
Hay muchas, muchas cosas extrañas en el conjunto de teorías conspirativas que se engloban bajo el paraguas de «9/11 Truth» (La verdad del 11-S): la visión falsa, a menudo antisemita, que asegura que el gobierno estadounidense tenía información privilegiada o incluso participó activamente en los atentados del 11 de septiembre. Pero quizás lo más extraño sea que la semilla de estas teorías se plantó tres meses antes de los propios atentados.
La entrevista
Era el 28 de junio de 2001 cuando Milton William “Bill” Cooper salió al aire en su programa de radio nacional tras ver un reportaje en CNN. “Supuestamente, un reportero de CNN encontró a Osama bin Laden, se llevó consigo un equipo de televisión, entró en su escondite, lo entrevistó a él y a sus principales líderes, sus lugartenientes, coroneles y generales”, anunció Cooper a sus oyentes. “Salió y les dijo a todos: ‘En tres semanas, Osama bin Laden atacará Estados Unidos e Israel’”.
Cooper acertó en parte: un reportero había llegado al centro de operaciones de Al Qaeda en las montañas cercanas a Kandahar, Afganistán, pero en realidad era corresponsal de una emisora de Oriente Medio. Y ese reportero, Baker Atyani, de MBC, había entrevistado al jefe militar de Al Qaeda, Mohammed Atif, no a Bin Laden. “En las próximas semanas, habrá una gran sorpresa; atacaremos instalaciones estadounidenses e israelíes”, le contó Atif a Atyani. “El negocio de los ataúdes aumentará en Estados Unidos”. Según Atyani, Bin Laden, presente durante la entrevista, sonrió y asintió.
Para Cooper, que habló por radio ese día, la entrevista representaba o una gran vergüenza para el gobierno estadounidense, que llevaba años buscando a bin Laden, o era una prueba de que el gobierno estaba mintiendo sobre la amenaza que suponía bin Laden.
“Ahora bien, ¿no les parece un poco extraño, amigos?”, peguntó Cooper. «El mayor aparato de inteligencia del mundo, con el mayor presupuesto de la historia, lleva años y años buscando a Osama bin Laden y no lo encuentra. El FBI, también bajo el liderazgo de Louis Freeh, lleva años y años buscando a Osama bin Laden y no lo encuentra. ¿Y un reportero imbécil con un equipo de cámaras entra sin más en su escondite y lo entrevista?».
“Esto nos indica dos cosas: o todos los miembros de la comunidad de inteligencia y todas las agencias de inteligencia del gobierno de Estados Unidos son unos completos idiotas e incompetentes, incluyendo todo el aparato del FBI y su personal, o nos están mintiendo. No lo están buscando en absoluto”.
Cooper continuó diciendo que «la CIA creó a Osama bin Laden» y que «ahora lo están utilizando para ayudar a instaurar un gobierno mundial, convirtiéndolo en el gran coco porque ya no pueden usar a [el dictador iraquí] Saddam Hussein».
Cooper argumentó que toda la amenaza de Bin Laden era una farsa, lo que hoy se denominaría una operación de «falsa bandera». «Si te lo crees, eres uno de los imbéciles más estúpidos que jamás hayan existido, y pase lo que pase, le echarán la culpa a Osama bin Laden».
Unas diez semanas después, el comentario de Cooper sería interpretado como una profecía.
Los sucesos y las consecuencias del 11-S alteraron prácticamente todos los aspectos de la sociedad estadounidense: desde la omnipresente vigilancia en la vida cotidiana (las botellas de líquido de 100 ml en los aeropuertos, los postes defensivos que ahora dominan tantos paisajes urbanos) hasta la expansión del estado de vigilancia, pasando por los 20 años de guerra en Afganistán y el clima de miedo y ansiedad que impregna la cultura. Sin embargo, pocos reconocen correctamente uno de los impactos más importantes y perniciosos del 11-S: Cómo cambió la propia comprensión y la relación de la sociedad con los hechos y la verdad.












