
Peluche, un perro de raza pomerania de avanzada edad, había formado parte de la vida de Melina Casiano y de su familia durante años. Pero la tarde del 8 de octubre, en Ciudad de México, se vieron obligados a practicarle la eutanasia para evitar que siguiera sufriendo. Peluche salió de la clínica en brazos de una veterinaria, quien lo cargó hasta una van blanca que estaba estacionada afuera.
La camioneta estaba pintada con flores de cempasúchil, huellas de animales y el nombre “Hagámonos Composta”. En la parte trasera se leía “Porque merecen volver a la tierra con la misma ternura con la que la habitaron”. En efecto, Peluche no sería cremado ni enterrado.
Melina ya conocía el proyecto Hagámonos Composta y seguía sus redes sociales. Justo en las semanas en las que tuvo que pensar cómo despedirse de él, volvió a encontrarse con uno de sus videos. “Fue mágico, fue el momento indicado para tomar la decisión”, dice en entrevista con WIRED en Español. Desde niña, su madre le enseñó a separar residuos, cuidar el agua y pensar en el impacto de sus acciones. Por eso, cuando tuvo que decidir qué hacer con el cuerpo de Peluche, el compostaje le hizo sentido.
Hagámonos Composta ofrece desde 2025 un servicio de compostaje para animales de compañía. Su fundador, Gerardo Montes de Oca, quiere llevar la idea más lejos: busca que algún día las personas también puedan elegir este destino después de morir. La práctica ya existe en otros lugares, pero en México, un país atravesado por una crisis de desapariciones y problemas de identificación forense, aplicarla a humanos abre preguntas que van más allá del compostaje.
La camioneta con Peluche salió rumbo al Estado de México. En el terreno donde opera la iniciativa hay áreas destinadas a distintos tipos de residuos orgánicos. En una de ellas, varias estructuras de madera llenas de paja tienen pequeños letreros pintados a mano: Oliva, Luna Lola, Mady, Braulio. Cada nombre corresponde a un animal que está siendo compostado.
Frente a un mural colorido que tiene las figuras de un perro, un gato, un conejo y un cuyo entre raíces y tierra que fue pintado especialmente para el espacio de despedida, Peluche fue colocado sobre una cama gris y rodeado de flores. Uno de los integrantes del equipo comenzó a preparar lo que llaman un “nido”, donde permanecerá entre materiales como paja y aserrín mientras los microorganismos lo transforman durante los siguientes meses.
De las sobras de comida a los cuerpos
Hagámonos Composta es una de las líneas de Hagamos Composta, el proyecto que Gerardo Montes de Oca creó en 2017 para recolectar y transformar residuos orgánicos. Al inicio se dedicaba a recoger cáscaras, restos de frutas y otros desechos de cocina de seis personas, principalmente familiares y amigos. Tres años después, ya transportaba en una camioneta los residuos recolectados por 1,300 familias de Ciudad de México hasta Toluca.
Hoy, una pared llena de cubetas verdes, naranjas, azules y moradas da la bienvenida a quienes entran al café que la organización tiene en la colonia Roma. El lugar también funciona como centro de acopio, donde las personas pueden llevar sus residuos, inscribirse al servicio o participar en talleres. Frente a esas mismas cubetas, su fundador cuenta cómo la iniciativa fue ampliando poco a poco su idea de lo que podía convertirse en composta.
Después llegó Hagamos Poposta, un servicio dedicado a recolectar y compostar heces de animales de compañía. El siguiente paso fueron sus cuerpos. “Fuimos entendiendo también que hay muchas cosas más compostables de las que nos imaginamos”, cuenta Gerardo.











