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El 2023 con la peor caída de la economía dominicana en 14 años

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La historia contemporánea del desempeño del producto interno bruto (PIB) dominicano en el año previo a las elecciones generales y en el de efectuarse, durante los últimos 6 procesos electorales, muestra una inclinación a perjudicar los resultados de la economía en el año cuando se elige al presidente de la República.

Como puede apreciarse en el cuadro, de los seis años de elecciones presidenciales en el país, en cinco el PIB ha tenido un desempeño inferior al año anterior; aunque uno fue decididamente impactado por las medidas tomadas para afrontar la pandemia por covid-19 y solo en un año fue superior.

En efecto, la economía en el comparativo con el año previo a las elecciones, en el caso del 2000, descendió a un 4.7%, en el 2004 registró un aumento y se situó en un 2.6%, luego en el 2008 volvió a caer a un 3.2%, posteriormente en el 2012 se mantuvo en caída con un 2.8% y también en el 2016 al registrar un menor desempeño de un 6.7%. Aunque en el 2020 repitió la disminución, al situarse en un -6.7%, puede explicarse, sin riesgo a la equivocación, que obedeció a la situación sanitaria que atravesó el país por la referida pandemia.

Ante los precedentes de que en el año electoral la economía dominicana se ralentiza, puede esperarse que para el próximo 2024 esté presente el riesgo electoral y que amenace el cumplimiento de la meta de expansión del PIB hacia la baja, contemplada por las autoridades y que es de un 4.75%; por lo que, la incógnita que queda por despejar es si el próximo año será de menor desempeño económico que el de 2023, o por el contrario, superior o igual, ante el hecho de que en la República Dominicana se van a desarrollar dos procesos electorales para elegir autoridades municipales en febrero y al presidente del país en mayo o junio, dependiendo de los resultados de la primera vuelta. En el país en las últimas seis elecciones, el presidente ha sido escogido en la primera vuelta.

Luego de que la economía del 2022 comenzara a desacelerarse, al lograr solo crecer en un 4.9%, inferior al crecimiento potencial que ronda el 5.5% anual y menor también al de 2021, desde que inició el año 2023, la actividad económica mostraba un tímido comportamiento, al punto que al cierre del primer trimestre el PIB registró un movimiento de un 1.4%, luego, para el primer semestre se situó en un nivel inferior con un 1.2%, en ambos casos por debajo de su comparativo con el 2022 que fue de un 6.1% y un 5.6%, respectivamente, indicativo para entonces de que las medidas tomadas en los órdenes monetarios y fiscales fueron tardías e insuficientes para contener la caída y luego relanzar a la economía dominicana.

Las autoridades oficiales, tanto en el ámbito del Banco Central, como del Ministerio de Economía y Planificación, han comunicado que el PIB al concluir el 2023 será de un 2.5% de crecimiento. Este previsible resultado, contando ya con los datos al decimo mes del año, viene acontecer, luego de realizar varias proyecciones y reestimaciones hacia la baja, la primera, con un 4.5%, la segunda, un 4.25%, la tercera un 4% y, la cuarta, un 3%.

De cerrar el año 2023 con un desempeño de un 2.5% -meta poco probable-, y aun colocándose en un 2.7%, la economía dominicana estaría registrando el peor resultado de los últimos 14 años, cuando en el 2009 el PIB registró un desempeño de un 0.9%, en momentos en que la economía internacional aun atravesaba por una de sus más severas crisis financiera de la historia.

El resultado de un 2.5% del PIB real 2023, presenta el gravante de que tendrá la característica de un crecimiento a precio constante negativo del orden de un 1.5%, ante el hecho de que el referido indicador económico no es suficiente para compensar la perdida de poder adquisitivo causada por la inflación del presente año y que se ubicará en torno al 4% anual.

Tres razones monetarias y fiscales han podido estar incidiendo en el tímido comportamiento de la economía nacional. En primer lugar, fue la reacción tardía del Banco Central en flexibilizar la postura monetaria, ante las señales del primer trimestre de una economía deprimida, al bajar la tasa de política monetaria a partir de junio del año en curso, no se produjo el efecto traspaso de la disminución de la tasa de referencia a las tasas de interés bancaria, segundo, las expectativas inflacionarias del sector bancario al parecer aún permanecen, razón vinculada a la primera y, la tercera, el bajo nivel del gasto de capital.

En cuanto a la primera causa, la reducción de la tasa de referencia de un 8.50% a un 8% al sexto mes del año, al parecer fue insuficiente y tardía, cambio que a pesar de ser respalda por otras reducciones, hasta situarse a la fecha en un 7%, se ha producido un segundo factor, que la postura monetaria no ha logrado el efecto traspaso hacia las tasas de interés del sistema de intermediación financiera, la que al momento de la señal monetaria estaba en un 12.41% y ahora se encuentra en un 14.37%; de manera que, en vez de empujar hacia la caída de la tasa bancaria lo que ha se ha producido es un aumento en el costo del dinero, señal que puede interpretarse a las expectativas inflacionarias que aun persisten o a lograr mejores niveles de rentabilidad en las entidades bancarias y, la tercera, tiene que ver con la baja participación de apenas un 10% a la mitad del año en gasto de capital como proporción del gasto total y a noviembre de un 12%.

