Estados Unidos e Irán protagonizaron este 5 de septiembre un nuevo intercambio de fuego en medio de una reciente escalada, que inició el lunes pasado con los primeros ataques estadounidenses desde julio.
Mientras Washington intenta minimizar la importancia del conflicto y busca supuestamente apelar al estrangulamiento económico de Teherán mediante sanciones y el contrabloqueo del estrecho de Ormuz, estos ataques cruzados amenazan con relanzar una guerra estancada luego de seis meses.
El Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmó haber apuntado contra tres buques cisterna que, asegura, están vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), a la que acusó de disparar previamente contra barcos de guerra estadounidenses.
En su comunicado, el CENTCOM afirmó que «tras los ataques fallidos de Irán», sus fuerzas «inutilizaron permanentemente» los barcos M/T Downy, frente a la costa de la isla de Kharg, y M/T Stark 1, cerca de Jask, al este de Ormuz.
Además, añadió la nota, «destruyeron por completo» el M/T Kylo en el Golfo de Omán, luego de ordenar a su tripulación que «abandonen el barco».
De acuerdo al Ejército estadounidense, los tres navíos «formaban parte de una red clandestina multimillonaria que financia al CGRI y sus aliados regionales» y quedaron en llamas tras el impacto de los proyectiles, según se pudo observar en un video publicado por el CENTCOM.
Siempre bajo la versión de la entidad castrense, su ataque ocurrió luego de que un portaaviones y un destructor estadounidenses eludieran previamente «múltiples ataques iraníes no provocados» mientras patrullaban en la región, sin que ningún militar estadounidense resultara herido.
«Que el mensaje a la Guardia Revolucionaria Islámica sea claro: si disparan a dos de nuestros barcos, impondremos un costo económico aún mayor, eliminando tres de los suyos. No dudaremos en defender a las fuerzas estadounidenses, y si es necesario, destruir la flota petrolera limitada y expuesta de Irán», afirmó el almirante Brad Cooper, comandante del CENTCOM.
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Las amenazas de Trump sobre la isla de Kharg
Antes de que se conociera el mensaje del CENTCOM, los reportes de medios iraníes sobre explosiones cerca de la estratégica isla de Kharg alimentaron el temor de que el lugar, que alberga el principal centro de exportación de petróleo de Irán, hubiera sido objetivo de un ataque estadounidense.
Finalmente, la televisión estatal iraní informó que cuatro misiles estadounidenses impactaron un petrolero a unos diez kilómetros de la isla de Kharg, mientras que, luego del comunicado estadounidense, reportó que otros dos buques cisterna habían sido atacados, y sus tripulaciones habían sido evacuadas.
En un mensaje difundido por los medios estatales, el alto mando militar iraní advirtió que intensificará los ataques contra buques de guerra de Estados Unidos si continúa el bloqueo naval y que podría expandir sus bombardeos en la región si se mantiene el «acoso» estadounidense contra los navíos iraníes.
Por otra parte, en un hecho no relacionado con el conflicto bélico, diez personas murieron en el oeste de Irán por la explosión de un transporte de combustible que sufrió una falla en su sistema de frenos y protagonizó un choque en la autopista entre Hamedan y Sanandaj, según confirmó el gobernador local a la prensa iraní.
En este contexto de renovadas agresiones y con Washington apuntando a ahogar económicamente a Irán, la isla de Kharg, atacada varias veces en los seis meses de conflicto, ha vuelto a estar en el centro de las amenazas.
El 31 de agosto pasado, en un breve mensaje publicado en sus redes sociales, el presidente estadounidense Donald Trump publicó un video generado por inteligencia artificial y afirmó que el estratégico sitio estaba siendo «reducido a escombros», lo que motivó que Teherán prometiera una contundente respuesta si Kharg es atacada.
No fue la primera vez que Trump se refirió a la isla. El 11 de junio, el republicano había declarado su intención de tomar el control de Kharg, pero luego señaló que una operación militar estadounidense en la zona quedaba descartada por el momento, días antes de la firma del memorando de entendimiento que debía marcar el inicio del fin de la guerra.
Se ha especulado con que un ataque estadounidense pondría aún más presión sobre la industria petrolera iraní, cuyos flujos se han visto afectados por el bloqueo estadounidense en Ormuz, y a la economía iraní en general.
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Entre la escalada y minimizar la guerra
Esta escalada, todavía contenida, resulta llamativa cuando la Administración de Donald Trump ha intentado, últimamente, defender su estrategia de presión económica como la mejor vía para forzar a Irán a ceder en eventuales negociaciones y minimizar los efectos de un conflicto impopular y virtualmente estancado luego de seis meses.
El vicepresidente J.D. Vance incluso aseguró el jueves que él «no lo llamaría una guerra» y sostuvo que «en este momento no hay disparos activos», a pesar que desde el lunes se han registrado intercambios de fuego.
El propio Trump respaldó esa posición y calificó la guerra de «papas pequeñas», una forma despectiva de situarlo como un asunto menor y que «no es gran cosa».
A sabiendas de que los precios del combustible y la repercusión en el costo de vida de los estadounidenses puede dañar las posibilidades de los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre, Washington ha buscado instalar la idea de que EE. UU. controla la situación en el estrecho de Ormuz y está facilitando la circulación de petróleo por esa vía, aunque el flujo se mantiene muy por debajo de los niveles previos a la guerra.
En este contexto, un mes de relativa calma se rompió el lunes cuando Estados Unidos reanudó sus ataques en el estrecho de Ormuz y las comunidades iraníes que lo bordean, causando la muerte de al menos cinco personas en ataques en el sur de Irán, incluyendo un bombardeo que alcanzó una boda el martes por la noche.
El jueves, Teherán afirmó que sus fuerzas armadas atacaron bases militares estadounidenses en Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, y prometió vengar las muertes de cuatro civiles, reportadas por la Media Luna Roja iraní en la fiesta de matrimonio.
Aunque Estados Unidos anunció la apertura de una investigación, Vance se mostró «escéptico» sobre la posibilidad de que el bombardeo estadounidense haya impactado en esa celebración.
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Sin embargo, Masoumeh Zarei, de 13 años y herida en el ataque, le contó a la agencia AP que estaba en camino a la fiesta cuando se produjo el impacto del ataque estadounidense en una torre de telecomunicaciones y perdió el conocimiento. Su siguiente recuerdo fue despertar en el hospital.
Su amiga, Kiana Karimi, de 14 años, se encuentra en cuidados intensivos y también le explicó a AP que escuchó cinco explosiones.
«Las tres primeras explosiones en la torre de telecomunicaciones nos tiraron al suelo –detalló Karimi–. Me levanté rápidamente para ayudar a mis hermanos a levantarse. Luego hubo dos explosiones más, y después de eso no recuerdo nada».
Con Reuters, AP y AFP













