«¡Vamos a recuperar nuestro país, amigos!». Con esas palabras, Ulrich Siegmund arengó a un grupo de seguidores, que lo recibió entre aplausos y vítores a su llegada al centro de votación en la turística población de Tangermünde.
El candidato a primer ministro del estado federado de Sajonia-Anhalt se ilusiona con llevar a Alternativa para Alemania (AfD) a formar el primer gobierno de extrema derecha a nivel estatal en el país desde la Segunda Guerra Mundial.
El innegable crecimiento del partido ultraderechista en Alemania ha tenido, hasta ahora, un techo: comandar el Ejecutivo de un Land, una aspiración que depende de conseguir la mayoría absoluta porque, de otra forma, quedaría aislado por la negativa del resto de las fuerzas a integrarse a una coalición.
De hecho, la AfD ya ha terminado en lo más alto de una elección estatal, hace dos años en la vecina Turingia, en el este de Alemania, pero no pudo formar gobierno, con la Unión Cristianodemócrata (CDU) de centro-derecha finalmente tomando el poder con una alianza en minoría.
De todos modos, Siegmund también ha señalado que solo está dispuesto a gobernar si la AfD obtiene esa mayoría absoluta, argumentando que es necesario romper con lo que considera un patrón de partidos que incumplen sus promesas preelectorales.
Las ilusiones del carismático político de 35 años tienen de su lado unos sondeos que lo han ubicado en torno al 41% de los votos y su aparentemente férrea decisión persigue el objetivo de movilizar a los votantes descontentos con el Gobierno nacional de Friedrich Merz y con su partido CDU, que gobierna en Sajonia-Anhalt desde hace 24 años.
Aunque el porcentaje exacto para constituir una mayoría absoluta dependerá de cuántos partidos superen el umbral mínimo del 5% necesario para entrar al Parlamento –diseñado, en parte, para dificultar que una sola fuerza gobierne en solitario–, Siegmund se ha trazado la meta de alcanzar o superar el 45% de los sufragios.
Un «caso seguro de extremismo», con el foco en medidas contra la inmigración
La rama de Sajonia-Anhalt de la AfD es considerada una de las más radicales de la formación que, tras 13 años de existencia, persigue una histórica victoria para catapultar sus aspiraciones de cara a la próxima elección federal en 2029.
Aunque los servicios secretos alemanes han calificado a la AfD de ser un «caso seguro de extremismo de derechas», su popularidad no ha hecho más que crecer entre los habitantes de ese estado, en el que la AfD obtuvo su primera alcaldía en 2023, con la victoria en el pequeño municipio de Raguhn-Jessnitz.
En este estado de la antigua Alemania Oriental comunista, la extrema derecha ha sabido capitalizar el sentimiento arraigado de muchos de sus habitantes de ser históricamente relegados por las élites políticas de la parte occidental desde la reunificación del país en 1990.
Si bien en muchos índices el desarrollo del este de Alemania se ha equiparado al del resto del país, el descontento prevalece en buena parte de los 2,14 millones de habitantes de Sajonia-Anhalt, la mayoría de los cuales vive en pequeñas localidades o zonas rurales, con apenas dos ciudades por encima de los 100.000 residentes: la capital Magdeburgo (245.000) y Halle (226.000).
Siegmund ha buscado capitalizar la nostalgia por un pasado común y por los rasgos identitarios del este alemán con la utilización de un scooter azul Schwalbe de la marca Simson, conocido como ‘la Vespa de Alemania Oriental’, un modelo que perdura 35 años después de la reunificación.
A bordo de ese vehículo llegó a votar este domingo en Tangermünde y en él prometió trasladarse hasta la oficina del primer ministro, si es elegido.
Ante votantes y curiosos, Siegmund destacó lo que califico de «un espíritu de optimismo y esperanza» y «de renovación, de impulso hacia adelante», sensaciones que, según él, no se ven hace tiempo en Alemania y son lo que necesita el país.
Asimismo, prometió «cerrar las brechas que nos separan» en Alemania entre este y oeste, y entre las diferentes ideologías. «Debemos volver a estar unidos. Es increíblemente importante. Y este día comienza aquí y ahora, el 6 de septiembre, en Sajonia-Anhalt», sentenció.
