El cambio climático debe reconocerse como una emergencia sanitaria mundial ante el creciente número de muertes relacionadas con él, el aumento de enfermedades asociadas a la crisis y la insuficiencia de los acuerdos internacionales para evitar el colapso ambiental. Esta es la exigencia de 146 investigadores multidisciplinarios procedentes de más de 30 países, quienes advierten que, sin acciones colaborativas urgentes y basadas en evidencia científica, la capacidad de la humanidad para adaptarse quedará rezagada.
La demanda es una de las principales conclusiones del décimo informe The Lancet Countdown, un trabajo liderado por el University College London (UCL) y elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que da seguimiento a 54 indicadores sobre los impactos del cambio climático y los efectos de las medidas adoptadas para hacerle frente en la salud.
Entre otros parámetros, la investigación estudia la disponibilidad de agua en la Tierra, la huella de gases de efecto invernadero del sector sanitario, la financiación de la investigación sobre salud y clima, la participación legislativa en esta materia, así como las tasas de mortalidad atribuibles a las altas temperaturas relacionadas con el calentamiento global.
Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown, explica que el análisis revela avances significativos en la adopción de energías limpias y en la capacidad preventiva de los sistemas de salud. Sin embargo, sostiene que estos esfuerzos siguen siendo insuficientes.
“Una década después del Acuerdo de París, nuestras conclusiones son inequívocas: los daños a la salud derivados del cambio climático están aumentando más rápido que la respuesta mundial, e incluso acelerándose en muchos casos. […] Por ello, exigimos que el cambio climático se reconozca formalmente como una emergencia sanitaria mundial, con la salud como eje central de todas las decisiones climáticas”, subrayó.
El informe precisa que, entre 2016 y 2023, el calor extremo estuvo asociado con un promedio de 540,800 muertes anuales, de las cuales el 68% se atribuye al cambio climático. Esto equivale a cerca de 3 millones de defunciones relacionadas con la crisis climática durante el periodo analizado.
Las olas de calor intenso también reducen la capacidad productiva de la humanidad. El estudio calcula que, tan solo en 2025, la economía mundial perdió un estimado de 1.07 billones de dólares en ingresos potenciales como consecuencia de las altas temperaturas.
Por otra parte, los autores señalan que el cambio climático está alterando considerablemente el ciclo del agua, lo que favorece la aparición de fenómenos meteorológicos extremos capaces de perjudicar los medios de vida, las cadenas de suministro de alimentos y los sistemas de saneamiento.
El desequilibrio que provoca el cambio climático
El análisis estima que, durante el año pasado, alrededor del 51.8% de la superficie terrestre mundial experimentó condiciones de sequía extrema durante al menos un mes. En la última década, el territorio afectado por este fenómeno aumentó a un ritmo más de siete veces superior al registrado entre 2006 y 2015.
En contraste, las lluvias extremadamente intensas son cada vez más frecuentes. La superficie terrestre afectada anualmente por precipitaciones de esta magnitud pasó del 14.8% entre 2006 y 2015 al 17.2% entre 2016 y 2025. Esta tendencia incrementa el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua.
En diversas ocasiones, las sequías y las lluvias extremas ocurren de manera simultánea, lo que provoca alteraciones en los ciclos hidrológicos. Desde 2003, el 43% del planeta ha experimentado una disminución a largo plazo en el almacenamiento de agua, mientras que el 37% registra un aumento. Según los científicos, esta combinación de cambios contribuye a generar fenómenos extremos que afectan a más del 80% de la Tierra.