El resultado previsible del PIB y del aumento del precio del dinero bancario, ha acontecido en un ambiente de crecimiento de la cartera de crédito bancario, que se ubica octubre de 2023 en un 19.1%; sin embargo, al descontársele la expansión de la cartera de los créditos reestructurados que ronda el 29.4%, la cartera de crédito neta disminuye en su monto, situándose en unos RD$260,520 millones.

El hecho cierto de que el comportamiento del PIB dominicano continúe mostrando una tendencia hacia la baja, es indicativo de inestabilidad macroeconómica, manifestada no solo en un nivel inferior a su potencial que es de un 5.5%, sino, además, por situarse en una posición menor a la estimada y reestimada para el 2023, puede, de continuar esa tendencia, generar desequilibrios en la economía dominicana.

Aunque la economía presenta una desaceleración en el ritmo e intensidad de incremento de los precios, con tendencia a ubicarse en la meta de inflación de un 4%, al ámbito monetario le quedan tareas pendientes para estabilizarla, ya que la inflación subyacente anualizada a noviembre de 2023, asociada a los bienes y servicios no volátiles y en consecuencia más relacionada a lo monetario, se ubica en un 4.48%, nivel superior a la meta.

En la misma línea, la variación de precios del reglón de alimentos y bebidas no alcohólicas, registró un 7.3% en forma anualizada al mes 11 del año en curso, este dato puede indicar un agravamiento para los sectores de menores ingresos, ubicados en los tres primeros quintiles -que son la mayoría de la población del país- y cuyo grupo es el más numeroso en la canasta básica dominicana, al representar 129 de los 364 que la forman, equivalente a un 35.4% del total, al tiempo también, de acaparar el 21.1% del gasto de la familia dominicana.

El impacto negativo del alto costo de la canasta de alimentos para los sectores de menores ingresos tiende a agravarse, ante el escenario de una la asistencia social que no se comportó a la altura del deterioro salarial nominal. En efecto, el gasto social al primero de diciembre ha sido de un 41.7%, mientras que, en el 2019 fue de un 46.5% y en el 2011 de un 44.3%, demostrativo de un retroceso.

Otra manifestación de inestabilidad es la variable empleo, si bien el empleo total se ha incrementado, ubicándose al tercer trimestre de 2023 en 4,855,631, conforme a la nota informativa del Banco Central el dato representa un 56.7% de empleo informal, indicando que se ha reducido en 1.5 puntos porcentuales respecto a igual periodo de 2022 cuando era de un 58.2%. Sin embargo, al consultar la web de la misma entidad, en su base estadística ubica al empleo informal a septiembre del año pasado en 52.3%, de comprobarse el dato, entonces lo que ha aumentado en el país es el empleo informal y eso no es una buena característica del mercado laboral, por aquello de estar desprovista de la seguridad social.

En cuanto al balance fiscal, conforme a los datos a la primera semana de diciembre de 2023, pueda que cierre el año entre 3% y 3.2% del PIB, ubicándolo nueva vez en la línea del déficit fiscal persistente que promueve más endeudamiento público, al tiempo que no aporta nada a favor de promover una mejor consolidación fiscal. Este posible resultado considera los RD$25,000 millones que la banca privada le adelantó al fisco como pago del impuesto sobre la renta en el 2023.

En lo referente al tipo de cambio, el programa monetario de 2023 cuantificó la depreciación en un 3.72%, sin embargo, las operaciones en el mercado cambio spot al inicio de la tercera semana de diciembre, ubica la cotización del dólar en RD$57.50 y al inicio del año era de RD$56.41, para un nivel de depreciación del orden de un 1.9%, inferior en 1.82 puntos porcentuales con relación a lo estimado. Este resultado tiene ventajas y desventajas, por el lado de lo primero, le resta presión a la inflación y beneficia al sector importador, en contraposición al segundo, el sector exportador, que lo penaliza al recibir menos pesos por cada dólar y puede desincentivar esa actividad.

Respecto al comportamiento de la tasa de interés en el sistema de intermediación financiera, en diciembre de 2022 el precio del dinero para el renglón de la tasa activa promedio ponderado de la banca se ubicaba en 13.49%, mientras que la tasa de referencia monetaria del Banco Central era de un 8.50%, ahora, en diciembre de 2023, para las dos primeras semanas, la tasa bancaria es de 13.58% y la monetaria de un 7%, lo que demuestra que en siete meses transcurrido desde el inicio de la reducción de la tasa monetaria, no se ha producido una disminución de la tasa de interés bancaria.

