¿Qué hay detrás de las protestas en Europa?: claves de una indignación que desborda las calles

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Una generación que teme vivir peor que sus padres. Europa atraviesa un otoño de movilizaciones en el que las reivindicaciones locales han terminado conectándose con un malestar social más amplio. La falta de recursos educativos, los alquileres inasequibles, la pérdida de poder adquisitivo, la precariedad laboral y las denuncias de corrupción han llevado a miles de personas a las calles, con los jóvenes en primera línea.

Aunque los detonantes varían de un país a otro, los movimientos comparten una sensación de incertidumbre y falta de oportunidades. María Silvestre, profesora de Sociología de la Universidad de Deusto, considera que determinadas circunstancias pueden actuar como una chispa capaz de transformar el descontento acumulado en movilización colectiva.

Para la Generación Z, el problema no se limita a las dificultades económicas inmediatas. También está en juego la posibilidad de acceder a una vivienda, conseguir un empleo estable y disfrutar de unos servicios públicos que permitan construir un proyecto de vida. Julius Fintelmann, cofundador y redactor jefe del boletín ‘The European Correspondent’, resume este sentimiento como una frustración ante una política que no estaría respondiendo a las necesidades de las generaciones más jóvenes.

Archivo: estudiantes cantan durante un concierto en la plaza Syntagma, en el marco de una protesta nocturna contra el aumento de los costos de la vivienda y la falta de financiación en la educación —en solidaridad con estudiantes de Francia y España—, en Atenas, Grecia, el 20 de octubre de 2026.
Archivo: estudiantes cantan durante un concierto en la plaza Syntagma, en el marco de una protesta nocturna contra el aumento de los costos de la vivienda y la falta de financiación en la educación —en solidaridad con estudiantes de Francia y España—, en Atenas, Grecia, el 20 de octubre de 2026. © Reuters/Stelios Misinas

La crisis de la vivienda se ha convertido en uno de los principales puntos de conexión entre las protestas de España, Portugal e Italia. En otros países, las reivindicaciones educativas y la lucha contra la corrupción han servido para canalizar demandas más amplias de cambio político.

La respuesta de las autoridades también ha marcado la evolución de las movilizaciones. Mientras cientos de miles de personas han participado en manifestaciones pacíficas, en Francia e Italia se han registrado saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía. En Bélgica, los choques de este sábado en Bruselas se saldaron con varias detenciones.

Francia: la falta de recursos educativos prende la mecha

El territorio francés se ha convertido en uno de los principales focos de las protestas europeas. Los estudiantes de secundaria llevan más de tres semanas protagonizando bloqueos y manifestaciones para denunciar el deterioro de los centros educativos, la falta de personal y la insuficiencia de recursos, especialmente en los barrios de menores ingresos.

Sus demandas incluyen reducir el número de alumnos por aula, aumentar la inversión en profesorado y mejorar las infraestructuras educativas para hacer frente, entre otros problemas, a los efectos de la crisis climática. También reclaman el fin de la violencia policial contra los jóvenes.

La movilización se ha extendido más allá de las aulas. La Confederación General del Trabajo (CGT) y otros activistas se han sumado a las protestas, que han incorporado reivindicaciones sobre el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos.

Manifestantes se enfrentan a la policía durante una protesta autorizada, organizada por un sindicato en Marsella, Francia, el 24 de octubre de 2026, en el marco de las movilizaciones a nivel nacional encabezadas por el movimiento de los 'chalecos amarillos', a las que se sumaron estudiantes de secundaria y universitarios.
Manifestantes se enfrentan a la policía durante una protesta autorizada, organizada por un sindicato en Marsella, Francia, el 24 de octubre de 2026, en el marco de las movilizaciones a nivel nacional encabezadas por el movimiento de los ‘chalecos amarillos’, a las que se sumaron estudiantes de secundaria y universitarios. © Reuters/Manon Cruz

Este sábado 24 de octubre, decenas de miles de personas volvieron a manifestarse en ciudades como París, Marsella, Lyon, Lille, Orléans y Burdeos. La marcha de París reunió a estudiantes, sindicatos, agricultores, activistas climáticos y miembros del movimiento los ‘chalecos amarillos’.

