“No podemos ser meros espectadores”. Con un discurso frontal, de su ministro de Relaciones Exteriores, Ed Miliband, Reino Unido dio este martes 8 de septiembre un nuevo giro a su política hacia Israel.
El Gobierno británico anunció que prohibirá la importación de productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada y ampliará las restricciones contra empresas y particulares que contribuyan a su expansión.
“El Gobierno británico reconoce que se está produciendo una limpieza étnica de palestinos en zonas de Cisjordania perpetrada por terroristas colonos»
Pero el alcance político del anuncio fue más allá de una medida comercial. Ante el Parlamento británico, el ministro de Asuntos Exteriores, Ed Miliband, afirmó que el Gobierno considera que la ocupación israelí de Cisjordania es “ilegal” y utilizó uno de los términos más contundentes empleados hasta ahora por Londres para describir la situación sobre el terreno.
“El Gobierno británico reconoce que se está produciendo una limpieza étnica de palestinos en zonas de Cisjordania perpetrada por terroristas colonos (…) Hoy nos negamos a ser meros espectadores ante el sufrimiento continuo”, declaró.
Además, Miliband acusó al Gobierno israelí de haber hecho la vista gorda ante esa situación y señaló que algunos de sus miembros han realizado declaraciones y adoptado medidas que, según Londres, favorecen el desplazamiento forzado de palestinos. “Se han demolido viviendas, destruido carreteras e infraestructura pública y desplazado familias de sus hogares”.
El ministro aseguró que Reino Unido siente una “profunda vergüenza” por lo ocurrido en los territorios palestinos ante la mirada de la comunidad internacional: “Hoy nos negamos a ser meros espectadores ante el sufrimiento continuo y la destrucción de la solución de dos Estados”.
“Lo hago como un judío británico orgulloso”
En su intervención ante el Parlamento, Miliband dedicó parte de su discurso a explicar su propia relación con Israel y con la historia del pueblo judío. “Quisiera hacer una declaración sobre Israel y Palestina. Lo hago como un judío británico orgulloso, profundamente agradecido al Estado de Israel por haber dado un hogar a mi abuela después de que perdiera a su esposo, mi abuelo, y a otros 60 familiares a manos de los nazis”.
Miliband recordó también sus visitas a Israel durante la infancia y su vínculo familiar con el país. “Algunos de mis recuerdos más felices de la infancia son los de cuando recogía naranjas en el kibutz donde vivían mis primos”.
A continuación, defendió el derecho de Israel a existir como patria del pueblo judío: “A todos, aquí o en cualquier parte del mundo, que cuestionen el derecho de Israel a existir como patria para el pueblo judío: están equivocados, y los denunciaremos cada vez que intenten borrar a Israel de la historia”.
Su argumento fue que la crítica británica está dirigida contra las políticas del Gobierno israelí, no contra Israel como Estado.
“La ocupación es ilegal debido al afianzamiento del control israelí”
El anuncio supone también un cambio relevante en la posición oficial británica. Hasta ahora, Londres había sostenido que los asentamientos israelíes eran ilegales, pero Miliband afirmó que el Gobierno británico reconoce ahora como ilegal la ocupación de Cisjordania en su conjunto.
“Durante mucho tiempo, el Gobierno británico ha afirmado, con razón, que los asentamientos son ilegales, pero hemos guardado silencio sobre la legalidad de la ocupación en su conjunto, que en 2024 la Corte Internacional de Justicia declaró ilegal”.
Y añadió: “Hoy anuncié que la postura oficial del Gobierno británico es que la ocupación es ilegal debido al afianzamiento del control israelí, su intención de extender la soberanía permanente y su agenda expansionista mediante asentamientos ilegales”.
Según Miliband, esa posición debe tener consecuencias también en las relaciones económicas. “La legalidad de la ocupación, según la ONU, debe reflejarse en las relaciones económicas que elegimos mantener con los territorios ocupados”.
El Gobierno británico sostiene, al mismo tiempo, que sus medidas no están dirigidas contra Israel como país ni contra su población. “Nuestra discusión no es con el pueblo de Israel, con quien el Reino Unido mantiene una relación inquebrantable. Nuestro argumento es sobre la conducta de su Gobierno”.
¿En qué consisten las sanciones?: impacto económico limitado, pero fuerte carga política
La principal medida anunciada por Londres es la prohibición de importar productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania. La nueva legislación, según Miliband, entrará en vigor en un plazo de entre seis y nueve meses.
La medida afectará principalmente a productos agrícolas, entre ellos dátiles, cítricos, hierbas aromáticas y vino. Su impacto económico directo será previsiblemente limitado, ya que las exportaciones procedentes de los asentamientos representan una fracción pequeña del comercio total entre Reino Unido e Israel.
