
Esta aldea palestina del sur de Cisjordania ocupada ha contactado a la FIFA para que le ayude a salvar su cancha –rodeada de asentamientos israelíes–, pero el organismo aún no ha respondido. Aquí el fútbol no solo despierta adoración. Es un sostén vital y vertebra la educación diaria de los más pequeños, que desde abril no van a la escuela porque los colonos judíos les han vallado el camino. También los atacan mientras juegan y se quedan con los balones. El reportaje es de nuestra corresponsal Janira Gómez Muñoz y Kamal Alazraq.