Sin embargo, la oleada de protestas también ha estado acompañada de graves episodios de violencia. Los disturbios del fin de semana anterior dejaron 2.400 detenidos y cientos de heridos, además de saqueos en varias ciudades e incendios que afectaron a edificios públicos y escuelas.

El presidente Emmanuel Macron condenó los ataques y responsabilizó a activistas de extrema izquierda de intentar desestabilizar el país. Por su parte, el mandatario estadounidense, Donald Trump, aprovechó para atribuir los destrozos a la inmigración y reclamó el cierre de las fronteras francesas, pese a que las autoridades y la Policía no habían señalado a las personas de origen extranjero como responsables de los disturbios.

La crisis educativa se ha convertido así en el detonante de un movimiento que canaliza un descontento social mucho más amplio.

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España: vivienda inaccesible y pensiones dignas en plena precampaña

Este país concentra varias de las reivindicaciones que recorren Europa. A la crisis del acceso a la vivienda se suman las movilizaciones por la educación pública y, este sábado, una manifestación estatal en defensa de las pensiones.

La acampada instalada en la Puerta del Sol de Madrid cumple este 24 de octubre su cuarta semana. La movilización comenzó tras el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que falleció días después mientras estaba hospitalizada, y se ha convertido en una protesta más amplia por el derecho a una vivienda asequible.

La iniciativa ha inspirado movilizaciones similares en otras ciudades españolas y ha situado el precio de los alquileres en el centro del debate público.

Las cifras ayudan a explicar el malestar: el salario mínimo en España se sitúa en 1.221 euros mensuales, mientras que el alquiler medio de un piso de 80 metros cuadrados ronda los 1.130 euros, según un análisis del diario económico ‘Expansión’. La diferencia deja un margen muy reducido para afrontar el resto de los gastos cotidianos.

La presión social ha impulsado al Gobierno socialista a aprobar medidas destinadas a facilitar el acceso a una vivienda asequible. Sin embargo, la falta de apoyos parlamentarios y el adelanto electoral han trasladado la disputa al terreno político, con la vivienda como uno de los asuntos centrales de la precampaña.

El problema también ha traspasado las fronteras españolas. Lisboa y Oporto han registrado campamentos y movilizaciones contra el encarecimiento de los alquileres, mientras Barcelona continúa siendo uno de los principales focos de tensión por el acceso a la vivienda y el impacto del turismo.

Además, la defensa de las pensiones ha protagonizado otra movilización este sábado en Madrid. Miles de personas procedentes de distintos puntos de España se manifiestan, convocadas por la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE), para reclamar prestaciones dignas y rechazar su privatización.

La protesta exige medidas que garanticen el poder adquisitivo de los pensionistas y refuercen la protección del sistema público. La portavoz nacional de la coordinadora, Francisca López, reclamó que las pensiones se revaloricen de acuerdo con la inflación real.

La movilización coincide con la precampaña para las elecciones del 29 de noviembre y vuelve a situar las pensiones en el centro de la confrontación política. El Gobierno de Pedro Sánchez reivindica las subidas aplicadas a estas prestaciones como una medida para proteger a los pensionistas frente al encarecimiento del coste de la vida.

En paralelo, el debate político gira en torno a las garantías de mantenimiento del poder adquisitivo y al futuro del sistema público si cambia la mayoría parlamentaria. Desde sectores críticos con el PP y el ultraderechista Vox se advierte del riesgo de posibles recortes o de una pérdida de protección de las pensiones si ambas formaciones llegaran al poder. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha negado que su partido pretenda reducirlas, mientras las dudas por sus declaraciones crecen.

La manifestación refleja así una preocupación que va más allá de las pensiones actuales: la sostenibilidad del sistema y la seguridad económica de quienes dependen de él, en un contexto de incertidumbre sobre el coste de la vida y el futuro de los servicios públicos.

El malestar se extiende al sistema educativo. La huelga indefinida de docentes de la enseñanza pública no universitaria de la Comunidad de Madrid continúa, después de una semana marcada por manifestaciones y reivindicaciones laborales.

Los profesores reclaman una reducción de las horas lectivas, menos alumnos por aula y mejores salarios. Entre sus demandas figuran pasar de 19 a 17 horas lectivas en Secundaria, Formación Profesional y enseñanzas de régimen especial, y de 25 a 22 horas en Infantil y Primaria.

