El robot humanoide chino Tiangong Ultra completó la final de los 100 metros en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides de 2026 en 8.64 segundos, superando el récord mundial de Usain Bolt, antes de chocar contra una pared acolchada. Fue uno de los varios robots que tropezaron y se cayeron mientras competían en disciplinas deportivas como el boxeo, el futbol, el atletismo y las artes marciales.
¿Por qué se caen constantemente los robots humanoides?
Correr más rápido y caerse menos no indica necesariamente que los robots humanoides estén preparados para trabajos reales. Dennis Hong, director fundador del Laboratorio de Robótica y Mecanismos (RoMeLa) de la UCLA, afirma que una carrera de 100 metros es un reto bien definido: el recorrido y el objetivo son conocidos, lo que permite a los ingenieros entrenar el comportamiento millones de veces en simulación.
«Correr rápido demuestra una capacidad impresionante. Hacer frente a lo inesperado requiere inteligencia física», afirma Hong.
Karen Liu, profesora de la Universidad de Stanford que dirige The Movement Lab, denomina «inteligencia del movimiento» a la capacidad de responder a entornos físicos desconocidos. Según ella, los robots pueden aprender habilidades llamativas, como correr, saltar y bailar, mediante simulaciones repetidas, pero interactuar con el mundo real es mucho más difícil.
Cortesía de Flexion
Liu lo compara con entrar por primera vez en un Airbnb: en cuestión de minutos, una persona puede localizar los interruptores y el refrigerador, orientarse entre los muebles y manejar una ducha con la que no está familiarizada. Enseñar a un robot a adaptarse con esa rapidez sigue siendo un gran reto.
«Para un robot, la percepción, la toma de decisiones y la respuesta física deben producirse con precisión y la rapidez suficiente para evitar que un pequeño error se convierta en una caída. Reproducir ese ciclo fluido resulta extraordinariamente difícil», indica Hong.
Sin embargo, las caídas que se hacen virales pueden ocultar lo mucho que han avanzado los robots humanoides. La locomoción básica ha mejorado en tan solo los últimos dos años, señala Liu, y las caídas actuales se producen cada vez más a medida que los investigadores llevan a los robots más allá de sus límites: «Ya no se caen mientras caminan. Solo cuando hacen locuras».
Hong considera que las caídas son necesarias para ese progreso. «A menudo les digo a mis alumnos: ‘Cuanto más se cae un robot, mejor camina’. Si entendemos por qué ha fallado y aprendemos de ello, ese fallo se convierte en el siguiente paso adelante».
De la comedia al campo de batalla
Christoph Bartneck, profesor de la Universidad de Canterbury que estudia la interacción entre humanos y robots, describe este espectáculo como una forma de comedia slapstick (comedia física). Los cuerpos de aspecto humano de los robots hacen que sus fallos resulten graciosos, pero también plantean la cuestión de qué se pretende conseguir con el diseño humanoide.
Analiza cómo reacciona la gente ante los robots. Su último estudio, titulado Ethical Asymmetry in Human-Robot Interaction (Asimetría ética en la interacción entre humanos y robots), explora cómo las personas juzgan a los demás en función de si tratan a los robots con amabilidad o con crueldad. Pero Bartneck también se pregunta qué se pretende demostrar realmente con un robot humanoide que corre una carrera. «Si quieres que una máquina se desplace rápidamente de A a B sobre una superficie plana, le pones ruedas. No hay razón para usar piernas».













