Chichí Camilo: la historia personal detrás del Monumento al Divino Niño en Constanza

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Tras sobrevivir a dos cánceres, Antonio Camilo levantó el Monumento al Divino Niño como agradecimiento y hoy recibe visitantes de República Dominicana y otros países

CONSTANZA, Provincia La Vega. Lo que hoy se observa en lo alto de una montaña, con vista privilegiada al valle de Constanza, nació de una experiencia que Antonio Camilo asegura que cambió por completo el rumbo de su vida. El lugar es visitado por miles de turistas al año que acuden allí por diversas causas, pero predominantemente por motivos espirituales.

Empresario, agricultor, ingeniero agrónomo y exfuncionario público, Manuel Antonio Camilo, conocido popularmente como «Chichí» Camilo, recuerda que el origen del Monumento y Santuario del Divino Niño no estuvo vinculado a un proyecto turístico ni a una estrategia para atraer visitantes. Su motivación fue mucho más íntima: agradecer lo que considera un milagro.

Narra que la historia comenzó cuando enfrentó dos diagnósticos de cáncer, el primero en 2007 y luego una recaída en 2009. Fue sometido a cirugías, sesiones de quimioterapia y radioterapias. Según relata, llegó a perder cerca de 50 libras y en más de una ocasión recibió pronósticos poco alentadores sobre sus posibilidades de supervivencia.

Sin embargo, asegura que nunca aceptó la idea de que iba a morir.

«Yo nunca asimilé que me iba a morir de cáncer», repite varias veces durante la conversación con Sarah Hernández, Vilma Batista, María Mercedes y Esmil Hernández, todos directivos y miembros de la Asociación Dominicana de Prensa Turística (Adompretur) en esta demarcación.

El sueño que marcó un antes y un después

En medio de aquel proceso, Camilo narra que tuvo una experiencia que todavía recuerda con precisión. Una noche soñó con su madre, quien ya había fallecido. Según relata, ella era una ferviente devota del Divino Niño y le transmitió un mensaje sencillo: que se aferrara a esa devoción porque encontraría la curación.

Esa experiencia lo llevó a recordar unas estampitas que su madre le había regalado años atrás y que acostumbraba conservar consigo.

A partir de entonces fortaleció su vínculo espiritual con el Divino Niño. También recordó sus años de estancia en Colombia, donde había conocido el reconocido santuario dedicado a esta advocación religiosa en Bogotá, aunque admite que en aquel momento nunca imaginó que esa devoción llegaría a formar parte central de su propia historia.

Una promesa cumplida en la cima de la montaña

Camilo narró su historia a los periodistas en el mismo recinto del Divino Niño, ubicado en la cima de una empinada montaña en la zona agrícola conocida como El Valle, a unos 20 minutos del centro del municipio de Constanza. Señalando el monumento, subrayó que cuando logró superar el cáncer, decidió materializar su agradecimiento.

Así nació la idea de construir el Monumento al Divino Niño en una loma de Constanza, propiedad que había adquirido años antes luego de quedar impresionado por la vista panorámica de todo el valle.

«No pensé que aquí iba a venir nadie», comentó, en medio de su orgullo de que hoy sea un destino de peregrinación.

Su intención inicial era exclusivamente personal.

Quería dejar un símbolo de gratitud.

Como anécdota, explica que la construcción no estuvo exenta de dificultades. Durante el traslado de la enorme escultura desde el taller donde fue elaborada en Los Alcarrizos, ocurrieron contratiempos que incluso provocaron daños en uno de los brazos de la imagen.

A pesar de esos obstáculos, el proyecto siguió adelante.

Con el tiempo, la monumental figura diseñada por el artista dominicano Ramón Osorio quedó instalada en lo alto de la montaña y comenzó a llamar la atención de visitantes que llegaban atraídos por la singular presencia del santuario.

De una promesa individual a un fenómeno de peregrinación

Lo que inició como un acto de fe terminó convirtiéndose en un espacio frecuentado por miles de personas.

Camilo relata que, con el paso de los años, comenzaron a llegar visitantes procedentes de distintos puntos del país y del extranjero. Recuerda especialmente la conversación con un turista austríaco que le aseguró haber conocido la existencia del monumento antes de visitar República Dominicana.

«Esto lo conoce el mundo entero», comenta convencido al describir el alcance que ha tenido el lugar.

Actualmente, el santuario recibe peregrinaciones, grupos religiosos y visitantes que buscan momentos de oración, reflexión o descanso espiritual.

Cada domingo se celebra una misa y muchas personas optan por permanecer desde el día anterior en la Posada Divina, una instalación con 12 habitaciones habilitada para quienes desean participar en actividades religiosas o retiros espirituales.

El hombre que dejó la política para dedicarse al santuario

La trayectoria de Antonio Camilo se desarrolló durante décadas en la agricultura y la administración pública.

Es ingeniero agrónomo de profesión. Trabajó en la Reforma Agraria, realizó estudios de especialización en producción de cultivos tropicales en Colombia, fue director de Foresta, director de Reforma Agraria y ocupó funciones como viceministro de Agricultura durante distintos períodos gubernamentales.

Sin embargo, asegura que la etapa que más satisfacción le ha producido en su vida ha sido la que comenzó después de su recuperación.

«Mi mayor satisfacción es esto», afirma mientras observa el complejo que ha levantado en la montaña.

Por esa razón decidió apartarse de la actividad política y concentrar sus esfuerzos en el santuario y en las iniciativas vinculadas a este espacio religioso.

La fuerza de la mente y la experiencia del cáncer

Durante la conversación, Camilo vuelve una y otra vez al mismo concepto: la importancia de mantener una actitud positiva frente a la adversidad.

No solo relaciona esa visión con el cáncer, sino también con otros problemas de salud que ha enfrentado a lo largo de los años.

Esa experiencia lo llevó a escribir dos libros titulados El cáncer que me dio la paz, donde recoge vivencias personales, reflexiones y episodios relacionados con la enfermedad.

Según explica, muchas personas asumen un diagnóstico de cáncer como una sentencia definitiva. Él decidió enfrentarlo de manera diferente.

«Yo creo mucho en el poder de la mente», sostiene.

Esa filosofía, asegura, ha sido una herramienta fundamental para superar momentos que parecían imposibles y continuar desarrollando el proyecto que considera el gran legado de su vida.

Hoy, desde la cima de una montaña que alguna vez fue descrita como una tierra que «no servía para nada», Antonio «Chichí» Camilo contempla un lugar que se ha convertido en referencia espiritual para miles de personas. Un santuario nacido de una promesa personal que terminó transformándose en uno de los espacios de fe más singulares de Constanza.

Chichí Camilo: la historia personal detrás del Monumento al Divino Niño en Constanza