Cómo la ofensiva antimigratoria de Trump amenaza con convertirse en un lastre electoral para los republicanos

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De promesa electoral a problema político. La inmigración fue uno de los pilares de la campaña con la que Trump regresó a la Casa Blanca en 2024. El entonces candidato republicano aprovechó el aumento de los cruces irregulares registrados durante la Presidencia de Joe Biden para presentar la frontera sur como una crisis de seguridad y responsabilizar a los demócratas de permitir una supuesta invasión del país.

Su discurso conectó con una parte del electorado preocupado por el control fronterizo, los servicios públicos y la delincuencia. Trump prometió deportaciones masivas y aseguró que expulsaría a los inmigrantes que, según su retórica, amenazaban la seguridad de los estadounidenses. En aquella campaña llegó a afirmar, sin pruebas, que las personas de origen extranjero eran responsables de un aumento de la criminalidad y difundió acusaciones falsas sobre ciudadanos que supuestamente se comían mascotas.

Desde su regreso al poder, el presidente ha acelerado las detenciones y deportaciones y ha convertido el endurecimiento de la política migratoria en una de las señas de identidad de su Gobierno. Pero el escenario político ha cambiado: la imagen de una frontera desbordada ha cedido protagonismo a las escenas de agentes federales desplegados en ciudades estadounidenses, arrestos en espacios públicos, protestas y enfrentamientos.

Ese desplazamiento ha alterado el costo político de la estrategia. Mientras que el control fronterizo permitía a Trump presentarse como el dirigente capaz de restablecer el orden, las operaciones en el interior del país han puesto bajo escrutinio los métodos utilizados para cumplir sus promesas.

Las encuestas citadas por la agencia de noticias estadounidense AP apuntan a un deterioro de la valoración de su política migratoria, pese a que el presidente conserva respaldo entre sectores que priorizan la seguridad fronteriza.

El desafío para los republicanos consiste en mantener la credibilidad de su mensaje de mano dura sin quedar asociados a unas tácticas que generan rechazo incluso entre algunos votantes conservadores.

La violencia de las redadas cambia el relato

Minneapolis se ha convertido en uno de los episodios más sensibles para la Administración. El despliegue de más de 2.000 agentes federales, las imágenes de funcionarios enmascarados y las protestas multitudinarias transformaron las operaciones migratorias en un foco de conflicto nacional.

Las muertes de Renee Good y Alex Pretti, dos ciudadanos estadounidenses de 37 años fallecidos durante enfrentamientos con agentes, intensificaron las críticas. Las grabaciones difundidas del tiroteo en el que murió Pretti alimentaron las dudas sobre el uso de la fuerza y la versión oficial de los hechos. La Casa Blanca apartó posteriormente al comandante de la Patrulla Fronteriza Gregory Bovino y a la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.

El impacto político de estos episodios va más allá de la controversia sobre una operación concreta. La ofensiva migratoria se presentó como una campaña contra personas consideradas peligrosas, pero las imágenes de los operativos y las denuncias sobre detenciones de trabajadores sin antecedentes penales han debilitado esa justificación ante una parte de la opinión pública.

«Ahora, el caos se encuentra en las calles estadounidenses»

El senador demócrata Chris Van Hollen, entre otros, ha denunciado lo que considera abusos constitucionales y una política de deportaciones indiscriminadas. Los defensores de la estrategia de Trump, por su parte, sostienen que el presidente está pagando el precio político de haber reducido los cruces irregulares y haber trasladado el foco de la aplicación de la ley desde la frontera al interior del país.

Archivo: un agente detiene a un manifestante que fue pisoteado por policías a caballo durante los enfrentamientos del 8 de junio de 2025 en el centro de Los Ángeles, California. Los enfrentamientos se produjeron tras las redadas migratorias por toda la ciudad durante el fin de semana.
Archivo: un agente detiene a un manifestante que fue pisoteado por policías a caballo durante los enfrentamientos del 8 de junio de 2025 en el centro de Los Ángeles, California. Los enfrentamientos se produjeron tras las redadas migratorias por toda la ciudad durante el fin de semana. © Getty Images/Vía AFP

Mark Krikorian, director ejecutivo del Center for Immigration Studies y defensor de una política migratoria restrictiva, subraya que el descenso de la presión fronteriza puede perjudicar electoralmente al presidente: cuando la crisis deja de ser visible en la frontera, los votantes empiezan a prestar más atención a las consecuencias de las medidas adoptadas para resolverla.

