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Estados Unidos presiona al primer ministro de Haití a renunciar

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El primer ministro haitiano, Ariel Henry, intentaba volar el martes a su país en crisis, de regreso de una misión diplomática crítica en el extranjero, cuando recibió en pleno vuelo un mensaje del Departamento de Estado estadounidense.

La administración de Biden llevaba meses proponiendo que Henry, en el poder desde el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse hace casi tres años, liderara una transición política hacia unas elecciones democráticas.

Con las pandillas ahora infestando Puerto Príncipe, el tiempo se había agotado. Henry estaba en pleno vuelo cuando la administración le pidió que aceptara un nuevo gobierno de transición y renunciara.

Fue el dramático colofón a un día de reuniones urgentes en Washington, en las que funcionarios de la administración, que se habían referido en voz baja a la perspectiva del colapso de Haití como su pesadilla, se vieron obligados a abordar sus peores temores.

Y fue un giro que pocos en Haití esperaban de una Casa Blanca que durante mucho tiempo se había opuesto a las peticiones de renuncia de Henry, para ahora presionar a favor de su salida precipitada en un momento de peligro.

En secreto, Henry había estado en Estados Unidos tras llegar de Nairobi, Kenia, durante el fin de semana, negociando con diplomáticos de la vecina República Dominicana un regreso sigiloso a su país.

En un principio, los funcionarios dominicanos hablaron de hacer que Henry, de 74 años, volara a Santo Domingo antes de cruzar la frontera en helicóptero, un plan que se había comunicado a funcionarios estadounidenses y de Naciones Unidas y en el que tal vez se usaría un helicóptero con visión nocturna para la misión.

Todos los conocedores del plan sabían que el avión chárter de Henry, un Gulfstream de 13 plazas, no podía aterrizar directamente en Puerto Príncipe, donde las pandillas habían rodeado el aeropuerto principal, como parte de un ataque amplio y sin precedentes a las instituciones básicas del país.

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Pero después de que Henry y su delegación partieran de Newark, Nueva Jersey, el martes, Santo Domingo cambió inesperadamente de rumbo, negándose a autorizar el aterrizaje de su avión. Henry tuvo que elegir entre desviarse a Puerto Rico o a uno de los países caribeños vecinos cuyos dirigentes han estado presionando para que renuncie.

Eligió el territorio estadounidense. Durante el trayecto, recibió la propuesta de Estados Unidos. El avión de Henry aterrizó en San Juan, donde fue recibido inmediatamente por agentes del Servicio Secreto estadounidense y creó confusión en la Casa Blanca. Mientras Henry esperaba permiso para despegar, varios líderes de la Comunidad del Caribe y tres ex primeros ministros se reunieron a través de Zoom con líderes de la oposición en Haití. Durante las llamadas, la primera ministra de Barbados, Mia Motley, en una reunión con siete líderes políticos haitianos, les pidió su posición sobre cómo sortear la crisis actual.

En otra llamada a las 6 p.m. del martes con miembros del sector privado, surgió el tema de la renuncia de Henry, dijeron dos personas involucradas en las conversaciones, lo que provocó reacciones encontradas.

El Miami Herald y McClatchy hablaron con fuentes del gobierno de Estados Unidos, Haití y la región con conocimiento directo de los acontecimientos del martes para reconstruir cómo se desarrolló la presión sobre Henry. La cancillería dominicana no respondió a una solicitud de comentarios del Herald.

‘UN NARCOESTADO’ Diplomáticos extranjeros coinciden en que Henry, que permanece en Puerto Rico, debe regresar a Haití con un plan. En lo que hay desacuerdo es en si ese plan, tal y como proponen Washington y el bloque de 15 miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM), debería incluir su renuncia.

Los que se oponen a la idea temen que el vacío dejado por su marcha abra la puerta a líderes de pandillas y políticos desfavorables que busquen ocupar el vacío de poder.

Otros afirman que, dada la pérdida de confianza de la población en la capacidad de Henry para gobernar, no hay otra opción. “Es una situación muy compleja. La inseguridad no nació con Ariel Henry. Es algo que se ha ido construyendo desde hace años”, dijo Joel “Pacha” Vorbe, representante del partido político Fanmi Lavalas, que participó en una de las llamadas de Zoom.

“Hoy Haití es un narcoestado, así que el narcoestado no desaparece sin más”, dijo Vorbe. “No podemos culpar solo a Henry, pero Henry fue incapaz de abordarlo adecuadamente, así que las cosas empeoran día a día.

Es una situación muy, muy difícil. Llevará tiempo salir de ella, pero también necesitamos un cuerpo de policía que sea más profesional y que pueda abordar realmente este problema. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana”.

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En ausencia de Henry, el ministro de Finanzas, Michel Patrick Boisvert, ha actuado como primer ministro en funciones y el domingo decretó el estado de emergencia y el toque de queda para la capital y las ciudades circundantes durante 72 horas. Henry, un neurocirujano que había ocupado cargos en gobiernos anteriores, fue propuesto por Moïse como su séptimo primer ministro unos dos meses antes del sorprendente asesinato del presidente en julio de 2021. Moïse, que enfrentaba su propia crisis política tras no celebrar elecciones durante sus cuatro años de mandato, murió antes de poder instalar a Henry en el cargo.

El momento propicio sumió a Henry en una lucha a tres bandas por el poder y más tarde suscitó dudas sobre su legitimidad cuando salió victorioso. Aunque ha apoyado reformas estadounidenses como la supresión de las subvenciones a los combustibles y el aumento de las reservas financieras del país mediante la represión del contrabando en los puertos marítimos, Henry también ha enfrentado críticas por su lentitud a la hora de actuar y su incapacidad para hacer frente a la crisis multidimensional de Haití.