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Otra muestra que ayuda a entender el tema de la estabilidad macroeconómica es el del sector externo. En enero-septiembre el país exportó e importó menos que en el 2022, una señal que nuestro vinculo comercial con el resto del mundo se vio afectado hacia la baja, lo que se alinea a la caída del PIB del 2023. La República Dominicana a septiembre había exportado US$661.1 millones menos e importado, también menos, US$1,587.9 millones.

El componente del saldo de la deuda del sector público no financiero continúa mostrando un movimiento ascendente, al pasar de US$51,854.5 millones en diciembre de 2022 a US$54,996.8 millones en octubre de 2023, lo que significa que en 10 meses creció en US$3,142.3 millones, equivalente a un 6.06%, promediando en términos mensuales US$314.23 millones de aumento del saldo de la deuda.

La deuda del sector público no financiero sigue siendo un tema de interés para el manejo de las finanzas públicas en términos estructurales, habida cuenta de que expresa debilidad para el objetivo de alcanzar una cada vez mayor consolidación fiscal.

Sobre el tema monetario, para el año 2023 se había establecido en el programa monetario un crecimiento de la base monetaria restringida -la parte de la oferta monetaria que controla el Banco Central- de un 7.1% y por el lado del medio circulante (M1), como activo liquido administrado por el público, estableció un rango entre 6% y 7%.

A nivel de lo acontecido, el registro muestra un decrecimiento del orden de un -0.2% interanual a noviembre de la base monetaria, significando un incumplimiento de la meta y que la postura monetaria fue de tipo restrictiva, como una manera de influir en el control de la inflación, la que en términos de promedio y subyacente es materia pendiente para el Banco Central. Paralelamente, no debe descartarse la influencia.

En cambio, por el lado del agregado monetario, medido por el medio circulante M1, la economía dominicana registró también en términos interanual a noviembre un crecimiento de un 12.5%, un nivel mucho mayor que el previsto en el programa monetario que fue entre un 6% y 7%, equivalente a un desvío de aproximadamente 5.5 puntos porcentuales.

La referida liquidez en la economía no fue suficiente para impulsar una demanda como la registrada en el año anterior y que a su vez sirviera de motor al crecimiento de la economía., Para el 2022 la demanda a octubre, medida por las operaciones con el Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (ITBIS) fue de un 23.4%, en tanto que la de 2023, para iguales meses, fue apenas de un 8.4%.

Los resultados económicos adversos presentados precedentemente, son los que acontecieron durante el 2023, con un gasto público social como porcentaje del gasto total, menor que en años anteriores, la asistencia social a los más vulnerables no se comportó a la altura del deterioro salarial nominal, la perdida de la calidad del empleo, del aumento del precio del dinero bancario y de un mayor endeudamiento público.

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Juan Ariel Jiménez: «El anticipo en la actualidad no tiene sentido»

Santo Doingo.-…

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Santo Doingo.- El economista Juan Ariel Jiménez expresó que el país necesita un pacto fiscal que contemple la eliminación de ciertos impuestos, especialmente el anticipo y que vaya orientado a construir un mejor país.

“El anticipo es lo primero que hay que eliminar. Entiendo la racionalidad de este impuesto para las décadas de los 80 y 90. Después del año 2000 no tiene sentido alguno”, indicó al dictar una conferencia en la Cooperativa Vega Real.

El profesor de la Universidad de Harvard expresó que el anticipo se creó como una forma de estabilizar los ingresos del Gobierno , que le permite ir recibiendo por adelantado el impuesto sobre la renta que las empresas pagan anual y que de ahí surgió el anticipo que se pagaba varias veces año y se descontaba al final.

Juan Ariel Jiménez:

Jiménez apuntó que ya ese impuesto no tiene sentido porque con la nueva ley de Tesorería los gobiernos financian sus desviaciones emitiendo letras del tesoro, y de esta manera gestionan su manejo de liquidez; y que a partir de las reformas de la gestión financiera del Estado de 2006 esto se puede hacer.

El catedrático puntualizó que la República Dominicana debe enfocarse en que los impuestos que se recauden se puedan retribuir a la sociedad a través de mejores servicios públicos, como salud, educación y transporte.

“Necesitamos crear un pacto fiscal, y utilizo este término porque la sociedad debe aportar y el gobierno debe retribuirle; y un pacto implícitamente proyecta el país que queremos construir”, explicó .

El exministro de economía señaló que otro impuesto que debería eliminarse, es el impuesto al ahorro : “ De los países asiáticos hemos aprendido que ahorran mucho y se invierte mucho, y como se invierte mucho, se crea mucho empleo; aquí estamos al revés, no se ahorra mucho, se invierte poco y se crean pocos empleos y lo que estamos creando son macrogobiernos que deben absorberlo todo”.

Expresó que un pacto fiscal debería estar orientado a construir un país distinto, que permita gestionar las transiciones, que incentive el ahorro y se haga un uso más eficiente del ahorro afirmando que gran parte del ahorro del Gobierno se está yendo a préstamo de consumo, en lugar de préstamo productivo.

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