El río Mekong atraviesa seis países y es mucho más que una vía fluvial: sostiene economías, alimenta a millones de personas y conecta culturas milenarias del sudeste asiático. Pero sus ecosistemas afrontan amenazas y sus aguas se han convertido en un espacio de poder y tensión regional. En este episodio de Así es Asia, exploramos la importancia geoeconómica del Mekong, su riqueza natural y la historia de las sociedades que han crecido a su alrededor.
El río Mekong es el hilo conductor del sudeste asiático y de una forma de concebir el mundo.
Este cuerpo de agua nace en las montañas de la meseta tibetana en China, para posteriormente descender paulatinamente atravesando Myanmar, Laos,Tailandia, Camboya y finalmente desembocar en el mar meridional chino en Vietnam.
Con una longitud total que se estima en 4.300 kilómetros, el Mekong puede variar su anchura desde ser un riachuelo en las alturas chinas hasta alcanzar una gran extensión en las llanuras de Laos o Camboya.
El río, durante miles de años ha sido el eje central de millones de pobladores que se han acercado a su cauce para vivir y dedicarse a la pesca o a los cultivos de arroz.
“La cuenca del río Mekong es una de las más importantes en todo el mundo, es la más productiva en términos de pesca con más de dos millones de toneladas que son cosechadas cada año. Por lo que es fundamentalmente importante para la vida y el suministro alimenticio de sus pobladores”, explica Zeb Hogan, profesor de Biología de la Universidad de Nevada e investigador principal del proyecto ‘Maravillas del Mekong’.
Un desarrollo bajo el cual se levantaron grandes ciudades como Phnom Penh, Ho Chi Minh, Vientián y una cultura afincada en buena medida alrededor del budismo.
Es así como cada año se realizan enormes rituales y celebraciones religiosas para pedir a las deidades del río que impidan las inundaciones y que haya lluvias suficientes para la agricultura.
Según las estimaciones de la Comisión para el Desarrollo Sostenible del Río Mekong, actualmente en las riberas del Mekong viven alrededor de 65 millones de personas, de los cuales un 80% reside en la cuenca baja del afluente.
El Mekong: un símbolo de poder
Durante siglos, las inmediaciones del río acogieron las civilizaciones hidráulicas de Funan, Chenla y Angkor, que según una investigación de la Universidad de Florencia, su “autoridad política se fundamentaba en la mediación ecológica y el orden cosmológico”.
Posteriormente, fue en buena parte conquistado por Francia, que durante parte de los siglos XIX Y XX, estableció el protectorado denominado como Indochina.
Entre 1955 y 1975, el Mekong y sus alrededores fueron el escenario de una cruenta guerra entre la guerrilla comunista Vietcong, apoyada indirectamente por la Unión Soviética, y las tropas de Vietnam del Sur respaldadas por Estados Unidos, Australia y Tailandia.
Un conflicto armado conocido como la Guerra de Vietnam, que derivó en la muerte de cientos de miles de civiles de la región y que culminó con la retirada del Ejército de Estados Unidos y la toma de Saigón, actual Ho Chi Minh, por parte del Vietcong, que establecieron la República Socialista de Vietnam.
Actualmente, la explotación del río causa tensiones entre las naciones que lo comparten.
Esto gracias a grandes proyectos hidroeléctricos en la parte alta del Mekong en China y Laos, que afectan la cantidad y la calidad del agua que llega en la parte baja de las montañas en naciones como Tailandia y Vietnam.
Un foco de biodiversidad en riesgo
La extensión y diversidad de parajes por los que circula el río Mekong acogen a múltiples ecosistemas y una gran cantidad de especies.
Entidades ambientales de la región cifran en 20.000 especies de plantas y 1.100 peces, cuya presencia ha sido documentada en las aguas y sus zonas aledañas.
De esta manera, el río está rodeado por cientos de humedales y bosques que provocan un gran intercambio ecosistémico.
“Los bosques del Mekong sirven como un escudo regulatorio de las inundaciones y además contienen la degradación y la erosión. Básicamente es como una guardería para muchas especies de peces, que desovan y se mueven por las aguas”, afirma el conservacionista y director de la Fundación Omacha, Fernando Trujillo.
Un patrimonio ecológico que está en riesgo gracias a la deforestación y la minería en buena parte de la ribera del río, principalmente en la zona de Camboya.
De hecho, pobladores de la zona y varios estudios científicos han encontrado que muchos de los peces del Mekong tienen en su interior altos niveles de arsénico y otros metales pesados.
Una situación que está enfermando gravemente a las comunidades quienes se alimentan de esta fauna.
“La calidad del agua está cada vez más amenazada en el Mekong. Los pescadores están muy preocupados por no poder cosechar, debido a la contaminación del agua. Otras amenazas incluyen el desarrollo de hidroeléctricas y los incendios forestales”, señala Zeb Hogan.