La coincidencia de las protestas por la vivienda, las pensiones y la educación ilustra cómo diferentes problemas sociales están convergiendo en un cuestionamiento más amplio de la capacidad de las instituciones para garantizar unas condiciones de vida dignas.

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Italia: inflación, salarios y servicios públicos bajo presión

En Italia, el movimiento ‘Italia in Piazza’ ha reunido a miles de personas para exigir mejores condiciones laborales, salarios más altos y mayor protección de la sanidad, la educación y el acceso a la vivienda.

El encarecimiento de la vida constituye uno de los principales motores de las movilizaciones. La inflación italiana alcanzó el 4,2 % en septiembre, por encima del 3,8 % registrado en la zona euro, según los datos gubernamentales citados en la información de contexto.

Las protestas, inicialmente pacíficas, derivaron en enfrentamientos en Turín, Bolonia y Milán. En esta última ciudad, grupos de manifestantes enmascarados se enfrentaron a la Policía, saquearon comercios y prendieron fuego a propiedades. Las autoridades informaron de 271 detenciones y 14 agentes heridos durante dos días de disturbios.

Personas participan en una manifestación espontánea contra el aumento del costo de vida —una semana después de que las protestas terminaran en enfrentamientos y saqueos en ciudades del norte— en Milán, Italia, el 24 de octubre de 2026.
Personas participan en una manifestación espontánea contra el aumento del costo de vida —una semana después de que las protestas terminaran en enfrentamientos y saqueos en ciudades del norte— en Milán, Italia, el 24 de octubre de 2026. © Reuters/Yara Nardi

El malestar también afecta a los estudiantes, que denuncian las dificultades para pagar el alojamiento durante sus estudios universitarios. Para muchos jóvenes, el costo de una habitación se ha convertido en un obstáculo para acceder a la educación superior o continuarla sin asumir importantes sacrificios económicos.

A ello se suma el encarecimiento del combustible, que ha provocado protestas de transportistas por el impacto de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán sobre sus costes. Un bloqueo organizado por este sector llegó a paralizar parte de la producción de mozzarella de búfala y de determinadas variedades de pasta.

Un grupo recién creado, el Movimiento del 17 de octubre, ha anunciado una campaña de movilización permanente, con convocatorias semanales en distintas ciudades. Las demandas abarcan así desde el empleo y la vivienda hasta los servicios públicos y el coste de la energía.

Bélgica: enfrentamientos por la educación y las actuaciones policiales

Bruselas vivió este sábado nuevos enfrentamientos entre manifestantes antigubernamentales y la Policía. Cientos de personas, en su mayoría jóvenes, se concentraron para reclamar una mayor financiación de la educación y denunciar lo que consideran un uso excesivo de la fuerza por parte de los agentes.

Las movilizaciones forman parte de una serie de protestas que se han sucedido durante los últimos meses. En los incidentes de este sábado, la Policía empleó gases lacrimógenos y gas pimienta para dispersar a algunos grupos.

Testigos citados por la agencia de noticias Reuters describieron escenas de tensión, con manifestantes que arrojaron señales de tráfico y otros objetos sobre patinetes y bicicletas de alquiler e intentaron prenderles fuego. También denunciaron que varios agentes golpearon y patearon a una persona que había caído al suelo mientras huía.

Un manifestante arroja un patinete de uso compartido al fuego durante una protesta convocada por sindicatos contra las medidas presupuestarias del Gobierno federal, cerca de la estación de tren de Bruselas-Sur, el 9 de octubre de 2026. Trabajadores belgas, acompañados por estudiantes de secundaria, salieron a las calles el 9 de octubre de 2026 en una nueva huelga nacional contra las medidas de austeridad gubernamentales. La manifestación, que esperaba congregar a miles de personas en Bruselas, se produce en un clima de gran tensión, después de que las protestas estudiantiles —inspiradas en las que han tenido lugar en Francia— derivaran en actos de violencia esta semana.
Un manifestante arroja un patinete de uso compartido al fuego durante una protesta convocada por sindicatos contra las medidas presupuestarias del Gobierno federal, cerca de la estación de tren de Bruselas-Sur, el 9 de octubre de 2026. Trabajadores belgas, acompañados por estudiantes de secundaria, salieron a las calles el 9 de octubre de 2026 en una nueva huelga nacional contra las medidas de austeridad gubernamentales. La manifestación, que esperaba congregar a miles de personas en Bruselas, se produce en un clima de gran tensión, después de que las protestas estudiantiles —inspiradas en las que han tenido lugar en Francia— derivaran en actos de violencia esta semana. © AFP/Nicolas Tucat