“Se enfrentarán a todo el peso de las sanciones de Reino Unido”
Londres también anunció restricciones contra empresas y particulares que contribuyan a la expansión de los asentamientos mediante actividades como construcción, financiación, infraestructura, bienes raíces o prestación de servicios.
Miliband advirtió: “Se enfrentarán a todo el peso de las sanciones de Reino Unido”. El Gobierno británico también prohibirá la publicidad de asentamientos considerados ilegales. Además, Londres endurecerá las restricciones relacionadas con la exportación de armas y otros productos hacia Israel. Miliband subrayó que Reino Unido rechazará las solicitudes de licencia para productos que contribuyan “de forma sustancial” a la ocupación.
El ministro anunció asimismo sanciones inmediatas contra varios colonos extremistas a los que acusa de haber apoyado actos de violencia.
La prohibición comercial tiene una dimensión principalmente política y simbólica. Varios diplomáticos señalan que puede resultar complicado identificar algunos productos de los asentamientos cuando forman parte de cadenas de producción más amplias. Además, el volumen de bienes afectados es reducido en comparación con los aproximadamente 6.000 millones de libras de comercio bilateral anual entre Reino Unido e Israel.
El ministro británico de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden, insistió en que Israel seguirá siendo un socio comercial importante para Reino Unido.
La cuestión central para Londres, por tanto, no es el volumen comercial, sino enviar una señal contra la expansión de los asentamientos y tratar de preservar la posibilidad de crear un Estado palestino.
Francia y Canadá se suman a las sanciones de otros diez países
El movimiento británico llegó acompañado de anuncios de Francia y Canadá. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, anunció que su país iniciará el proceso para prohibir los productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada.
“Francia pondrá fin a su comercio con los asentamientos israelíes en Palestina, junto con otros 11 países que también han emprendido acciones similares”.
Barrot justificó la decisión por lo que describió como una situación cada vez más peligrosa en Cisjordania: “Cisjordania está al borde del estallido: hay una expansión desenfrenada de los asentamientos, un recrudecimiento de la violencia contra los palestinos por parte de colonos extremistas y actos terroristas que han sido reprimidos por las propias autoridades israelíes”.
Canadá también anunció la prohibición del comercio de productos fabricados en los asentamientos.
La ministra canadiense de Asuntos Exteriores, Anita Anand, sostuvo que los asentamientos “socavan significativamente” el objetivo de alcanzar una solución negociada de dos Estados.
Londres, París y Ottawa se sumaron además a una declaración respaldada por un total de 12 países: Canadá, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Islandia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido y Suecia.
Los firmantes reafirmaron su respaldo a una solución negociada en la que un Estado palestino coexista con Israel. “Juntos, estamos firmes: la solución de dos Estados debe protegerse y actuaremos en pos de una paz justa y duradera”.
Otros países europeos han ido todavía más lejos. Países Bajos, Irlanda, Bélgica, España y Noruega ya han prohibido la importación de productos procedentes de asentamientos o se encuentran en proceso de hacerlo, según la información proporcionada.
Dinamarca, Finlandia, Islandia, Polonia, Portugal y Suecia, por su parte, han expresado su disposición a respaldar nuevas medidas.
El movimiento refleja la creciente frustración de varios gobiernos europeos ante la expansión de los asentamientos, aunque la Unión Europea como bloque no ha logrado hasta ahora alcanzar la mayoría necesaria para adoptar una prohibición común, en buena medida por la oposición de algunos Estados miembros.
El punto de fricción: el proyecto E1
Uno de los principales focos de preocupación internacional es el proyecto de asentamientos E1, situado en Jerusalén Este. El área tiene una importancia estratégica porque su desarrollo podría fragmentar el territorio de Cisjordania y dificultar la continuidad territorial de un futuro Estado palestino.
Francia y Reino Unido consideran que la expansión de los asentamientos está reduciendo progresivamente las posibilidades de una solución de dos Estados. La preocupación aumentó después de que Israel avanzara con planes para construir alrededor de 1.000 nuevas viviendas en la zona, según la información proporcionada.
La comunidad internacional considera mayoritariamente ilegales los asentamientos israelíes en Cisjordania, territorio ocupado por Israel desde la guerra de 1967. El Estado de mayoría judía rechaza esa interpretación y sostiene que Cisjordania es un territorio en disputa al que el pueblo judío tiene derechos históricos.
Israel responde con una escalada diplomática
La respuesta del Gobierno de Benjamin Netanyahu fue inmediata. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, calificó las acusaciones de Miliband sobre la “limpieza étnica” de “escandalosas” y falsas, y acusó a Londres de interferir en los asuntos internos de Israel.
“Las acusaciones formuladas hoy por el secretario de Asuntos Exteriores británico fueron escandalosas y falsas”.
Sa’ar anunció además una serie de medidas contra Reino Unido. La más llamativa fue el cierre del consulado británico en Jerusalén Este, que está acreditado ante la Autoridad Palestina en Cisjordania.