VISITA A KENIA Henry estaba en Kenia la semana pasada para ultimar los planes de despliegue de una fuerza multinacional para ayudar a la Policía Nacional de Haití en su larga lucha contra pandillas bien armadas cuando estalló la más reciente escalada de violencia. La Misión Multinacional de Seguridad, conocida como MSS, lleva meses preparándose. Con Henry en Kenia, las pandillas más poderosas de Haití se unieron en un ataque al gobierno a finales de la semana pasada. Impulsando abiertamente el derrocamiento de Henry, las pandillas se oponen a la entrada de la fuerza en Haití.

“Si Ariel Henry no renuncia, si la comunidad internacional sigue apoyándolo, iremos directamente a una guerra civil que desembocará en un genocidio”, declaró el martes en una conferencia de prensa Jimmy “Barbecue” Chérizier, de 46 años, ex policía reconvertido en líder de una pandilla que ha sido sancionada por Estados Unidos y Naciones Unidas por abusos contra los derechos humanos.

Desde que comenzaron los ataques violentos coordinados, las pandillas han conseguido liberar a miles de reclusos de las dos mayores prisiones de Haití, han bloqueado sus principales carreteras y su puerto marítimo, y han tomado subestaciones de policía, matando a varios agentes. Han atacado los dos principales aeropuertos de la capital haitiana con un intenso tiroteo y han amenazado abiertamente con tomar el palacio presidencial.

Los disturbios civiles han provocado la cancelación de los vuelos internacionales con destino a Haití y el país ha sido declarado zona prohibida para los pilotos de vuelos chárter. Un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional dijo a McClatchy y al Herald el martes por la noche que la administración “no está brindando ninguna asistencia para ayudar al primer ministro a regresar a Haití”.

“Nuestro apoyo se centra en ayudar [a la Policía Nacional de Haití] a restablecer la seguridad, agilizar el despliegue de la misión MSS, y acelerar una transición pacífica del poder a través de elecciones libres y justas”, dijo el funcionario. “Nuestro diálogo con el primer ministro Henry se ha centrado en estos esfuerzos y en la necesidad de seguridad y de una transición política pacífica”.

La propuesta de Estados Unidos a Henry, que está previsto que se plantee durante una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU el miércoles a las 3 p.m., ha tomado por sorpresa a observadores internacionales y a la oficina política de la ONU en Haití.

Los críticos la califican de “delirante”. Advierten que, aun cuando consiga colocar a otra persona en el palacio presidencial de Haití, el plan no resolverá la aguda crisis de seguridad que corre el riesgo de sumir al país, asolado por las pandillas, en una anarquía aún mayor, mientras estas y otros grupos luchan por el control del gobierno. Henry estuvo en Kenia para firmar un acuerdo bilateral de reparto de la seguridad que permite el despliegue de 1,000 agentes de policía como parte de la misión MSS respaldada por la ONU.

Aunque muchos haitianos acogen con satisfacción la ayuda exterior, sigue habiendo oposición entre algunas de las mismas personas que querrían sustituir a Henry y hacerse cargo del país. Si esa facción se hiciera con el poder, anularía el acuerdo por el que se invitaba a la ayuda de Kenia.

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La propuesta estadounidense haría que Henry inaugurara una nueva estructura de gobierno en la que un nuevo primer ministro y una junta presidencial dirigirían la transición hacia las elecciones y prepararían la misión dirigida por Kenia. Henry se comprometería a renunciar una vez establecida la nueva estructura y nombrado un nuevo primer ministro o desplegada la misión de seguridad, lo que ocurra primero.

Los líderes caribeños también quieren que Henry vuele a Jamaica el miércoles, a sus expensas, para anunciar su acuerdo con el plan y su eventual renuncia. Y quieren que grabe en video un mensaje en el que anuncie la formación del gobierno de transición, incluido un panel presidencial con amplios poderes que nombraría a un nuevo primer ministro interino.

La semana pasada, durante una reunión en Guyana, los líderes de la CARICOM desestimaron los esfuerzos de Henry por presentar un acuerdo de reparto del poder en el que había estado trabajando.

Personas al tanto de las conversaciones entre bastidores afirman que Henry está decidido a regresar a Haití. Pero su seguridad sigue estando en peligro.

La propuesta de salida de Henry del poder es solo uno de los pilares de un plan emergente de Estados Unidos para responder a la crisis.

La administración también está presionando para acelerar el despliegue de la fuerza keniana, una misión propuesta por primera vez por Washington hace más de 16 meses y que finalmente parecía encarrilada en las últimas semanas, antes de que comenzara el recrudecimiento de la violencia.

“En estos momentos, la atención debe centrarse en la llegada de ese elemento de seguridad multinacional”, declaró el martes a la prensa John Kirby, asesor de comunicación sobre seguridad nacional de la Casa Blanca.

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El Departamento de Estado emitió el fin de semana una alerta de viaje a los ciudadanos estadounidenses instándoles a abandonar Haití inmediatamente. Pero con el principal aeropuerto internacional bajo ataque, y con las pandillas controlando el acceso hacia y desde la capital, no estaba claro qué vías están disponibles para que salgan los estadounidenses.

A la pregunta de McClatchy de a dónde deberían dirigirse los estadounidenses, Kirby remitió las consultas al Departamento de Estado, diciendo: “Hay otras formas de salir”.

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