
Por: Cacheito Martínez
¿Es el fin de un ciclo judicial o el inicio de una nueva batalla por el poder? En apenas 48 horas, el tablero político dominicano ha experimentado un sacudón sísmico. Tras recuperar su visado estadounidense y obtener un fallo judicial favorable que despeja su horizonte legal, Gonzalo Castillo ha irrumpido en la escena pública con una declaración que rompe el protocolo: no solo busca la candidatura del PLD, sino que se proclama como el próximo presidente de la República para 2028. Este giro, que detiene la sangría de militantes hacia la Fuerza del Pueblo y desafía los tiempos internos de su partido, plantea una interrogante mayor: ¿Estamos ante la resurrección de un liderazgo capaz de unificar a la oposición o ante un movimiento arriesgado que reconfigura por completo el escenario electoral dominicano?
Al salir del Palacio de Justicia, tras ser consultado por la prensa, Castillo declaró que no será solamente el candidato del PLD, sino que aseguró ser el próximo presidente de la República en 2028. Para entender el momento, debemos recordar que en las elecciones de 2020, Gonzalo Castillo fue el candidato del PLD, obteniendo un 38% de los votos y perdiendo frente al entonces candidato del PRM y actual presidente, Luis Abinader. Asimismo, en las primarias de 2019, Castillo compitió contra el doctor Leonel Fernández, quien, tras ser derrotado, salió del PLD para formar la Fuerza del Pueblo (FP). Ahora, la pregunta es: ¿qué cambia rumbo al 2028?
Hoy, Castillo figura entre los precandidatos con mayor nivel de favorabilidad dentro del partido. Su reaparición pública coincide con una desaceleración en la salida de dirigentes y militantes hacia la Fuerza del Pueblo. El flujo que beneficiaba al expresidente Leonel Fernández se ha detenido; la FP había capitalizado el desencanto de una parte del peledeísmo, pero la reactivación de Castillo modifica esa ecuación y abre una disputa directa por esa franja de la base.
La declaración de Castillo se produce antes de que el PLD active formalmente su proceso de elección presidencial, autopostulándose al margen del calendario partidario y de la competencia con otros aspirantes. La secuencia visa-fallo-declaración le permitió dominar un ciclo noticioso completo. En términos jurídicos, no tiene procesos abiertos; en los administrativos, recupera movilidad internacional; y en los políticos, adelanta su posición frente a su partido y al electorado.
Las preguntas que deja el momento son concretas: ¿Puede Gonzalo Castillo unificar al PLD bajo su aspiración? ¿Su nivel de favorabilidad interna es transferible a la intención de voto general en 2028? ¿Mantiene el oficialismo su ventaja frente a este nuevo reordenamiento? El tribunal cerró un expediente y Washington cerró otro. ¿Significa esto que, con todos estos factores, se ha abierto un nuevo escenario en la política dominicana?