Los agentes comunicaron que detuvieron temporalmente a cinco personas por alterar el orden público y a otras cuatro por posesión de armas prohibidas e incitación a los disturbios. Las autoridades aseguraron que no se habían registrado incidentes graves al final de la tarde.

Aunque los choques fueron de menor intensidad que los ocurridos la semana anterior en Bélgica y Francia, las reivindicaciones vuelven a señalar la financiación educativa y la relación entre los jóvenes y las fuerzas de seguridad como focos de tensión.

Portugal: tiendas de campaña contra los alquileres y los desahucios

En Portugal, la crisis de la vivienda ha desencadenado movilizaciones en Lisboa y Oporto, en paralelo a las protestas españolas. En Lisboa, miles de personas se han concentrado durante varias noches en la plaza de Rossio, donde algunos manifestantes han instalado tiendas de campaña.

Las reivindicaciones se centran en limitar el incremento de los alquileres y revocar una nueva ley que facilita los desahucios. Los manifestantes reclaman que la vivienda vuelva a ser un espacio accesible para quienes viven y trabajan en las ciudades, en lugar de convertirse en un gasto que absorbe una parte desproporcionada de sus ingresos.

La tensión aumentó después de que 55 personas fueran detenidas durante la madrugada del martes, lo que dio lugar a nuevas manifestaciones.

Archivo: el 17 de octubre de 2026, manifestantes protestaron en la plaza del Rossio, en el centro de Lisboa, contra la escasez de vivienda, el aumento desorbitado de los alquileres y los bajos salarios. Ese mismo día, miles de personas marcharon por el centro de Lisboa, convocadas por el sindicato CGTP, para protestar contra unas condiciones de vida cada vez más difíciles. Las consignas y reivindicaciones se centraron principalmente en exigir salarios y pensiones más elevados, además de denunciar el incremento del coste de la vivienda y del combustible.
Archivo: el 17 de octubre de 2026, manifestantes protestaron en la plaza del Rossio, en el centro de Lisboa, contra la escasez de vivienda, el aumento desorbitado de los alquileres y los bajos salarios. Ese mismo día, miles de personas marcharon por el centro de Lisboa, convocadas por el sindicato CGTP, para protestar contra unas condiciones de vida cada vez más difíciles. Las consignas y reivindicaciones se centraron principalmente en exigir salarios y pensiones más elevados, además de denunciar el incremento del coste de la vivienda y del combustible. © AFP/Filipi Amorim

La extensión de las acampadas entre Portugal y España muestra cómo el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema compartido, especialmente para los jóvenes y la mayoría de trabajadores para afrontar los precios del mercado.

Albania: la corrupción y el rechazo al Gobierno alimentan las protestas

En Albania, las movilizaciones antigubernamentales llevan más de una semana en Tirana y se han intensificado con la incorporación de estudiantes de secundaria y universitarios al movimiento conocido como ‘Flamingo’.

Los manifestantes exigen la dimisión del primer ministro socialista, Edi Rama, y reclaman medidas contra la corrupción, así como garantías para la sanidad, la educación y las pensiones públicas.

El nombre del movimiento alude al hábitat natural de los flamencos en una zona donde el Gobierno autorizó un gran proyecto turístico de lujo vinculado a Jared Kushner, yerno de Donald Trump. La iniciativa se convirtió en uno de los detonantes de las protestas estudiantiles, que se han sucedido de forma intermitente durante meses.

Un manifestante aparta de una patada un bote de gas lacrimógeno durante una protesta antigubernamental de estudiantes en Tirana, Albania, el 24 de octubre de 2026.
Un manifestante aparta de una patada un bote de gas lacrimógeno durante una protesta antigubernamental de estudiantes en Tirana, Albania, el 24 de octubre de 2026. © Reuters/Florion Goga

Rama ha rechazado las exigencias de dimisión y ha acusado a los manifestantes de estar radicalizados, además de responsabilizar a sus adversarios políticos de la agitación. Los episodios de violencia registrados durante las movilizaciones han elevado la tensión entre el Gobierno y sus detractores.

