Venezuela tras los sismos: niñas y niños viven entre carpas, miedo y riesgo de enfermedades

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En La Guaira y Caracas, miles de familias llevan casi dos semanas viviendo en carpas. Algunas son demasiado pequeñas para quienes las ocupan; otras no están impermeabilizadas, por lo que no protegen de la lluvia. Cuando los colchones y la ropa se mojan, no siempre hay forma de secarlos. Cuando sale el sol, el calor hace difícil permanecer dentro.

Los efectos de los sismos de 7.2 y 7.5, ocurridos el pasado 24 de junio en Venezuela, siguen presentes en la vida diaria de las familias: en el miedo a dormir, en la pérdida de rutinas y en el riesgo de enfermar debido a las condiciones climáticas y sanitarias.

“Tenemos muchas familias que nos cuentan que lo han perdido todo, que han perdido familiares, que han perdido casas y viven con mucha incertidumbre sobre qué va a ser de ellos, sobre si van a poder volver a sus edificios o cómo van a afrontar los próximos meses”, dice Arantxa Oses, subdirectora interina de Save the Children en Venezuela, en entrevista con WIRED en Español.

De acuerdo con UNICEF, más de 680,000 niñas, niños y adolescentes en Venezuela se encuentran en situación de vulnerabilidad. Para Save the Children, los riesgos son mayores durante la infancia, sobre todo cuando faltan agua, higiene, atención médica y condiciones seguras.

venezuela niños refugiados

Niños juegan futbol cerca de tiendas de campaña en el estadio de béisbol César Nieves, en el barrio La Angustia de Catia La Mar, estado La Guaira, Venezuela, 3 de julio de 2026, donde se han refugiado personas desplazadas.

Miguel MEDINA / AFP via Getty Images

Según cifras oficiales compartidas hasta el momento de publicar esta nota, al menos 3,685 personas fallecieron por los terremotos, casi 190 edificios colapsaron y otros 856 quedaron dañados. Además, más de 16,000 personas se quedaron sin hogar, por lo que han tenido que permanecer en asentamientos improvisados.

Refugios precarios y riesgo de enfermedades

Las condiciones en algunos refugios han empezado a incrementar los riesgos para la salud. “Miles de personas llevan ya casi 12 días viviendo en tiendas de campaña, en carpas, sin acceso regular a agua potable ni a instalaciones de saneamiento, y esto aumenta el riesgo de infecciones cutáneas, de diarreas o de enfermedades gastrointestinales”, señala Oses.

La falta de baños, agua limpia y espacios para lavarse las manos también ha encendido las alertas. En un contexto de hacinamiento, las malas condiciones sanitarias pueden acelerar la propagación de enfermedades. Para niñas y adolescentes, además, la emergencia implica enfrentar la menstruación sin privacidad suficiente ni condiciones mínimas de higiene.

La falta de privacidad en los refugios también aumenta los riesgos para niñas y adolescentes. La ONG Plan International advierte que, en algunos albergues, las familias comparten áreas comunes sin una separación adecuada y, en muchos casos, no hay baños diferenciados por sexo.

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