
Maté se convierte en un chiste recurrente a lo largo de la conversación; un alter ego ecuánime al que Waters recurre una y otra vez. “Voy a intentar canalizar a mi Gabor Maté interior y calmarme un poco”, dice en un momento. “Él nunca alza la voz. Deja en evidencia a la gente sin piedad, pero de una forma muy tranquila y serena”.
Waters lleva casi dos décadas como defensor acérrimo de los derechos de los palestinos. Junto a ese activismo han surgido repetidas acusaciones de antisemitismo por parte de organizaciones como la Campaign Against Antisemitism (CAA), con sede en el Reino Unido, que él ha rechazado sistemáticamente.
Waters comparte que las acusaciones lo han perseguido durante años. Al recordar las secuelas de los conciertos que ofreció en Londres el 8 y 9 de octubre de 2023, cuenta que, tras la publicación de un vídeo por parte de la CAA, tuvo dificultades para encontrar alojamiento durante su gira por Sudamérica. “He sufrido graves ataques contra mí, como, por ejemplo, que me dijeran: ‘No puedes alojarte en nuestro hotel’, eso ocurre por toda Sudamérica; no en todas partes, pero sí en Argentina, Uruguay y Colombia”, comparte.
Cuando se le pregunta qué les dice a quienes siguen viendo su obra a través del los lentes del antisemitismo, Waters no se anda con rodeos: “Que se vayan a la mierda, esa es mi respuesta”.
“Exacto”, dice Miari a su lado.
Waters continúa, con frustración evidente en su tono. “No tengo ni un gramo de antisemitismo en mi cuerpo, nunca lo he tenido y nunca lo tendré. Francamente, me importa una mierda cuál sea tu religión. No me interesa. Lo que me interesa son los derechos humanos de mis hermanos y hermanas, sean quienes sean. El color de la piel, la religión, la nacionalidad, la política… Me da completamente igual”.
Casi al instante, la intensidad se calma. “Perdón por haberme acalorado un poco”, dice.
“Sabes que me encanta”, se ríe Miari.
Miari, sin embargo, no llegó a “Comfortably Numb Re-Imagined” como una activista que se suma a una causa. Llegó como alguien que lo ha vivido en persona. “No participo en la causa. Yo soy la causa”, declara.
“Es de donde vengo. Es mi historia. Así que ni siquiera tengo la opción de participar. No me influye. Es lo que llevo dentro de mí”.
Esa distinción marcó la colaboración. Waters no habla árabe, pero afirma que entendió la interpretación de Miari mucho antes de comprender sus palabras.
Cuando se le preguntó qué le enseñó escuchar cantar a Miari sobre la música como un lenguaje más allá de las palabras, Miari sonrió. “Me encanta esta pregunta”, dice.
La respuesta de Waters no tiene que ver en absoluto con el lenguaje. Se trata del reconocimiento. “Está claro que, cuando te oí cantar… la expresión de la emoción (simplemente por cómo te mostrabas), las melodías, para empezar, y la forma en que las interpretabas, transmitían un mensaje que era, sin lugar a dudas, angustioso y conmovedor”, le dice.









