Cuando pensamos en trabajos donde existe exposición a radiación, probablemente imaginamos una central nuclear, un laboratorio o una sala de rayos X. Pero un nuevo estudio mostró que las profesiones que encabezan la lista están en otro lugar: a miles de metros de altura. Los tripulantes de vuelo ocupan el primer lugar y los pilotos el segundo entre las ocupaciones con mayor proporción de muertes por cánceres relacionados con radiación en Estados Unidos.
El estudio, publicado el 17 de agosto en JAMA Internal Medicine, analizó más de 12.7 millones de muertes registradas en Estados Unidos entre 2020 y 2024 y comparó 503 ocupaciones. Después de ajustar factores como edad, sexo, origen étnico, educación y estado civil, alrededor de 6.9% de las muertes entre tripulantes de cabina y 6.7% entre pilotos correspondieron a este grupo de cánceres.
La radiación que aumenta con la altura
Los rayos cósmicos están formados por partículas de alta energía procedentes del Sol y de otras regiones del espacio. La atmósfera terrestre ayuda a protegernos de esta radiación, pero esa protección disminuye conforme aumenta la altitud.
Los aviones comerciales suelen volar por encima de los 30,000 pies, es decir, aproximadamente 9,100 metros, donde pilotos, tripulantes y pasajeros reciben una dosis mayor de radiación ionizante que a nivel del mar. Este tipo de radiación tiene suficiente energía para dañar el ADN y, cuando la exposición se acumula, puede contribuir al desarrollo de cáncer.
La relación entre radiación ionizante y algunos tipos de cáncer está establecida desde hace años. Una revisión científica publicada en 2022 señala que existe evidencia suficiente para considerar a la radiación ionizante un factor causal de varios tipos de cáncer, entre ellos los de mama, glándulas salivales, esófago, estómago, colon, pulmón, hueso, riñón, vejiga, cerebro y sistema nervioso central, tiroides y piel no melanoma.
Para otros tumores, como el cáncer de próstata, se han encontrado asociaciones que todavía no alcanzan el nivel necesario para establecer causalidad, mientras que en el caso del melanoma, la evidencia tampoco es concluyente.
El estudio de JAMA Internal Medicine estima que pilotos y tripulantes pueden acumular entre 3 y 6 milisieverts (mSv) de radiación cósmica al año, aunque depende de las rutas que realizan. El millisievert es una unidad utilizada para expresar la dosis de radiación y su posible efecto sobre el organismo.
No todos los vuelos implican la misma exposición. El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (NIOSH, por sus siglas en inglés) explica que esta puede aumentar en vuelos muy largos, en rutas de latitudes altas o que pasan sobre los polos. La cantidad de radiación también puede variar debido a fenómenos solares como una erupción solar.
¿Cómo relacionaron las muertes con la radiación?
Para el análisis, los investigadores agruparon distintos tipos de cáncer relacionados con la exposición a radiación y compararon cómo aparecían entre las 503 ocupaciones estudiadas. Entre pilotos y tripulantes de cabina encontraron una mayor mortalidad por cáncer de mama, próstata y sistema nervioso central, así como melanoma, mientras que en los pilotos también identificaron una mayor mortalidad por leucemia.
El equipo hizo además otras comparaciones para saber si ese patrón aparecía específicamente en trabajos con exposición a radiación. Pilotos y tripulantes quedaron en los primeros lugares en muertes por cánceres incluidos en esa categoría, pero cerca de la mitad de la clasificación cuando se analizaron otros tipos de cáncer.
Algo parecido ocurrió al comparar distintas profesiones. Los tecnólogos nucleares, que también pueden estar expuestos a radiación en su trabajo, ocuparon el puesto 12, mientras que empleados de la industria aérea que permanecen principalmente en tierra, como mecánicos y ensambladores de aeronaves, no mostraron cifras elevadas.
El estudio no puede aislar una sola causa
Una de las principales limitaciones es que los investigadores no conocían la dosis de radiación recibida por cada persona a lo largo de su carrera. El análisis se basó en la ocupación habitual consignada en los certificados de defunción, información que además puede contener errores.
Trabajar en un avión también implica otras exposiciones difíciles de separar. Pilotos y tripulantes viajan a través de diferentes zonas horarias, trabajan de noche y modifican sus ciclos de sueño, lo que altera el ritmo circadiano del organismo. El NIOSH incluye estas alteraciones entre los factores que podrían contribuir a las diferencias observadas en algunos cánceres entre las tripulaciones aéreas, aunque todavía no está claro cuánto aporta cada uno al riesgo.














