Estados Unidos y España han vuelto a escenificar una fractura transatlántica en plena cumbre de la OTAN en Turquía.
El mandatario estadounidense, Donald Trump, ordenó este miércoles 8 de julio la suspensión inmediata de todo el comercio con España, tras definir a la nación ibérica como «un socio terrible» y «una causa perdida», debido a la reticencia del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al aumento del gasto militar al 5% del PIB, como exige el inquilino de la Casa Blanca, y a la guerra contra Irán.
«España es una causa perdida. Por cierto, ya no queremos hacer negocios con España (…) España es un socio terrible en la OTAN. No participan, no pagan. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España», aseguró el líder republicano durante una rueda de prensa con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Rutte intentó calmar los ánimos al asegurar que Madrid «dio un gran paso el año pasado» al aumentar su inversión en defensa hasta el 2 % del PIB, pese a que «todavía hay asuntos por resolver».
Trump se aseguró de dejar clara su advertencia ante el mundo. Frente a medios de comunicación de múltiples países, se dirigió a continuación al secretario del Tesoro, Scott Bessent: «No quiero hacer ningún tipo de trato con ellos, ¿de acuerdo?». «Sí, señor», respondió el funcionario.
La oficina de Sánchez declaró en un comunicado que consideraba las declaraciones de Trump como algo «normal» y que no tenía intención de cambiar las «excelentes» relaciones que mantiene con Washington.
No obstante, la arremetida del republicano ocasionó que las acciones y los bonos españoles sufrieran fuertes caídas este miércoles. El IBEX cayó un 2,6% en la sesión vespertina, su peor desplome diario desde que Trump amenazó con un embargo total al comercio español a principios de marzo.
La hipotética suspensión de las relaciones comerciales entre EE. UU. y España genera temores en los sectores que lideran las exportaciones desde y hacia ambos países, a pesar de que las normas de la Unión Europea exigen que las negociaciones comerciales se lleven a cabo en bloque único, por lo que no está clara la forma en que EE. UU. puede castigar a España sin afectar su relación con la UE.
En este punto, la pregunta que emerge es: ¿qué está en juego con la ruptura económica entre Madrid y Washington?
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El pulso entre Trump y Sánchez: defensa, bases militares y amenazas comerciales
Esta no es la primera amenaza del republicano a España. Las tensiones entre el Gobierno de Donald Trump y la nación europea se han convertido en uno de los frentes más delicados de la relación transatlántica en el segundo mandato del presidente estadounidense. El principal choque surgió por la exigencia de Washington de que todos los miembros de la OTAN eleven su gasto militar hasta el 5 % del PIB, una meta que Pedro Sánchez rechazó al considerar que su país puede cumplir sus compromisos de defensa con un esfuerzo cercano al 2,1 %, sin poner en riesgo el gasto social ni las cuentas públicas.
Sánchez acudió a la cumbre de Ankara decidido a mantener esa posición y a defender que España sigue siendo un “socio fiable” de la Alianza.
Pero Trump respondió con dureza. Primero acusó a España de no “jugar en equipo” dentro de la OTAN, vinculando el castigo económico tanto al gasto militar como a la postura española respecto a Irán.
El segundo gran foco de fricción ha sido la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Y es que el Gobierno español se negó a autorizar el uso de las bases conjuntas de Rota y Morón para operaciones ofensivas relacionadas con el conflicto, una decisión que Washington interpretó como una falta de apoyo estratégico. Trump expresó públicamente su malestar y vinculó esa negativa con posibles represalias comerciales, mientras que Moncloa defendió que España actuaba conforme a su posición de evitar una mayor escalada regional y priorizar una salida diplomática.
«Somos un país fiable y cumplimos con nuestros compromisos internacionales»
La respuesta española ha sido insistir en que la relación con Estados Unidos sigue siendo importante y mutuamente beneficiosa. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha subrayado que España ya supera el objetivo histórico del 2 % del PIB en defensa, participa en misiones de la OTAN y mantiene una presencia relevante en el flanco oriental de la Alianza.