A diferencia de las protestas centradas principalmente en el costo de vida en otros países europeos, en Albania la corrupción y la exigencia de un cambio político ocupan un lugar central. Sin embargo, la defensa de los servicios públicos y las pensiones conecta sus demandas con las de otros movimientos del continente.

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Serbia: los estudiantes desafían al poder político

En Serbia, las movilizaciones estudiantiles contra la corrupción llevan cerca de dos años marcando la vida política del país. Los universitarios se han convertido en una de las principales fuerzas opositoras frente al expresidente Aleksandar Vučić, que aspira a regresar al poder como primer ministro.

La corrupción y la exigencia de responsabilidades políticas han impulsado un movimiento que ahora también tiene una dimensión electoral. La formación Lista de Estudiantes, respaldada por los jóvenes, mantiene, un nivel de apoyo cercano al partido de Vučić.

La proximidad de las elecciones parlamentarias del 25 de octubre aumenta la incertidumbre sobre el resultado y alimenta los temores a nuevos episodios de violencia.

Un grupo de personas enciende bengalas para recibir a unos estudiantes que llegan tras un recorrido de 10 días en bicicleta. La iniciativa forma parte de un movimiento estudiantil serbio —que integra tanto a candidatos de su lista electoral recién registrada como a estudiantes—, el cual está transitando de casi dos años de protestas callejeras hacia una campaña electoral. Kragujevac, Serbia, 26 de septiembre de 2026.
Un grupo de personas enciende bengalas para recibir a unos estudiantes que llegan tras un recorrido de 10 días en bicicleta. La iniciativa forma parte de un movimiento estudiantil serbio —que integra tanto a candidatos de su lista electoral recién registrada como a estudiantes—, el cual está transitando de casi dos años de protestas callejeras hacia una campaña electoral. Kragujevac, Serbia, 26 de septiembre de 2026. © Reuters/Marko Djurica

Como en Albania, las protestas serbias se distinguen de las movilizaciones impulsadas principalmente por la vivienda o los salarios: el cuestionamiento de las instituciones y la lucha contra la corrupción están en el centro de las demandas. Pero ambas comparten la participación decisiva de los jóvenes y la voluntad de transformar el descontento social en un cambio político.

Un malestar común ante un futuro incierto

Pese a las diferencias entre los países, las movilizaciones europeas revelan una serie de preocupaciones compartidas: la dificultad para acceder a una vivienda, la precariedad laboral, el encarecimiento de la vida y la percepción de que los servicios públicos no reciben los recursos necesarios.

La incertidumbre también está vinculada a un mercado laboral en transformación, en el que la inteligencia artificial amenaza especialmente algunos puestos de trabajo y a la preocupación por la crisis climática. Para muchos jóvenes, la promesa de que cada generación disfrutará de mejores condiciones de vida que la anterior parece cada vez menos segura.

Las protestas se desarrollan, además, en un contexto de presión sobre las cuentas públicas de varias economías europeas, con elevados niveles de deuda que dificultan ampliar el gasto. Al mismo tiempo, los partidos de extrema derecha han ganado terreno electoral en Alemania y podrían aprovechar el descontento en otros países.

La tensión social coincide con campañas electorales decisivas y con un escenario internacional marcado por la incertidumbre sobre el apoyo europeo a Ucrania, así como las advertencias sobre posibles actos de sabotaje atribuidos a Rusia en países de la OTAN.

En este contexto, las calles se han convertido en un escenario donde confluyen demandas económicas, sociales y políticas. Desde las acampadas por la vivienda en la península ibérica hasta las protestas contra la corrupción en los Balcanes, el desafío para los gobiernos europeos consiste en responder a unas reivindicaciones que, aunque nacen de problemas distintos, comparten una misma pregunta: qué oportunidades puede ofrecer Europa a las generaciones presentes y futuras.

Con Reuters, AP y EFE

¿Qué hay detrás de las protestas en Europa?: claves de una indignación que desborda las calles