En vísperas de las elecciones presidenciales en Brasil, la virgen negra y patrona de Brasil ha sido el foco en los últimos días de una disputa colosal y una avalancha de publicaciones en las redes sociales. Se trata de Nuestra Señora de Aparecida, la patrona del país más grande de América Latina, cuyo culto empezó en 1717, cuando unos pescadores encontraron una imagen de arcilla oscura en un río.
Una información en redes vinculada con el senador y candidato presidencial ultraderechista Flávio Bolsonaro provocó un nuevo choque judicial, con fallos contradictorios entre un juez del Tribunal Superior Electoral (TSE) y otro de la Corte Suprema, en vísperas de los comicios del domingo 4 de octubre.
Todo comenzó con una información en redes: el candidato de la ultraderecha fue acusado de querer retirarle el título de patrona de Brasil si llegase a la Presidencia. Flávio Bolsonaro desmintió la noticia en sus redes sociales, pero en pocas horas el asunto se convirtió en uno de los episodios políticos más virales del año.
El origen de la confusión fue una mezcla de información verdadera, declaraciones sacadas de contexto y poder descontrolado de las redes sociales.
Durante un programa del canal de TV ‘GloboNews’, la periodista Maria Cristina Fernandes mencionó la existencia de un antiguo proyecto para retirar el estatus de patrona a Nuestra Señora de Aparecida. Es una propuesta antigua, presentada en 2007 y sin la participación de Flávio Bolsonaro, y que además fue archivada años después. Pero el episodio empezó a circular en Internet asociado al candidato de derecha, que poco antes había dicho que, si llega a ser presidente, decretará que “Brasil sea del Señor Jesucristo”.
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Finalmente, ‘GloboNews’ se retractó y pidió disculpas por la confusión, pero para entonces la versión ya se había multiplicado en las redes. En menos de tres días, el episodio acumuló casi un millón de menciones y más de ocho millones y medio de interacciones.
El Instituto Democracia em Xeque registró 669.900 menciones durante las primeras 24 horas, con un pico de más de 38.000 publicaciones en una sola hora. Mientras, la polémica dejó de ser únicamente religiosa y pasó a incluir acusaciones de desinformación
El equipo de Flávio Bolsonaro acusó al Partido de los Trabajadores, del presidente Luiz Inácio Lula da Silva -que busca su cuarto mandato-, de estar detrás de la falsa información y llegó a señalar una supuesta participación de personas vinculadas a la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB). La entidad negó las acusaciones y respondió que “una mentira no se combate con otra mentira”.
“Me parece fantástico que, tras casi una década diseminando mentiras, ahora el clan Bolsonaro tenga que beber su propia medicina”, resumía Marine, una abogada que el domingo pasado participó en el acto CarnaLula, a favor del actual mandatario en la playa de Copacabana.
Finalmente, el tema de la Virgen llegó a la Corte Suprema: un juez que decidió retirar las publicaciones sobre la polémica y otro volvió a autorizarlas.
Por su parte, Flávio Bolsonaro, que también denunció la situación ante un tribunal, resolvió optar por el pragmatismo y, el lunes pasado, alzó una imagen de la santa durante una caminata junto al gobernador de São Paulo.
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Una polémica de atrás
Mientras tanto, salieron a colación las palabras de un pastor evangélico muy próximo a Flávio Bolsonaro, JB Carvalho, por unos textos publicados en un libro de 2001. En ellos, cuestionaba el culto católico a María y se refería a Nuestra Señora de Aparecida como la “imagen oscura de una diosa”.
Diarios brasileños han destacado que, en el libro, este pastor recurrió a la figura bíblica de la “gran meretriz” y que escribió que la Biblia tendría referencias a la “madre de la prostitución espiritual”.
En su interpretación, la prostitución representaría el cambio de la adoración a Dios por la veneración de otra divinidad. Flávio y su esposa fueron bautizados por Carvalho en 2024.
Religión, desinformación y redes sociales
Así, una noticia falsa o no totalmente verdadera terminó conectando tres elementos cada vez más presentes en las elecciones brasileñas: religión, desinformación y la capacidad de las plataformas digitales para transformar una frase, una imagen o un fragmento fuera de contexto en un arma política.
Con la ayuda del ideólogo estadounidense Steve Bannon, Jair Bolsonaro fue pionero en América Latina y en el mundo en el uso de noticias falsas y de los grupos de WhatsApp durante la campaña electoral de 2018.
La propia empresa WhatsApp admitió un año después que en las elecciones brasileñas de aquel año se utilizaron envíos masivos de mensajes mediante sistemas automatizados contratados a empresas. Ocho años después, cada vez más países vecinos han copiado estas técnicas, incluso recurriendo a la inteligencia artificial y al llamado ‘deep fake’.
La gran pregunta, ocho años después, es si la actividad en las redes sociales todavía se traduce en intención de voto o si los electores brasileños ya presentan un cierto grado de madurez que les protege de las mentiras.
Por un lado, es cierto que las redes sociales siguen siendo el principal medio de información en estas elecciones. Según datos de la encuesta CNT/MDA, el 45,6% de los brasileños las usa para seguir el proceso electoral. Sin embargo, analistas y expertos en marketing señalan que el compromiso digital ha perdido la capacidad automática de atraer votos. Los candidatos con gran repercusión en Internet han quedado rezagados en las encuestas, lo que devuelve a los medios tradicionales como la radio y la televisión un papel central en la definición de los escenarios electorales.
Por otro lado, una investigación de Fbiz revela que el 58% de los brasileños cree que el uso de herramientas de inteligencia artificial tendrá la capacidad de influir en la decisión de voto en las elecciones de este año.
Cabe recordar que estos serán los primeros comicios que se celebren en Brasil tras la popularización de estas tecnologías, capaces de generar imágenes, audios y vídeos cada vez más realistas.
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Ante este escenario, el Tribunal Superior Electoral amplió las normas para el uso de la IA durante la campaña. A principios de marzo, dio a conocer las reglas para los partidos y candidatos. Un ejemplo: la manipulación de audios y videos para engañar a los electores, conocida como ‘deep fake’, está prohibida. Además, la legislación también prohíbe la promoción de contenidos para hacer propaganda negativa o atacar a otros candidatos.
Rodrigo Toniol, antropólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) sostiene que bulos como el de la virgen negra funcionan porque activan el miedo religioso: el adversario deja de ser simplemente un rival político y pasa a ser presentado como alguien que amenaza aquello que el elector considera sagrado.
La IA: ¿una amenaza mayor?
Pero, en general, los vídeos falsos creados con IA y la información de baja calidad ya pasaron a ser considerados una amenaza digital mayor que las ‘fake news’ tradicionales para las elecciones y la democracia, según una guía del Comité Gestor de Internet de Brasil (CGI.br), publicada el 22 de septiembre.
Los autores de este estudio destacan el cambio abrupto ocurrido entre 2018 —año de la primera edición— y el actual ciclo electoral.
Si bien en aquel entonces los principales canales de circulación eran las redes abiertas, como el Facebook, actualmente las redes más restringidas, como WhatsApp y Telegram, constituyen la vía de difusión predominante.
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Estos especialistas también identificaron que la propagación de desinformación se ha vuelto más dispersa, circulando simultáneamente en múltiples plataformas.
“En cuanto al formato, el vídeo se ha convertido en el principal vector, casi siempre acompañado de un texto breve que ancla y legitima la narrativa falsa”, señala el documento. No en vano, el Informe de Riesgos Globales 2025 del Foro Económico Mundial señaló la desinformación como el principal y más grave riesgo a corto plazo para la humanidad.












