Es un dispositivo portátil para uso doméstico destinado al tratamiento de la depresión. Ya está disponible en Estados Unidos con receta médica.
Dado que aproximadamente uno de cada seis adultos estadounidenses toma antidepresivos, la empresa sueca Flow Neuroscience está posicionando su dispositivo como una alternativa a los fármacos tradicionales. Sin embargo, con su actual precio de cuatro cifras, es posible que este casco de aspecto futurista tarde un tiempo en ganarse la aceptación de muchos pacientes.
30 minutos al día
El dispositivo, que se coloca en la frente durante 30 minutos al día y se controla mediante una aplicación, proporciona una estimulación eléctrica de baja intensidad al lóbulo frontal izquierdo del cerebro, una zona implicada en la regulación del estado de ánimo y las emociones. Las personas con depresión suelen presentar una menor actividad y conexiones neuronales más débiles en esa parte del cerebro.
Flow recibió la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) el pasado diciembre, y su dispositivo forma parte de una nueva generación de wearables que monitorean, registran o estimulan el cerebro. La empresa californiana Cognixion, por ejemplo, ha modificado las Apple Vision Pro para crear un sistema de comunicación para personas paralizadas que no depende del habla ni del control motor. Una diadema de Muse promete mejorar la meditación, y un equipo de Elemind está diseñado para ayudar a las personas a conciliar el sueño más rápidamente.
El casco de Flow actúa sobre la misma zona del cerebro que la estimulación magnética transcraneal (EMT), un tratamiento aprobado para la depresión que utiliza campos magnéticos para activar las neuronas. Con la EMT, los pacientes tienen que acudir a una clínica, y una serie completa de sesiones suele requerir tratamientos administrados cinco días a la semana durante varias semanas. El tratamiento completo puede llegar a costar hasta 15,000 dólares sin seguro.
El director ejecutivo de Flow, Daniel Månsson, que era psicólogo clínico antes de cofundar la empresa, asegura que se propuso crear una opción más cómoda para los pacientes. “Para tener un impacto real sobre el problema, hay que crear algo que tenga el efecto necesario sobre el cerebro, pero que pueda utilizarse en el entorno doméstico de forma segura y eficaz”, sostiene.
Foto: Cortesía de Flow Neuroscience
En un ensayo con 174 personas con trastorno depresivo mayor, el 45% de los participantes que recibieron el dispositivo de Flow experimentó una remisión de los síntomas a las 10 semanas, en comparación con el 22% de los del grupo de control, que recibió una versión simulada. El ensayo incluyó tanto a personas que tomaban antidepresivos como a otras que no los tomaban, lo que demuestra que el dispositivo puede utilizarse, bajo supervisión médica, como complemento de la medicación, señala Månsson.
Efectos secundarios
Los efectos secundarios notificados fueron leves: algunas personas experimentaron irritación cutánea, dolores de cabeza y dificultades para concentrarse. Por su parte, los antidepresivos pueden provocar náuseas, aumento de peso, somnolencia, sequedad bucal y problemas sexuales, aunque estos síntomas pueden desaparecer unas semanas después de iniciar la medicación.
En Europa, donde está autorizado desde 2019, más de 65,000 personas han utilizado el dispositivo Flow, manifiesta Månsson. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido también está realizando una prueba piloto con el casco.
En EE UU, los pacientes podrán obtener una receta para el dispositivo Flow de un médico, ya sea en persona o a través de telesalud. Pero, al menos por ahora, tendrán que pagarlo de su propio bolsillo: 2,200 dólares por 10 semanas y, a partir de entonces, 325 dólares al mes. Eso es mucho más que los antidepresivos habituales, que normalmente están cubiertos por el seguro. Månsson comenta que la empresa está trabajando para conseguir el reembolso por parte de las aseguradoras.
Vinod Khosla, un inversor de capital de riesgo multimillonario y uno de los primeros inversionistas en Flow, cree que un enfoque no químico para tratar la depresión es el camino a seguir en el futuro. “Apuesto a que, si le preguntas a cualquier persona que tome medicamentos para la depresión, te dirá que preferiría no tomarlos”, opina. “Les gustaría un tratamiento sin fármacos y sin productos químicos para ello”.
Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.














