Nepal llora a sus muertos tras la riada: ¿aún queda esperanza?

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Dos semanas después de la devastadora riada que golpeó la frontera entre Nepal y China, las labores de rescate y recuperación continúan. Nepal afronta el duelo por miles de víctimas mientras los equipos de emergencia siguen buscando desaparecidos y trabajando para recuperar las zonas arrasadas. Al mismo tiempo, una nueva ruta marítima por el Ártico despierta el interés de China y Corea del Sur como posible alternativa comercial entre Asia y Europa. ¿Puede esta vía transformar el comercio mundial? Lo analizamos.

Nepal continúa enfrentando las graves consecuencias del desastre natural registrado el pasado 26 de agosto. Aquella mañana, el desprendimiento de una enorme masa de hielo en un glaciar situado en la frontera entre Nepal y la Región Autónoma del Tíbet (China) desencadenó una devastadora avalancha de lodo, hielo y rocas sobre territorio nepalí que arrasó todo a su paso.

Dos semanas después de la tragedia, el balance provisional es trágico: más de 1.300 personas fallecidas y más de 5.000 desaparecidas.

En los municipios afectados, el paisaje sigue siendo desolador. A pesar del despliegue de maquinaria pesada para agilizar las labores de limpieza, numerosas localidades continúan sepultadas bajo el lodo. Las viviendas y los edificios públicos sufren severos daños y muchos residentes lo han perdido todo.

Pese a las adversidades, el país no pierde la esperanza de hallar supervivientes. El Gobierno mantiene a los equipos de rescate desplegados en zonas montañosas de muy difícil acceso. Los trabajos se concentran especialmente en los túneles de varias plantas hidroeléctricas, donde se teme que haya trabajadores atrapados. En los últimos días, los socorristas han logrado rescatar con vida a varias personas en estas infraestructuras.

Un monje toma fotos cerca de una casa dañada por la riada en Dhunge, Nepal, el 7 de septiembre de 2026.
Un monje toma fotos cerca de una casa dañada por la riada en Dhunge, Nepal, el 7 de septiembre de 2026. © Niranjan Shrestha / AP

Homenajes y funerales simbólicos

Sin embargo, a medida que pasan las jornadas, las probabilidades de encontrar personas con vida son casi nulas. El pasado 7 de septiembre, Nepal guardó un día de luto nacional. Cientos de personas se congregaron en Katmandú para orar y encender velas en memoria de las víctimas.

A pesar de los esfuerzos oficiales, familiares de las personas desaparecidas han expresado su frustración ante la lentitud de las tareas de rescate y la falta de información. Durante las concentraciones en la capital, pancartas con lemas como «¿Cuánto tiempo vamos a esperar llorando en casa?» reflejaban la desesperación de la población.

Otras familias han perdido casi por completo la esperanza de recuperar los cuerpos de sus seres queridos y han optado por celebrar funerales simbólicos. Siguiendo los rituales hindúes, elaboran e incineran efigies de paja (kusha putli) para ofrecer un cuerpo figurado a los fallecidos y permitir que sus almas encuentren paz.

Paralelamente, las organizaciones internacionales instan a la comunidad global a movilizar recursos económicos, materiales y personal especializado. «El momento de ayudar a Nepal es ahora», enfatizó el 7 de septiembre Lila Pieters Yahia, coordinadora residente de la ONU en el país, en declaraciones a la agencia AFP.

Por su parte, el Gobierno nepalí evalúa los daños materiales provocados por la catástrofe entre los 4.000 y 5.000 millones de dólares.

Los familiares llevan una figura de un ser querido desaparecido en la riada durante un funeral simbólico a orillas del río Bagmati en Katmandú, Nepal, el 7 de septiembre de 2026.
Los familiares llevan una figura de un ser querido desaparecido en la riada durante un funeral simbólico a orillas del río Bagmati en Katmandú, Nepal, el 7 de septiembre de 2026. © Dar Yasin / AP

¿La ruta ártica, nuevo corredor comercial global?

Tras zarpar del puerto chino de Ningbo el 15 de agosto con destino al Reino Unido, el portacontenedores Dubái Tower cruzaba el lunes 31 de agosto el mar de Siberia, una de las zonas de navegación más complejas del planeta. Dos días después, otra embarcación partía de Corea del Sur para realizar la misma travesía a través de la ruta ártica.

Este paso marítimo, que discurre por el norte para conectar Asia con Europa, reduce el tiempo de viaje entre ambos continentes de 30 a 20 días, abriendo nuevas perspectivas comerciales a escala global.

«Se trata de buques pequeños que no pueden competir en volumen de carga con los que transitan por el canal de Suez o el estrecho de Ormuz», matiza Alicia García Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico y Oriente Medio del banco de inversión Natixis. No obstante, la analista confirma que este trazado representa «una ruta marítima alternativa» viable frente a los corredores tradicionales.

Imagenes de archivo de un buque de carga navegando por el paso del Noroeste, una las rutas ártica, el 29 de julio de 2017.
Imagenes de archivo de un buque de carga navegando por el paso del Noroeste, una las rutas ártica, el 29 de julio de 2017. © David Goldman / AP

Un tablero de disputa geopolítica

Más allá del impacto logístico y comercial, la viabilidad de la vía ártica desata un disputado pulso geoestratégico en el que se cruzan los intereses de las grandes potencias. Por ahora, sirve mayoritariamente al comercio entre China y Rusia, dado que el corredor bordea las costas rusas y Moscú mantiene un control casi absoluto del trazado.

En este contexto, «se trata de una ruta antioccidental a la que difícilmente tendrán acceso Europa y Estados Unidos«, advierte García Herrero.

Sin embargo, las condiciones climáticas imponen severos límites: el paso solo resulta navegable entre agosto y octubre debido a la capa de hielo.

«Salvo un escenario de cambio climático extremo que descongele la zona, seguirá siendo una vía de uso acotado», concluye la experta.

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