La moda siempre ha cruzado fronteras. Diseñadores, tendencias y prendas pueden viajar de un país a otro y, con internet y el comercio electrónico, hacerlo nunca había sido tan sencillo. Pero en los últimos años esta capacidad para circular globalmente también ha comenzado a adquirir otra dimensión: convertirse en una herramienta para generar conexiones económicas y culturales entre países.
La idea parte de un problema concreto. Para una marca independiente, ser descubierta a miles de kilómetros de distancia no significa haber entrado realmente a un nuevo mercado. Hacerlo todavía implica conseguir presencia física, entender a nuevos consumidores y, sobre todo, acceder a compradores, prensa y conexiones locales. Esa distancia entre ser visible y estar presente es también una oportunidad para que las industrias creativas funcionen como una carta de presentación de sus países de origen.
Es precisamente en esa intersección entre moda, comercio y relaciones internacionales donde The Canvas encontró su modelo de negocio. La empresa neoyorquina nació en 2018 con una idea sencilla: aprovechar locales comerciales vacíos de Nueva York para dar espacio físico a diseñadores independientes enfocados en sostenibilidad. Así, al reunir varias marcas en un mismo lugar, podían acercarse al público sin que cada una necesitara abrir su propia boutique.
Pero fue un viaje a Perú antes de la pandemia, que su fundador, Devin Gilmartin, realizó junto a Marina Spadafora, diseñadora y líder de Fashion Revolution Italia, por invitación de PromPerú, el que cambió la escala de aquella idea.
Allí observó que los gobiernos ya destinaban recursos a promover el talento creativo de sus países en el extranjero, pero todavía necesitaban espacios capaces de conectarlo directamente con otros mercados. La pregunta entonces dejó de ser únicamente cómo ayudar a una marca a cruzar una frontera: ¿podía ese mismo modelo ayudar a hacerlo a la industria creativa de todo un país?
Cuando una tienda de moda también funciona como diplomacia entre países
Diseñadores, gobiernos y nuevos mercados convergen en un modelo que utiliza las industrias creativas para generar conexiones internacionales.Mark Sorace
El modelo que surgió a partir de esa idea es una propuesta sencilla pero poderosa. Un gobierno u organismo comercial reúne a diseñadores de su país y The Canvas aporta un espacio en Nueva York donde pueden encontrarse con compradores, prensa y representantes institucionales.
La compañía llama Fashion Diplomacy —diplomacia de la moda— a esta parte de su modelo. En la práctica, utiliza la moda y el diseño como herramientas de soft power: una prenda, un objeto o una marca también pueden comunicar la identidad creativa y económica de un país.
Estonia fue uno de sus casos más visibles. En 2024, la primera dama Sirje Karis presentó a 15 diseñadores estonios en The Canvas y, un año después, el presidente Alar Karis del mismo país estuvo presente en la edición The Canvas SoHo en Nueva York. En abril de 2026 llegó Colombia, cuando Inexmoda —el instituto detrás de Colombiamoda— eligió el espacio como primera parada en Nueva York para 15 marcas colombianas. Turquía e India también han participado en estas activaciones, con eventos diplomáticos y de diseño de gran escala organizados por The Canvas en sus respectivos consulados en Nueva York.















