Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de millones de niñas, niños y adolescentes alrededor del mundo. Su presencia desde edades cada vez más tempranas ha abierto una discusión sobre cómo pueden influir en su bienestar y hasta dónde deberían intervenir las familias, las plataformas y los gobiernos.
Esta preocupación ha llevado a algunos países a establecer límites. Recientemente Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en aprobar una ley que prohibirá el acceso a redes sociales a menores de 15 años, mientras que Australia implementó a finales de 2025 una restricción para menores de 16. En México el gobierno federal anunció el inicio de un debate nacional para construir una propuesta legislativa que ayude a proteger el bienestar físico y mental de las infancias en espacios digitales.
La discusión suele partir de esta idea: si las redes están relacionadas con ansiedad, depresión, baja autoestima o conductas difíciles de controlar, limitar su uso debería proteger la salud mental, pero la evidencia ofrece una respuesta más compleja. Hay riesgos bien documentados, pero también preguntas que la ciencia todavía no puede responder con certeza.
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La generación algoritmo: ¿Debemos prohibir las redes para las infancias?
En esta entrega especial, WIRED en Español reúne evidencia científica, experiencias de familias, debates sobre regulación y perspectivas de especialistas para entender cómo las plataformas digitales están transformando la infancia y qué alternativas existen para protegerla sin perder de vista sus derechos.
Lo que la evidencia sostiene con mayor claridad
Las redes pueden “robarle” horas al sueño
El problema empieza cuando el celular prolonga el día. Revisar una última notificación, responder un mensaje o seguir viendo contenido puede retrasar la hora de dormir y reducir el tiempo total de descanso.
Una revisión publicada en Pediatrics encontró que el uso de pantallas entre niñas, niños y adolescentes se relacionaba de manera consistente con acostarse más tarde y dormir menos. No es el único costo: el tiempo conectado también puede restarle espacio al ejercicio, el juego, las tareas escolares o la convivencia presencial.
Dormir menos puede afectar el estado de ánimo, la atención y el desempeño escolar. Por eso, la Asociación Estadounidense de Psicología recomienda evitar que el uso de redes interfiera con el descanso y la actividad física.
Uso problemático no significa usar mucho
Pasar varias horas conectado, por sí solo, no basta para hablar de uso problemático. La señal de alerta aparece cuando cuesta controlar el tiempo en la plataforma, hay malestar al desconectarse y empiezan a descuidarse tareas, relaciones u otras actividades del día a día.
La Organización Mundial de la Salud calculó que 11% de los adolescentes consultados en 44 países y regiones de Europa, Asia Central y Canadá presentaba señales de uso problemático en 2022, frente a 7% cuatro años antes. El aumento no indica que todas las personas que usan redes con frecuencia desarrollen una dependencia, pero sí que creció el grupo con dificultades para controlar su uso.
El diseño de las plataformas también puede reforzar el hábito de permanecer conectado. Un estudio publicado en Nature Communications encontró que las personas tendían a publicar de nuevo más rápido después de recibir más “me gusta”. Los investigadores interpretaron este comportamiento como un patrón de aprendizaje por recompensa, ya que una respuesta positiva puede aumentar la probabilidad de repetir una acción.
La comparación puede cambiar la forma de mirarse
En redes sociales, la comparación está presente todo el tiempo. Filtros, fotografías editadas y contenidos centrados en la apariencia pueden convertir cuerpos poco realistas en una referencia e impactar en la forma en que un menor percibe el suyo.
El problema aparece cuando esas imágenes dejan de verse como una excepción y empiezan a funcionar como una medida personal. Una revisión publicada en Adolescent Research Review encontró que la exposición a cuerpos delgados, atléticos o idealizados puede aumentar la insatisfacción corporal, sobre todo cuando las personas se comparan con ellos.

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