«No podemos avergonzarnos siempre de nuestra historia. No tenemos ninguna culpa de ella»
Fuera de discursos y simbolismos, Siegmund ha prometido, entre otras medidas, una «ofensiva de deportaciones y remigración» –es decir, la expulsión de personas con antecedentes migratorios– y una ayuda económica por nacimiento para los niños que tengan al menos uno de sus progenitores con pasaporte alemán.
También ha indicado que impulsará la prohibición de las banderas arcoiris del orgullo LGBTQ en las escuelas públicas y el fin de los nuevos parques eólicos.
Además, propone otras reformas en la educación que expertos han catalogado de peligrosas porque, entre otras cosas, buscan minimizar la relevancia del estudio del nazismo en las escuelas. «No podemos avergonzarnos siempre de nuestra historia. No tenemos ninguna culpa de ella», afirmó durante el debate del 3 de septiembre en la televisión pública ZDF.
Su potencial reforma educativa defiende, asimismo, que se elimine el aprendizaje conjunto de niños con y sin discapacidad, que los refugiados y migrantes sin conocimientos suficientes del idioma sean segregados en clases separadas o que se reintroduzca la recomendación vinculante de trayectoria escolar después de la escuela primaria, para determinar qué colegio secundario se adapta mejor al nivel y el rendimiento del alumno.
Leer tambiénAlemania: ¿qué implica la clasificación de AfD como un «caso seguro de extremismo de derechas»?
La CDU se aferra a que una alta participación le beneficie
Si la AfD no consigue una mayoría absoluta, la CDU se perfila para mantener el poder bajo el liderazgo del actual primer ministro estatal Sven Schulze, aunque la formación de un gobierno estable asoma como una tarea complicada.
Segundo en las encuestas con alrededor de un 23% de la intención de voto, la CDU apuesta a aislar a la AfD, formando un ‘brandmauer’, un cortafuegos con otras fuerzas políticas para evitar el ascenso de la extrema derecha.
Actualmente, Schulze comanda un Ejecutivo integrado por la CDU, el Partido Socialdemócrata (SPD) y los liberales del FDP. Sin embargo, de acuerdo con los sondeos, esta última formación quedaría fuera del Parlamento regional por no superar el límite del 5%.
Tanto las opciones de la AfD de conseguir una mayoría absoluta como las del CDU de formar una coalición propia estarán determinadas por los partidos que consigan cruzar ese umbral.
Y es que en tercer lugar en la intención de voto aparece La Izquierda, con alrededor del 11% de los apoyos, una formación con la que el CDU ha rechazado aliarse, según lo dispuesto por el congreso del partido en 2018.
Así, la fórmula más viable para la CDU sería formar una coalición con el SPD (4º en las encuestas, con un 8%) y Los Verdes (5º, con 6%), aunque tampoco tendría una mayoría absoluta de escaños, por lo que dependería de algún tipo de respaldo tácito o puntual de La Izquierda para gobernar en minoría.
Estos cálculos, sin embargo, cuentan con la incertidumbre del desempeño de la BSW, una formación de izquierda radical y antiinmigración liderada por Sahra Wagenknecht, que ha rechazado contribuir a la reelección de Schulze y no ha descartado un apoyo a la AfD. De todos modos, los pronósticos sugieren que no lograría entrar al Parlamento.
Leer tambiénAlemania: miles de personas se manifiestan antes de unas elecciones que se ven favorables a la ultraderecha
En las difíciles matemáticas, la CDU se aferra a verse beneficiado por una alta participación, que, en el primer corte entregado por las autoridades electorales estatales, superaba con creces la registrada en los comicios de 2021: al mediodía habían votado 34,72% de los votantes elegibles, en comparación con el 22,4% registrado en la anterior elección.
Tras emitir su sufragio en Magdeburgo, Schulze deseó «poder celebrar una alta participación hoy» y anticipó que «el resultado final probablemente no se conocerá hasta muy tarde, debido a la enorme participación en el voto por correo, que también deberá ser contabilizado».
El líder regional de la CDU reconoció que «ha sido un período difícil» y «realmente agotador, tanto física como mentalmente, más que en cualquier otra campaña electoral en Sajonia-Anhalt», pero subrayó que aguarda «con ilusión» el resultado que «ahora, depende del pueblo».
Con Reuters, AP y EFE












