presidente polaco Karol Nawrocki pidió que se retire a Zelenski la Orden del Águila Blanca, la máxima condecoración estatal polaca, concedida en 2023 por el entonces presidente Andrzej Duda.
Nawrocki advirtió además de que la glorificación del UPA proporciona argumentos a la propaganda rusa, que desde el inicio de la invasión ha intentado justificar la guerra con la supuesta necesidad de «desnazificar» Ucrania.
Una herida histórica aún abierta
Las raíces del conflicto entre polacos y ucranianos se remontan al período posterior a la Primera Guerra Mundial.
Tras la desaparición de los imperios alemán, ruso y austrohúngaro, la nueva Polonia independiente incorporó territorios orientales donde vivía una importante minoría ucraniana.
Muchos nacionalistas ucranianos consideraban que Varsovia les negaba el derecho a construir su propio Estado. Esa tensión alimentó movimientos independentistas que, durante la Segunda Guerra Mundial, vieron en la Alemania nazi una posible aliada contra Polonia y la Unión Soviética.
Las dos principales corrientes de la OUN estaban lideradas por Andrí Melnik y por Stepán Bandera, una figura que sigue siendo extremadamente polémica.
Con el avance soviético a partir de 1944, el UPA emprendió una campaña para expulsar a la población polaca de las regiones fronterizas, episodios que Varsovia considera hoy un genocidio.
Dos visiones irreconciliables
Mientras en Polonia estas figuras están asociadas a crímenes de guerra y limpieza étnica, en parte de Ucrania son vistas como símbolos de resistencia frente al dominio soviético y ruso.
La profesora Lesia Bidochko, de la Universidad Kyiv-Mohyla, sostiene que muchas de estas figuras han adquirido un valor más simbólico que histórico.
Según explica, para numerosos ucranianos representan la lucha por la independencia nacional y sirven como una forma de desafío político frente a Rusia. Ese componente emocional suele pesar más que el análisis detallado de su papel durante la guerra.
La invasión rusa ha reforzado además el interés por reivindicar a personajes que lucharon por una Ucrania independiente, aunque su legado esté marcado por graves controversias históricas.
¿Qué busca Zelenski?
La decisión también tiene una dimensión política interna.
Tras más de cuatro años de guerra, Ucrania sigue enfrentando dificultades para movilizar nuevos soldados. Algunos analistas consideran que los gestos hacia sectores nacionalistas podrían buscar fortalecer el apoyo de grupos especialmente movilizados dentro de la sociedad y del ejército.
Entre ellos destaca el movimiento Azov, que lleva años promoviendo la rehabilitación pública de figuras ultranacionalistas.
Y todo apunta a que el proceso continuará.
Las autoridades ucranianas preparan el retorno de los restos de Yevhén Konovalets, asesinado por un agente soviético en 1938 en Rotterdam. Además, medios ucranianos informan de esfuerzos para repatriar también los restos de Bandera, enterrado actualmente en Múnich.
Durante la ceremonia de homenaje a Melnik, Zelenski dejó clara su intención:
«Esto es solo el primer paso».
Y añadió:
«Estoy agradecido a todas las personas que hicieron posible el regreso de grandes figuras ucranianas y que el pueblo ucraniano pueda contar con su propio panteón de héroes».
Clave geopolítica
Para Polonia, principal aliado europeo de Ucrania desde la invasión rusa, este asunto toca una de las cuestiones históricas más sensibles de su memoria nacional. Aunque es improbable que provoque una ruptura entre ambos países mientras continúe la guerra, sí añade tensión a una relación estratégica que ya había sufrido fricciones por cuestiones agrícolas, comerciales e históricas.
La controversia refleja un dilema cada vez más visible en Ucrania: cómo construir una narrativa nacional de resistencia e independencia sin ignorar los episodios más oscuros de algunas de las figuras elevadas hoy a la categoría de héroes nacionales.
*Artículo adaptado de su original en inglés










