¿Por qué las explosiones en Damasco durante la visita de Macron suponen un duro golpe para al-Sharaa?

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Dos explosiones sacudieron el centro de Damasco el martes 7 de julio, mientras el presidente francés Emmanuel Macron se encontraba de visita oficial en la capital siria. Las bombas caseras, colocadas cerca del hotel Four Seasons, donde la delegación presidencial francesa había pasado la noche, hirieron a 18 personas, entre ellas cuatro policías.

Aunque por el momento no se ha reivindicado ningún ataque, estos incidentes recuerdan que la amenaza terrorista sigue muy presente en Siria, un año y medio después de la caída del dictador Bashar al-Assad, derrocado por Ahmed al-Charaa.

El presidente «interino» sirio sigue teniendo dificultades para hacer frente a un reto de gran envergadura: restablecer de forma duradera la seguridad en un país devastado por más de una década de guerra y que sigue sufriendo oleadas de violencia intercomunitaria. 

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Imagen de portada: © France 24

«Muchas personas se ven hoy perjudicadas por los éxitos de Siria; son las mismas que antes intentaban destruir el país», declaró Ahmed Al-Charaa durante una rueda de prensa conjunta con Emmanuel Macron. «Las investigaciones están en marcha y estoy convencido de que los autores de este acto criminal atroz serán detenidos muy pronto».

Por su parte, el ministro del Interior sirio, Anas Khattab, que se desplazó al lugar de los hechos, declaró que «estos actos de sabotaje perpetrados hoy (…) tenían como objetivo socavar la visita del presidente francés».

«Un grave revés en materia de seguridad»

Aunque los ataques no han tenido ningún impacto en el desarrollo de la visita del presidente francés —la primera de un líder de una potencia occidental desde la llegada al poder del antiguo líder yihadista—, constituyen «un grave revés en materia de seguridad» para el presidente sirio, según opina Adel Bakawan, director del Instituto Europeo de Estudios sobre Oriente Medio y el Norte de África.

«Ahmed al-Charaa se esfuerza por convencer de que Siria ha recuperado una relativa estabilidad y seguridad, y de que su principal reto es ahora el desarrollo económico, con el fin de persuadir a las empresas occidentales de que pueden invertir allí», explica. «Pero estas dos explosiones en Damasco envían una señal exactamente opuesta, al recordar que Siria no es ni un país seguro ni estable».

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Imagen de portada: © France 24

Una constatación que se hace eco del atentado del 2 de julio, cuando un artefacto explosivo casero estalló en una cafetería del barrio de Al-Hamidiyah, en pleno centro de Damasco, a pocos pasos del Palacio de Justicia, causando 10 muertos y una veintena de heridos.

Se trata del atentado más sangriento perpetrado en la capital desde el que tuvo como objetivo una iglesia ortodoxa griega en junio de 2025, en el que murieron 25 personas. Aunque fue reivindicado por un grupo fundamentalista suní, el Gobierno lo atribuyó al Estado Islámico (EI).

Desde febrero, la organización yihadista se ha atribuido varios atentados contra las fuerzas de seguridad sirias, presentados como el inicio de una «nueva fase» de su campaña contra el Gobierno. 

Ante la ausencia de reivindicaciones, al igual que en el atentado del 2 de julio, las autoridades ven en estos ataques una voluntad deliberada de socavar los esfuerzos de estabilización emprendidos por Ahmad al-Charaa. 

«Cada vez que el país atraviesa un periodo de estabilidad, hay fuerzas malintencionadas que intentan desestabilizarlo», declaró el gobernador de Damasco, Maher Edelbi, durante su visita a la cafetería afectada por las explosiones.

Varias hipótesis planteadas

Según Adel Bakawan, se pueden plantear varias hipótesis sobre estas «fuerzas malintencionadas» que buscan desestabilizar Siria. 

«La primera, y con diferencia la más creíble, es la de una acción del Estado Islámico», subraya. «No sería ni el primer ni el último atentado de este tipo. Es cierto que la coalición internacional ha derrotado al Estado Islámico en el plano territorial. Pero un Daesh privado de territorio no deja de ser extremadamente peligroso».

«El Estado Islámico suele reivindicar este tipo de operaciones, ya sea de forma explícita o implícita —señala, por su parte, el periodista sirio Bassam Safar—. Pero no hay que descartar la existencia de otras corrientes islamistas, distintas del Daesh. Algunas podrían incluso estar presentes en las estructuras del poder».

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La referencia alude a los antiguos compañeros yihadistas de Ahmed Al-Charaa en Hayat Tahrir al-Cham (HTC), hostiles a la evolución del antiguo líder rebelde y al acercamiento diplomático de Siria con Estados Unidos, Rusia —antiguo aliado del régimen de Assad— y con las potencias occidentales, en particular Francia.

La segunda hipótesis planteada por Adel Bakawan «se refiere a Hezbolá libanés», antiguo aliado de Bashar al-Assad, y «en términos más generales, a las redes proiraníes, que nunca han renunciado por completo a su influencia en Siria».

¿Vestigios del régimen de Assad?

Esa opinión la comparte Bassam Safar. «Los actores externos, en particular los restos de las milicias que cooperaron con el régimen iraní y Hezbolá, y que siguen presentes en Damasco, tienen un interés real en hacer fracasar el proceso iniciado por las nuevas autoridades, en debilitar su legitimidad y en comprometer esta visita oficial», opina.

«Su objetivo es convencer a la comunidad internacional de que este gobierno es incapaz de perdurar, de consolidarse y de defender los intereses de los sirios», agrega el periodista.

Por último, la tercera hipótesis de Adel Bakawan se refiere a los partidarios del antiguo régimen de Bashar al-Assad. «Estas redes de lo que se conoce como los vestigios del antiguo régimen aún conservan puntos de contacto y una base social, sobre todo en Damasco», señala.

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Imagen de portada: © France 24

Los ‘foulouls’ —término peyorativo que designa a los «restos» del antiguo régimen— tienen «un interés evidente en comprometer la visita del presidente francés, así como en desestabilizar a las nuevas autoridades sirias», opina Bassam Safar.

Esta hipótesis cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que el atentado del 2 de julio tuvo como objetivo una cafetería frecuentada por abogados, situada cerca del palacio de justicia donde, desde el mes de mayo, se juzga a antiguos oficiales baasistas y a personas cercanas a Bashar al-Assad. 

A estas amenazas para la seguridad se suman las masacres de alauitas en la costa siria en marzo de 2025, y posteriormente los enfrentamientos con combatientes drusos en el sur del país, que han puesto de manifiesto las dificultades del Gobierno para controlar todo el territorio. Todo ello subraya hasta qué punto sigue siendo incierta la perspectiva de una Siria estabilizada de forma duradera.

Adaptado de su versión original en francés

¿Por qué las explosiones en Damasco durante la visita de Macron suponen un duro golpe para al-Sharaa?