En poco más de dos décadas, los casos registrados de bulimia y anorexia nerviosas a nivel mundial aumentaron 71%, y se prevé que la incidencia de estos trastornos de la conducta alimentaria continúe al alza al menos hasta 2050, con un impacto particular en las mujeres y las personas jóvenes. Estas son las conclusiones del Estudio de la Carga Global de Enfermedad (GBD), que señala la necesidad de optimizar los mecanismos de detección y tratamiento de estas afecciones, las cuales perjudican tanto el bienestar físico como la salud mental de quienes las padecen.
La investigación, publicada en la revista JAMA Psychiatry, analizó revisiones sistemáticas de estudios científicos, encuestas representativas de la población y registros de mortalidad de 204 países, publicados entre 1990 y 2023 y relacionados con la anorexia y la bulimia nerviosas. Mediante una serie de modelos estadísticos, los autores ajustaron las diferencias entre fuentes, los criterios diagnósticos y los periodos empleados para recordar o reportar los síntomas.
La metodología permitió determinar la incidencia, distribución y efectos de estas enfermedades. Además, elaboraron un modelo para proyectar la evolución de ambos trastornos hasta 2050.
Los resultados mostraron que, hasta 2023, alrededor de 18.1 millones de personas vivían con anorexia o bulimia nerviosas. La cifra representa un incremento de más del 70% respecto de la prevalencia registrada a principios de la década de 1990. Del total de personas afectadas, el 69.5% eran mujeres y poco más del 31% de los casos correspondía a individuos de entre 10 y 24 años.
Los autores advierten que estos datos no significan que los trastornos no afecten a los hombres ni a las personas de 25 años o más. En esos grupos, las enfermedades pueden pasar inadvertidas o manifestarse y diagnosticarse en etapas posteriores de la vida. Por ejemplo, al considerar la anorexia y la bulimia en conjunto, la tasa de prevalencia más alta se registró entre las personas de 20 a 24 años, con 487.3 casos por cada 100,000 habitantes. Sin embargo, al analizar únicamente los registros de bulimia nerviosa, la mayoría de los casos se concentró en el grupo de 30 a 34 años.
Fernando Fernández Aranda, director de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Servicio de Psicología Clínica del Hospital Universitario de Bellvitge, quien no participó en el estudio, coincide en que, aunque los trastornos alimentarios suelen asociarse con la adolescencia, su impacto no se limita a esa etapa.
“Actualmente vemos cada vez más adultos de edades avanzadas: el 25% de nuestros casos presenta edades superiores a 45 años, y ello ha ido incrementándose a lo largo de los años. La bulimia aporta una mayor proporción de discapacidad global que la anorexia”, precisa el especialista en una declaración retomada por SMC España.
En cuanto a los efectos de estas afecciones en la salud, el análisis calculó que, hasta 2023, la anorexia y la bulimia sumaron 3.83 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD). Este indicador permite estimar la pérdida de salud al combinar los años vividos con discapacidad y los años de vida perdidos por muerte prematura. Del total calculado, 847,000 AVAD correspondieron a la anorexia y 2.98 millones a la bulimia.
Las proyecciones indican que la incidencia de la anorexia y la bulimia nerviosas continuará aumentando durante los próximos 24 años, hasta alcanzar probablemente alrededor de 21.8 millones de personas afectadas en 2050. Esta cifra supondría un incremento de más del 20% respecto del número estimado para 2023.
Anorexia, bulimia y la influencia de las redes sociales
El estudio presenta varias limitaciones. Los autores reconocen que persisten importantes vacíos de información, especialmente en los países de ingresos bajos, lo que reduce la certeza de las estimaciones. Además, el análisis solo incluyó la anorexia y la bulimia nerviosas, por lo que no representa la carga total de los trastornos de la conducta alimentaria ni permite extrapolar sus resultados a todas las afecciones de este tipo. Estas carencias deben tenerse en cuenta al interpretar los resultados y comparar la situación entre países.
Aun con estas limitaciones, los investigadores sostienen que sus resultados demuestran que “la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa contribuyen sustancialmente a la pérdida de salud no mortal a nivel mundial. Estos hallazgos respaldan la integración de los trastornos de la alimentación en la vigilancia, la prevención y la planificación de servicios de salud mental en todo el mundo”.
A partir de esta conclusión, el estudio plantea incorporar de manera más sistemática estos trastornos a los programas nacionales de salud mental, establecer mecanismos de detección en escuelas y centros de atención primaria, capacitar al personal sanitario y reducir el estigma que dificulta la búsqueda de ayuda.
Mario Gutiérrez-Bedmar, profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga, quien tampoco participó en la investigación, añade que el trabajo demuestra que estos trastornos de la conducta alimentaria no han disminuido, sino que van en aumento. A su juicio, ante la influencia que el entorno digital puede ejercer en la conducta de las personas, también es necesario prestar atención al papel de las redes sociales.
“Sin duda [estas plataformas] pueden ser un arma de doble filo: por un lado, pueden dar visibilidad a estos problemas que siguen estando presentes y van en aumento, pero, por otro, pueden lanzar mensajes equivocados precisamente a la población en el grupo de edad donde mayor es la prevalencia y que mayor uso hace de ellas”, concluyó en una declaración retomada por SMC España.












