La mayor parte del vulcanismo de la Tierra ocurre bajo el océano, pero el fondo del mar sigue siendo uno de los territorios menos explorados del planeta. No obstante las dificultades técnicas, los científicos no se dan por vencidos. Por fortuna, en la actualidad ya no es requisito recurrir a costosos submarinos para buscar calderas submarinas. Al menos no como un primer paso. Basta con cambiar el enfoque de la investigación, con nuevas herramientas que ya se han aplicado en otros contextos.
Un equipo internacional de investigadores desarrolló un sistema basado en inteligencia artificial adaptado de un algoritmo creado para detectar cráteres de impacto en Marte. Este permitió identificar 73 posibles calderas volcánicas submarinas distribuidas por todo el mundo y previamente no documentadas. El hallazgo supone un gran avance en el campo del vulcanismo submarino pues, según la literatura disponible actual, solo hay entre 8 y 13 calderas submarinas identificadas.
El estudio, publicado este mes en Communications Earth & Environment, detectó 73 estructuras circulares cuya forma coincide con la de una caldera volcánica. Esta, a su vez, es una estructura que se forma cuando un volcán colapsa después de expulsar magma durante una erupción. Es una distinción importante, pues todavía falta confirmar que, en efecto, sean más de siete decenas de calderas volcánicas.
Si los datos de la investigación son correctos, los autores calculan al menos un aumento del 150% en el inventario global de calderas submarinas, solo en el escenario más conservador.
Una herramienta para otros fines
Los investigadores adaptaron un algoritmo que originalmente había sido diseñado para detectar cráteres en Marte. El sistema analizó la topografía de unos 43,000 montes submarinos utilizando la base de datos batimétrica global GEBCO, uno de los mapas más completos disponibles del relieve oceánico.
El algoritmo detectó inicialmente más de 87,000 estructuras con formas compatibles con posibles calderas. Después de aplicar filtros automáticos y revisar manualmente los resultados, los investigadores redujeron la lista a 78 calderas submarinas, de las cuales solo cinco ya figuraban en registros científicos. Las otras 73 representan candidatos previamente desconocidos que deberán confirmarse mediante observaciones de mayor resolución.
Una caldera no es un volcán independiente, como podría intuirse, sino la gran depresión que queda cuando el techo de una cámara magmática colapsa tras una gran erupción. Algunas pueden permanecer inactivas durante millones de años, mientras que otras conservan actividad hidrotermal o forman parte de sistemas volcánicos que siguen evolucionando.
La búsqueda de calderas volcánicas submarinas va más allá del interés geológico. Conocer su ubicación ayuda a evaluar riesgos naturales. Por ejemplo, grandes erupciones submarinas pueden generar tsunamis, alterar ecosistemas marinos y afectar infraestructura ubicada en el fondo oceánico, como los cables de telecomunicaciones. Además, las calderas suelen albergar sistemas hidrotermales que sostienen formas de vida únicas.
Los autores creen que el número de calderas submarinas aumentará conforme mejoren los mapas del fondo oceánico. Aunque el océano cubre más del 70% de la superficie del planeta, apenas una cuarta parte de su fondo ha sido cartografiada con el nivel de detalle que exige la ciencia moderna.