Israel también anunció que Reino Unido dejará de participar en una misión de coordinación liderada por Estados Unidos para Gaza y que Londres ya no tendrá permiso para entrenar a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina en Cisjordania.
Además, Israel prohibirá la entrada al país a una docena de legisladores británicos y otros ciudadanos del Reino Unido a los que Sa’ar acusó de participar en actividades “antisemitas y antiisraelíes”.
El ministro aseguró que la respuesta había sido coordinada con el primer ministro Benjamin Netanyahu. “Las sanciones anunciadas por Reino Unido constituyen una flagrante injerencia en las próximas elecciones de Israel”.
El presidente israelí, Isaac Herzog, también condenó la decisión británica y la vinculó con las elecciones israelíes previstas para finales de octubre. Herzog calificó la prohibición de importaciones de los asentamientos como: “Un grave error de cálculo, una decisión que quedará del lado equivocado de la historia”.
El presidente israelí sostuvo además que la medida constituye una interferencia en el proceso democrático de un Estado soberano. La acusación de injerencia electoral añade una nueva dimensión a una relación bilateral que ya venía deteriorándose por las diferencias entre Londres y Jerusalén sobre la guerra de Gaza, la expansión de los asentamientos y la violencia de los colonos contra palestinos.
Washington también critica a Londres
La decisión británica tampoco contó con el respaldo de Estados Unidos.
El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, calificó las sanciones de “discriminación contra el pueblo judío” y advirtió de posibles consecuencias económicas para empresas británicas.
Huckabee señaló que varios estados estadounidenses cuentan con leyes que restringen contratos públicos, adquisiciones o inversiones con empresas que participan en boicots contra Israel.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, también criticó las medidas y afirmó que Washington no seguirá el ejemplo de Reino Unido, Francia y Canadá.
Estados Unidos sostiene que este tipo de sanciones podrían contribuir a desestabilizar aún más Cisjordania.
El enfrentamiento de este martes es el último episodio de un deterioro progresivo de las relaciones entre Londres e Israel. El Gobierno británico ya había sancionado en junio a redes israelíes relacionadas con la financiación, el apoyo y la violencia contra palestinos en Cisjordania. También había impuesto sanciones a algunos colonos y puestos de avanzada.
En 2025, Reino Unido reconoció además un Estado palestino como parte de su estrategia para impulsar la solución de dos Estados. Ahora, Londres ha dado un paso adicional al afirmar oficialmente que considera ilegal no solo la construcción de asentamientos, sino la ocupación israelí de Cisjordania.
La política británica se produce bajo un Gobierno laborista que afronta también presiones internas. Varios legisladores laboristas celebraron las nuevas medidas y llevan tiempo reclamando una posición más dura frente a Israel. Otros, sin embargo, consideran que la prohibición puede resultar insuficiente o, en sentido contrario, excesiva, especialmente en circunscripciones con una importante población judía.
El Partido Conservador también cuestionó el giro británico. Su portavoz de Exteriores, Tom Tugendhat, advirtió de que convertir a Israel en un “paria” podría aumentar las divisiones dentro de Reino Unido y alimentar la violencia antisemita.
El dilema de fondo: dos Estados frente a los asentamientos
Detrás de la disputa comercial y diplomática se encuentra una cuestión mucho mayor: si todavía es viable la creación de un Estado palestino territorialmente conectado junto a Israel.
Israel controla Cisjordania desde 1967 y ha construido allí alrededor de 160 asentamientos en los que viven cientos de miles de israelíes.
Para los defensores de la solución de dos Estados, la expansión de esas comunidades, junto con la violencia de colonos y el desplazamiento de palestinos, reduce cada vez más el espacio disponible para un futuro Estado palestino.
El Gobierno de Netanyahu, en cambio, se opone a la creación de un Estado palestino y considera Cisjordania parte de la patria histórica y bíblica del pueblo judío.
Miliband resumió la posición británica con una advertencia que va más allá de las sanciones comerciales: “No toleraremos la destrucción de la solución de dos Estados”.
Las medidas británicas tendrán probablemente un efecto económico limitado. Pero políticamente marcan un cambio significativo: Londres ya no quiere limitarse a condenar la expansión de los asentamientos, sino utilizar sus relaciones comerciales, financieras y diplomáticas para intentar frenarla.
Israel, por su parte, ha respondido elevando el coste diplomático de esa decisión.
El resultado es una nueva fractura entre antiguos aliados, con Europa cada vez más dividida sobre cómo responder a la política israelí en Cisjordania, Estados Unidos manteniendo una posición de rechazo a las sanciones comerciales y un número creciente de gobiernos intentando convertir su respaldo a la solución de dos Estados en medidas concretas.
Con Reuters, AP y AFP













