
Call of Duty lleva más de 20 años contando historias sobre la guerra. En ese tiempo, su saga Modern Warfare ha vuelto una y otra vez sobre conflictos multinacionales de consecuencias apocalípticas, operaciones imposibles y protagonistas capaces de sobrevivir a casi cualquier cosa. Su cuarta entrega, recién estrenada, conserva buena parte de esa fórmula. No es exactamente una sorpresa, pero sí lo es que, detrás de una de las mayores superproducciones de la industria, todavía haya espacio para contar una historia que vale la pena seguir.
La campaña se desarrolla a través de dos historias que se entrelazan. Una sigue la continuidad de los remakes de Modern Warfare, con John Price y los integrantes de la Task Force 141 justo donde los dejó el cliffhanger de Modern Warfare III. La otra introduce a nuevos protagonistas en medio de un conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur. Ambas coinciden cronológicamente en algún punto.
Es en esta segunda trama donde el juego encuentra algunos de sus mejores momentos: no pretende explicar una de las divisiones geopolíticas más complejas del mundo ni abandona la mirada que históricamente ha acompañado a la franquicia, pero sí presta atención a las personas que viven en medio de ella. Sus personajes cargan con divisiones, miedos y resentimientos que comenzaron mucho antes de que ellos nacieran, y la campaña consigue que importe lo que puede ocurrirles.
La historia de Price y la Task Force 141, por el contrario, vuelve sobre un terreno conocido. Después de tres entregas siguiendo a estos personajes, sus nuevas operaciones internacionales y sus habituales demostraciones de heroísmo tienen dificultades para despertar el mismo interés. Las fases protagonizadas por Price me sacaban constantemente de la historia. Sus grandes momentos dejaron de parecerme emocionantes para empezar a sentirse como situaciones construidas únicamente para que estos personajes volvieran a hacer algo extraordinario.
Nada de esto significa que Modern Warfare 4 haya dejado de ser el Call of Duty que los fans conocen y aman. La campaña conserva las grandes secuencias de acción de la franquicia, pero también introduce variaciones que ya necesitaba. La llegada de nuevos personajes que no necesitan salvar al mundo para resultar interesantes fue, para mí, aire fresco.