«Aquella turbulencia se desvaneció cuando el presidente Joe Biden endureció los controles migratorios y Trump los reforzó aún más. Ahora, el caos se encuentra en las calles estadounidenses», destacó.

La cuestión ya no es únicamente cuántas personas son detenidas o deportadas, sino cómo se llevan a cabo esas operaciones, a quiénes afectan y qué coste social y político generan.

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Trump criminaliza a los inmigrantes para movilizar su base: ¿le volverá a funcionar?

Pese al desgaste, Trump no ha moderado su discurso. En un reciente mitin en Kentucky, el inquilino de la Casa Blanca volvió a describir a los inmigrantes que llegaron durante el mandato de Biden como criminales y personas con problemas mentales, y advirtió de que volverían a entrar en el país si los republicanos pierden las elecciones del 3 de noviembre.

«Fue como una invasión militar y si ganan la elección de mitad de mandato lo volverán a hacer», afirmó ante sus seguidores, en referencia a los demócratas. También volvió a calificar de «héroes» a los agentes migratorios y defendió las deportaciones masivas como una tarea todavía incompleta.

El mensaje responde a una lógica electoral conocida: transformar las elecciones legislativas en un referendo sobre la frontera y presentar una eventual victoria demócrata como el regreso a las políticas de Biden. Trump ha pedido a sus seguidores que voten como si él mismo figurara en las papeletas y ha advertido que una derrota republicana permitiría a sus adversarios deshacer sus medidas.

La estrategia busca reactivar una de las emociones que más contribuyeron a su victoria de 2024: el temor a perder el control de la frontera. También intenta desplazar el debate desde las consecuencias de los operativos —las muertes, las denuncias de abusos y la separación de familias— hacia la posibilidad de que una mayoría demócrata facilite nuevas llegadas irregulares.

En Kentucky, el presidente combinó sus ataques a los inmigrantes con críticas a los demócratas por la inflación, los precios de la energía y el déficit comercial. Así, la inmigración aparece integrada en un argumento más amplio que atribuye al adversario político tanto el deterioro económico como la inseguridad.

Sin embargo, esa asociación puede resultar menos eficaz si los votantes perciben que el Gobierno está utilizando la inmigración para desviar la atención de los precios, el empleo y otros problemas cotidianos. La insistencia en el mensaje de la invasión puede movilizar a la base republicana, pero también reforzar la impresión de que la Casa Blanca no ha calibrado el cambio de opinión que han provocado sus propias operaciones.

El voto latino, una oportunidad perdida para los republicanos

Uno de los riesgos más significativos para Trump se encuentra entre los votantes latinos, cuyo apoyo contribuyó a ampliar su coalición electoral en 2024. Estimaciones del medio local ‘Voice of America’ sitúan en torno al 43% la proporción de electores hispanos que votaron por Trump ese año, frente al 35% que lo hizo en 2020.

Ese avance permitió a los republicanos ganar terreno entre un electorado heterogéneo, en el que conviven ciudadanos nacidos en Estados Unidos, inmigrantes naturalizados y familias con situaciones migratorias diversas. Las preocupaciones económicas, la seguridad y el rechazo a la gestión fronteriza de Biden ayudaron a algunos votantes latinos a respaldar al candidato republicano.

Pero la aplicación de las promesas de Trump ha puesto a prueba esa relación. Muchos latinos viven en hogares donde algunos miembros son ciudadanos estadounidenses o residentes legales y otros carecen de estatus migratorio regular. En esas familias, una redada o una deportación puede afectar a los ingresos, el cuidado de los hijos y la estabilidad de todo el hogar, incluso cuando las personas detenidas no tienen antecedentes penales.

