¿Por qué sentimos la presencia de nuestros seres queridos después de que mueren? Esto dice la neurociencia

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Algunas personas experimentan la presencia de un ser querido después de su muerte. Dicen escuchar sus pasos, reconocer su perfume o sentir que se sienta a su lado. Otras aseguran haber escuchado su voz, sentido una caricia o tenido la certeza de que estaba cerca, incluso cuando saben que ya no está. Estas experiencias pueden resultar reconfortantes, desconcertantes y, en ocasiones, tan reales como cualquier otra percepción cotidiana.

Durante mucho tiempo, estas sensaciones se han relacionado con lo sobrenatural o con problemas de salud mental. Sin embargo, distintas investigaciones han documentado que pueden formar parte del duelo y que experimentarlas no implica necesariamente tener un trastorno psicológico. Lo que todavía no se comprende del todo es por qué ocurren y qué hace que algunas personas lleguen a sentir físicamente a quienes han perdido.

Un estudio publicado en noviembre de 2025 en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience propone una posible explicación. Según sus autores, nuestro cerebro conserva representaciones de las personas cercanas que construimos a lo largo de los años. Incluso después de su muerte, esos recuerdos y asociaciones pueden influir en la manera en que interpretamos lo que sucede a nuestro alrededor.

Este fenómeno no es excepcional. Una revisión científica publicada en junio de 2026 en la revista Mortality señala que, según distintas investigaciones, entre el 50 y el 60% de las personas en duelo han sentido al menos una vez la presencia de alguien fallecido. Aunque las estimaciones varían según las poblaciones estudiadas y las experiencias consideradas, los resultados muestran que se trata de algo mucho más frecuente de lo que solemos imaginar.


Concepto de un embrión humano en el espacio en representación a la reencarnación.

Científicos encontraron que cuanto más inesperada era una muerte, más corto tendía a ser el intervalo temporal entre esta y una supuesta reencarnación.


¿Qué ocurre en el cerebro cuando perdemos a alguien?

Cuando convivimos durante años con una persona, aprendemos a reconocerla por mucho más que su apariencia. Podemos identificarla por su manera de caminar, el tono de su voz o determinados gestos. También sabemos cómo suele reaccionar ante ciertas situaciones y anticipamos algunos de sus comportamientos. Toda esa información queda relacionada con recuerdos y emociones que construimos a lo largo de la convivencia.

La muerte interrumpe esas interacciones, pero nuestro cerebro no elimina de inmediato lo que aprendió sobre esa persona. Los recuerdos y las asociaciones que formamos durante la relación permanecen, incluso cuando sabemos que ya no volveremos a verla.

Alicja Nowacka, investigadora de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, y sus colaboradores proponen que esa permanencia podría ayudar a explicar por qué algunas personas sienten físicamente a sus seres queridos fallecidos.

En su investigación de 2025, los científicos desarrollaron un modelo neurocognitivo basado en lo que denominan person networks. Según esta propuesta, nuestro cerebro construye una representación de quienes son importantes para nosotros a partir de sus características, nuestros recuerdos compartidos y las emociones asociadas con la relación.

Estas redes nos permiten reconocer e identificar a las personas, incluso cuando recibimos información incompleta. Por ejemplo, podemos distinguir la voz de nuestra madre entre varias personas o reconocer que nuestra pareja llegó a casa antes de verla.

El equipo de investigación relaciona este funcionamiento con el llamado procesamiento predictivo, una teoría según la cual nuestro cerebro no se limita a recibir información de los sentidos. También utiliza experiencias anteriores para anticipar lo que podría ocurrir y dar sentido a los estímulos que percibimos.

Cuando alguien muere, esas expectativas deben adaptarse a una realidad diferente. Sabemos que la persona ha fallecido, pero nuestro cerebro conserva información acumulada durante años, cuando su presencia formaba parte de nuestra vida cotidiana.

Para comprender cómo podría funcionar este proceso, pensemos en alguien que durante mucho tiempo escuchó a su pareja caminar por un pasillo. Después de su muerte, un sonido poco claro podría recordarle esos pasos y activar recuerdos asociados con ella. Esa interpretación de un sonido real es distinta de sentir una presencia sin identificar ningún estímulo externo, pero ambas situaciones permiten entender la influencia que pueden tener nuestras experiencias anteriores sobre la percepción.

¿Por qué sentimos la presencia de nuestros seres queridos después de que mueren? Esto dice la neurociencia