«Nuesto país es el segundo aliado que más capacidades navales despliega en operaciones fuera de su territorio y el cuarto en despliegue de capacidades aéreas (…) Somos un país fiable y cumplimos con nuestros compromisos internacionales, remarcó el líder del PSOE.
El líder del país europeo insistió en que su compromiso con la seguridad europea e incluso más allá de sus fronteras es integral y que no se trata de gastar más, sino de invertir mejor.
«Hemos consolidado el 2% del PIB al que nos hemos comprometido (…) Tenemos un serio compromiso con la OTAN y la seguridad de 360 grados que es absoluto (…) Hemos gastado mejor, apostando por la industria nacional, compatibilizando la defensa con los servicios públicos y la adaptación a la emergencia climática», explicó Sánchez.
«Puede que España esté lejos de Rusia, también de Medio Oriente, pero estamos muy cerca de nuestros aliados y de los valores que inspiraron a la OTAN y la UE», agregó.
Además, el Gobierno español recordó que la política comercial no se negocia bilateralmente con Washington, sino a través de la Unión Europea, lo que limita el alcance real de las amenazas de Trump.
Así, la disputa ha pasado de ser un desacuerdo sobre gasto militar a convertirse en un pulso político más amplio sobre el papel de España en la OTAN, su autonomía frente a Washington y su postura ante la guerra en Medio Oriente.
Con la cumbre de la OTAN como telón de fondo, la relación entre Trump y Sánchez atraviesa su momento más tenso desde el regreso del líder republicano a la Casa Blanca, marcada por amenazas económicas estadounidenses y por la negativa española a modificar sus posiciones sobre defensa y sobre el conflicto de EE. UU. e Israel contra Irán.
¿Qué consecuencias tendría una ruptura comercial?
Estados Unidos y España mantienen un comercio bilateral que supera los 45.000 millones de dólares al año, aunque el intercambio favorece claramente a Washington. En 2025, España exportó bienes por 16.716 millones de euros al mercado estadounidense, mientras que importó productos por más de 30.170 millones, lo que dejó a Estados Unidos con una ventaja de 13.458 millones de euros, según datos del Ministerio de Economía español. Aunque las cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos reducen esa diferencia, ambos gobiernos coinciden en que el saldo comercial beneficia a Washington.
Pese a ello, España no depende de Estados Unidos como principal destino de sus exportaciones. Cerca de tres de cada cuatro euros que vende al exterior tienen como destino otros países de la Unión Europea, mientras que el mercado estadounidense representa alrededor del 5 % de las exportaciones españolas y entre el 6 % y el 7 % de sus importaciones. Además, algunas de las mayores firmas de inversión estadounidenses, como BlackRock, siguen considerando a España un mercado estratégico por el sólido crecimiento que ha mostrado su economía.
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Una eventual ruptura comercial tendría, sin embargo, consecuencias importantes para ambos países. En el caso de España, los sectores más expuestos serían la industria manufacturera —especialmente las ramas farmacéutica, química, metalúrgica y de maquinaria—, además del aceite de oliva, el vino y otros productos agroalimentarios con fuerte presencia en el mercado estadounidense. El turismo también podría verse afectado si disminuye la llegada de los cerca de 4,5 millones de visitantes estadounidenses que recibe el país cada año.
Estados Unidos tampoco saldría indemne. España se ha convertido en un cliente clave para sus exportaciones energéticas: Washington es el principal proveedor de petróleo del país y el segundo de gas natural licuado, solo por detrás de Argelia. En un contexto de incertidumbre por las guerras en Oriente Medio y Ucrania, perder ese mercado obligaría a Estados Unidos a buscar nuevos compradores, mientras que España tendría que acelerar la diversificación de sus fuentes de suministro energético.
Aunque el peso económico de la relación comercial es mayor para Estados Unidos en términos de ventas, una ruptura perjudicaría a ambos lados del Atlántico. Más allá del intercambio de bienes, afectaría inversiones, cadenas de suministro y sectores estratégicos que se han fortalecido durante décadas de cooperación económica, en un momento en que las tensiones políticas entre Donald Trump y Pedro Sánchez amenazan con trasladarse al terreno comercial.
Con Reuters, AP y medios locales











