
A las afueras de París se encuentra el mercado de antigüedades más grande del mundo. Saint-Ouen recibe cada año a miles de visitantes en busca de muebles históricos, objetos de colección, piezas de diseño y alta costura vintage. En esta edición recorremos este emblemático espacio para descubrir cómo conviven el lujo, la historia y los tesoros escondidos que han convertido al famoso mercado de las pulgas en uno de los grandes referentes del coleccionismo mundial.
Para Whitney, una turista estadounidense llegada desde Florida, recorrer Saint-Ouen es hacer realidad un sueño: encontrar verdaderos tesoros escondidos entre sus pasillos.
En esta experiencia la acompaña Riad Kneife, un asesor que desde hace 25 años guía a clientes en este inmenso laberinto de antigüedades y objetos de colección. ¿la joya del día? Un vestido vintage de Chanel valorado en 3.300 euros.
La visitante queda fascinada con la variedad que ofrece el mercado: muebles antiguos, piezas de diseño contemporáneo, obras de arte, joyas, objetos curiosos y perfumes de colección. Con alrededor de 1.500 comerciantes, Saint-Ouen tiene una oferta capaz de satisfacer todos los gustos y también distintos presupuestos.
De los recolectores de objetos a un referente del diseño
Los orígenes de este mercado se remontan a finales del siglo XIX, cuando los antiguos recolectores de objetos desechados, expulsados de París, comenzaron a instalarse en Saint-Ouen.
Fue también la época en que el prefecto de la capital francesa, Eugène Poubelle, transformó el sistema de higiene urbana al establecer la recolección de residuos en recipientes cerrados, dando origen al término poubelle, es decir, basurero en español.
A partir de la década de 1920, la actividad comenzó a consolidarse y organizarse. En la actualidad, el mercado está formado por doce recintos independientes, cada uno con una identidad y una especialidad propias que aspira a ser patrimonio de la humanidad de la Unesco.