Los testimonios recogidos por AP en Arizona ilustran el desencanto. Sandra Ramírez, que votó por Trump en 2024, afirmó que se arrepiente de su decisión al observar el acoso que, a su juicio, sufren personas por el color de su piel.

Albert Rodríguez, un tatuador de Phoenix que también respaldó al republicano, señaló sentirse decepcionado al ver que los agentes persiguen a trabajadores como los vendedores ambulantes de helados, en lugar de limitarse a detener a delincuentes.

Estos testimonios no demuestran por sí solos un cambio uniforme entre los votantes latinos, pero reflejan el riesgo que afronta el Partido Republicano: que una parte de quienes apoyaron a Trump por sus promesas económicas y de seguridad concluya que el costo humano de su política migratoria es demasiado alto.

El perfilamiento racial, la separación de familias y el temor a acudir al trabajo o a realizar gestiones cotidianas pueden ampliar ese rechazo. Además, las consecuencias no se limitan a quienes carecen de documentos.

Cuando los ciudadanos estadounidenses perciben que sus familiares, vecinos o compañeros de trabajo son tratados injustamente, la política migratoria deja de ser un debate abstracto sobre fronteras y se convierte en una experiencia personal.

Cómo la economía amplifica el costo de las deportaciones

El desgaste electoral no se explica únicamente por las imágenes de violencia. También está relacionado con el costo de vida, una de las principales preocupaciones de los estadounidenses y un terreno en el que Trump prometió resultados rápidos.

La Administración ha defendido las deportaciones como una forma de hacer cumplir la ley y proteger a los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, la expulsión de personas que trabajan en sectores como la agricultura, la construcción y los servicios puede reducir la disponibilidad de mano de obra y aumentar los costos de producción. En determinadas circunstancias, esos costes pueden trasladarse a los precios que pagan los consumidores.

El efecto no es automático ni idéntico en todos los sectores, pero introduce una contradicción en el mensaje republicano: una política presentada como respuesta a las dificultades económicas puede agravar algunas de ellas si provoca escasez de trabajadores o interrupciones en actividades que dependen de la mano de obra inmigrante.

A ello se suman las preocupaciones por los aranceles, la energía y los recortes a determinados programas de asistencia sanitaria y alimentaria mencionados en la información aportada. Para los votantes que esperaban una mejora inmediata de su situación financiera, la acumulación de presiones económicas puede pesar más que las promesas de mano dura en la frontera.

Los demócratas intentan aprovechar esa vulnerabilidad. En lugar de defender una política de fronteras abiertas —una caracterización que los republicanos utilizan para atacarlos—, varios de sus candidatos están reivindicando el control fronterizo y la expulsión de personas que cometan delitos, mientras cuestionan el coste, la legalidad y la eficacia de las operaciones de Trump.

El candidato demócrata al Senado por Texas James Talarico, por ejemplo, se ha definido como partidario de la seguridad fronteriza y ha criticado la gestión de Biden, al tiempo que cuestiona las medidas de Trump. Este desplazamiento refleja un intento de reducir la ventaja republicana en inmigración sin renunciar a denunciar los abusos.

Así buscan los demócratas ampliar la coalición

El cambio de estrategia demócrata es otro factor que podría complicar los planes republicanos. Tras años en los que los candidatos del partido tuvieron dificultades para defender su gestión fronteriza, muchos han adoptado un lenguaje más firme sobre la seguridad y la necesidad de combatir la delincuencia.

El veterano activista Frank Sharry, asesor del grupo Third Way, sostiene que los demócratas buscan impedir que los republicanos los definan como partidarios de fronteras abiertas. Esa posición les permite criticar las deportaciones indiscriminadas sin aparecer como contrarios a la aplicación de la ley.

