
Al mismo tiempo, la falta de información sobre las lenguas que hablan las comunidades indígenas puede dificultar su acceso a servicios básicos. Martínez explicó que en Estados Unidos muchas instituciones asumen que las personas provenientes de México hablan español. Sin embargo, para algunas su primera lengua es el zapoteco, el mixteco, el maya u otra lengua indígena.
«Hay gente que está en las cárceles, que está en los hospitales, que está en las escuelas porque necesitan interpretación y no la reciben», señaló.
CIELO espera que el mapa sirva como una herramienta de consulta para consulados, hospitales, juzgados y centros de atención. Conocer qué lenguas se encuentran presentes en una región podría ayudar a reconocer cuándo una persona necesita interpretación y facilitar la búsqueda de ese servicio.
Por ejemplo, si una persona llega a un hospital y tiene dificultades para comunicarse en español o inglés, el personal podría consultar las lenguas registradas en ese estado y utilizar esa información para orientar la búsqueda de un intérprete. El alcance práctico de esta propuesta todavía está por conocerse. Martínez contó que Ecos de vida aún no se ha presentado públicamente en Estados Unidos, aunque esperan hacerlo pronto.
Las lenguas que se pierden cuando las familias migran
La presentación del mapa también despertó reflexiones entre las personas que asistieron al Centro de Cultura Digital. Una mujer contó que sus padres hablaban una lengua indígena y que ella también la había aprendido durante la infancia. Sin embargo, después de migrar con su familia a la Ciudad de México, dejó de utilizarla. El cambio de territorio también implicó alejarse de las costumbres y los espacios donde antes podía escucharla y hablarla.
Al observar las estrellas del mapa, pensó en las personas que continúan hablando sus lenguas, pero también en quienes han dejado de hacerlo por las condiciones que enfrentan en sus lugares de origen y en los sitios a los que migran. «Ya de adulta tengo que aprender, retomar la lengua, y eso duele», compartió.
Janet Martínez explicó que el racismo también puede influir en que las familias dejen de transmitir sus lenguas. Recordó que sus padres, hablantes de zapoteco, enfrentaron dificultades en el sistema escolar de Los Ángeles, donde recibieron enseñanza en inglés y español sin que se reconociera su lengua. Mariah Tso también contó que la migración y la búsqueda de empleo pueden alejar a las personas de los lugares donde antes hablaban sus idiomas todos los días, lo que dificulta conservarlos y transmitirlos a nuevas generaciones.
Estas experiencias también ayudan a entender por qué el trabajo de CIELO va más allá de documentar la diversidad lingüística. La organización ofrece servicios de interpretación, capacita intérpretes y apoya a familias indígenas migrantes que enfrentan dificultades para acceder a alimentos, vivienda y otros servicios.
Por ahora, las estrellas que aparecen sobre Estados Unidos muestran solo una parte de las lenguas que han cruzado fronteras junto con sus hablantes. «Lo que llevamos con nosotros es incuantificable», expresó Mariah Tso. Detrás de esas estrellas hay historias de familias que buscan conservar sus lenguas, personas que intentan recuperarlas y generaciones que han crecido lejos de sus comunidades de origen. Ecos de vida permite acercarse a algunas de esas historias, aunque muchas todavía quedan fuera del mapa, a la espera de ser reconocidas y escuchadas.











