
Un nuevo estudio publicado en la revista Science sugiere que la quema de combustibles fósiles podría haber evitado que la Tierra entrara en otra era glacial. La investigación utiliza muestras de vegetación antigua y registros geológicos para analizar el crecimiento (y el repentino retroceso) de un casquete glaciar que constituye el último vestigio de una capa de hielo que en su día cubrió gran parte de América del Norte.
Los hallazgos demuestran que el casquete glaciar de Barnes, que cubre partes de la isla de Baffin en Canadá, comenzó a crecer hace unos miles de años antes de revertir rápidamente su curso a partir de la década de 1960, a medida que aumentaba la contaminación por carbono.
«Una pregunta que está presente en la conciencia colectiva es: ¿Hemos provocado suficiente calentamiento global como para impedir que se produzca la próxima era glacial?», señala Andrew Wickert, profesor asociado de ciencias ambientales en la Universidad de Minnesota Twin Cities, quien no participó en la investigación. El nuevo trabajo muestra que «aunque apenas estábamos empezando a aumentar las emisiones, ya habíamos causado suficiente daño como para que la principal capa de hielo de América del Norte comenzara a retroceder. Eso es significativo».
El casquete glaciar de Barnes
El planeta atraviesa periódicamente fases en las que el hielo se extiende desde las altas latitudes (que coloquialmente llamamos «eras de hielo») debido a cambios naturales en la rotación y la órbita de la Tierra, conocidos como ciclos de Milankovitch. A estas fases les siguen periodos interglaciales en los que el hielo retrocede hacia los polos.
La última era glacial terminó hace 12,000 años. En su apogeo, lo que se conoce como la capa de hielo de Laurentide cubría todo Canadá y se extendía hacia el sur hasta Nueva York y el Medio Oeste. Dicha capa se retiró para formar el casquete glaciar de Barnes, que cubre una superficie del tamaño de Delaware en la isla de Baffin.
A diferencia de los glaciares, que pueden desplazarse, el casquete de Barnes está congelado sobre el lecho rocoso, lo que conserva el registro vegetal de lo que crecía a su alrededor bajo el hielo. Esta particularidad permitió a los científicos que lideraron el nuevo estudio recabar información sobre cuánto ha crecido y cuánto se ha reducido.
Para determinar cuándo alcanzó por primera vez su tamaño actual, utilizaron una técnica de datación por exposición para calcular aproximadamente cuánto tiempo llevaban expuestas al cielo las rocas situadas a varios metros del borde del glaciar. A través de mediciones de berilio-10, un elemento que se forma en la superficie de la roca expuesta, los autores calcularon que la capa de hielo alcanzó por primera vez su tamaño actual hace unos 3,600 años.
A continuación, quisieron averiguar cuánto había vuelto a crecer la capa de hielo desde ese momento. Para ello, recurrieron a los humildes habitantes de la tundra situada frente al glaciar: los musgos y los líquenes.
«Tras el retroceso de la capa de hielo, los musgos acabaron colonizando esta tierra recién expuesta», explica Nicolás Young, paleoclimatólogo del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y autor principal del nuevo artículo. «Estos musgos viven allí y todo transcurre con normalidad; luego, con el tiempo, la capa de hielo comienza a expandirse de nuevo. El hielo cubre el musgo y lo mata». Los restos del musgo muerto se conservan en la tierra recién expuesta, lo que permite a Young y su equipo reconstruir una cronología de cómo se ha desplazado el hielo por el paisaje.
Gracias a estos registros, Young y sus coautores estiman que el glaciar comenzó a crecer de nuevo hace unos 2,000 años. Esto podría haber marcado el inicio de otro periodo glacial. Pero a partir de la década de 1960 la capa de hielo ha hecho algo que no encajaría con otra era glacial: ha vuelto a reducirse.
¿Causa o coincidencia?
El equipo utilizó fotografías aéreas históricas que mostraban que el hielo había invertido su curso, retrocediendo significativamente desde sus nuevos límites. Los bordes del casquete glaciar de Barnes se han retirado una media de 4 metros al año desde la década de 1980. Esto coincide con un periodo de rápido aumento de las emisiones de carbono, lo que ha provocado el retroceso del hielo en todo el mundo. Sin embargo, la capa de hielo ofrece un ejemplo especialmente llamativo, dado el crecimiento que experimentó antes de la década de 1960.
«El retroceso actual de este glaciar ha revertido 2,000 años de expansión neta; un periodo de tiempo bastante considerable», observa Young. Por otra parte Meredith Kelly, profesora de ciencias de la Tierra en Dartmouth, asegura que los datos recopilados en el estudio son «impresionantes» y que muestra un «patrón claro de la evolución de la capa de hielo». Sin embargo, Kelly señala que le gustaría ver una comparación de algunos de estos datos con los de otros lugares del mundo. Esto con el fin de comprender mejor cómo la Tierra se estaba adentrando en su período glacial antes de que se hicieran patentes los efectos del calentamiento provocado por el ser humano. Aunque tenemos una idea general de qué es lo que desencadena los periodos en los que el hielo puede crecer, los mecanismos exactos siguen siendo algo que requiere más investigación.
Las pruebas presentadas en este artículo, sostiene Young, también podrían validar una hipótesis de hace décadas que los negacionistas del cambio climático llevan mucho tiempo esgrimiendo como «prueba» de que este es un engaño. A principios de la década de 1970, los científicos se reunieron en la Universidad de Brown para debatir hipótesis sobre cuándo podría producirse la próxima era glacial (Young sostiene que dos de sus coautores en este artículo asistieron a esa reunión). Los científicos llegaron a la conclusión de que un periodo de glaciación era tan inminente que enviaron una carta de advertencia al presidente Richard Nixon. «Creo que este estudio ayuda, de hecho, a demostrar que los científicos tenían razón sobre una glaciación inminente», concluye Young.
Durante mucho tiempo los negacionistas del cambio climático han utilizado la cobertura mediática de esa reunión, así como un periodo de clima más frío en la década de 1970, como «evidencia» de que el calentamiento global en realidad no está ocurriendo. Ahora bien, sí está ocurriendo, y la nueva investigación, de hecho, se suma a las pruebas.
Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Andrea Baranenko.