La disputa, por tanto, ya no enfrenta simplemente a un partido partidario de deportar y otro que rechaza las expulsiones. La batalla se centra cada vez más en los límites del poder estatal, las garantías legales, el trato a los ciudadanos y residentes legales y la diferencia entre perseguir delitos y convertir la condición migratoria en una sospecha generalizada.

La evolución del debate podría beneficiar a los demócratas en distritos competitivos, especialmente si consiguen reunir a votantes latinos descontentos, independientes preocupados por los abusos y electores afectados por la economía. La movilización de familiares y amigos para votar por adelantado, descrita en diversos reportes, puede contribuir a transformar el descontento en participación electoral.

No obstante, el resultado no está garantizado. La inmigración continúa siendo una cuestión prioritaria para una parte del electorado republicano, y el temor a un regreso de las políticas de Biden puede seguir movilizando a quienes respaldan el endurecimiento fronterizo. La eficacia de la estrategia de Trump dependerá de qué preocupación termine dominando la campaña: la seguridad y el control migratorio o las consecuencias de la ofensiva en las comunidades estadounidenses.

Fidelidad evangélica, ¿puede amortiguar las pérdidas republicanas?

El desgaste de Trump tampoco implica que toda su coalición se esté desmoronando. Los sondeos de Reuters/Ipsos incluidos en la información aportada indican que el apoyo al presidente entre los evangélicos blancos habría descendido del 77% en enero de 2025 al 63% en octubre de 2026. Aun así, ese grupo seguiría siendo uno de sus respaldos demográficos más sólidos.

Para una parte de esos votantes, las cuestiones culturales y religiosas —entre ellas el aborto, la identidad de género y la visión conservadora de la sociedad— tienen más peso que el descontento por los precios o la política migratoria. La defensa de fronteras estrictas también encaja, para algunos sectores, en una concepción más amplia de la identidad nacional.

Esa lealtad podría ayudar a los republicanos a limitar sus pérdidas en estados y distritos donde los evangélicos blancos tienen una presencia importante. Sin embargo, no elimina las dificultades que afrontan otros candidatos republicanos en territorios competitivos ni garantiza que la movilización de la base compense el posible retroceso entre independientes y votantes latinos.

Las elecciones de medio término serán, en ese sentido, una prueba de la capacidad de Trump para mantener unida una coalición que incluye grupos con prioridades distintas. El apoyo de los votantes más fieles puede sostener al partido, pero el control del Congreso también depende de los electores menos comprometidos ideológicamente y más sensibles a los resultados económicos y a la conducta del Gobierno.

Una apuesta de alto riesgo ante las midterms

La ofensiva migratoria ha puesto a Trump ante una paradoja política. El presidente busca demostrar que cumple una de las promesas centrales de su campaña, pero la forma en que lo hace puede debilitar el apoyo que necesita para conservar las mayorías republicanas en el Congreso.

La criminalización generalizada de los inmigrantes puede reforzar la cohesión de su base y reactivar los temores que impulsaron su victoria en 2024. Al mismo tiempo, las muertes durante los operativos, las denuncias de abusos, la afectación de familias trabajadoras y las posibles repercusiones económicas amplían el número de votantes que cuestionan el alcance de la política.

El resultado dependerá de si los republicanos consiguen convertir la inmigración en un argumento de seguridad frente a los demócratas o si los adversarios de Trump logran centrar la campaña en los excesos de la aplicación de la ley y en sus consecuencias cotidianas. También dependerá de la participación: una base republicana muy movilizada puede reducir el efecto del descontento, mientras que una mayor concurrencia de latinos, jóvenes e independientes podría alterar el equilibrio en las contiendas más ajustadas.

En estas elecciones, Trump no se limita a defender su política migratoria: intenta convertirla de nuevo en el motor de su campaña. Pero cuanto más insiste en presentar a los inmigrantes como una amenaza, más expone a su partido al riesgo de que los votantes juzguen no solo sus promesas, sino también el costo humano, social y económico de llevarlas a la práctica.

Con Reuters, AP y EFE

Cómo la ofensiva antimigratoria de Trump amenaza con convertirse en un lastre electoral para los republicanos